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Revista Arte América

Un grabador sin descalabros

Por: Damepa
Fotos: JIO

Reciclar resulta la palabra clave entre las creaciones de Octavio Irving Hernández. El grabador vuelve una y otra vez sobre las preguntas, redunda hasta nunca cansarse en los conceptos y las formas que lo identifican, desde sus inicios.

Descalabros, su más reciente exposición inaugurada a principios de mayo en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de la capital cubana, interviene en las cuestiones más contemporáneas de los seres sociales y las matiza con una visión artística muy personal.

Despliega Irving un discurso profundo, sustentado por sus disímiles soluciones creativas, resumidas en esta ocasión, en elementos de la cola grafía y el calado en papel.    

Majestuosas por sus tamaños y las enmarañadas asimetrías que las componen, las piezas se elevan desafiantes sobre la blancura de las paredes que, sin otro remedio, terminan por acogerlas.

Los pedazos de un barco que trasciende la Memoria Agregada (premio La Joven Estampa en 2007) se aferran a las subjetividades de los espectadores y juegan con sus percepciones de unas y miles figuras, tan certeras como inciertas en la exhibición.

Octavio, quien se acuña como poco tradicional en su estilo y técnicas, advierte sobre la “precisión a la hora de elegir el formato, los colores y la forma de expresar cada idea”. Y esas reflexiones subrayan sus hechos, pues aunque sus trabajos rondan la experimentación, la convicción de identificar ciertos íconos en las composiciones se hace una arista sólida e invariable en sus muestras.

“Quienes poseen referentes de mis obras, en Descalabro reconocerán elementos anteriores, pues mi trabajo insiste en el devenir social a partir del empleo de determinados símbolos que apoyan mi tesis visualmente”, explica el autor.

“También me atrae el perfil de la arquitectura como muestra del pasar de los años, del cambio, de las marcas de la sociedad”. Y aunque se ha interesado por la fotografía como parte de la gráfica, se reconoce como un fiel amante del grabado, el cual, a decir verdad, resurge natural entre sus manos.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2011.