 Trazando letras en La Habana
Por: Estela M. Ferrer Raveiro
Tanto en la vida como en el arte es innegable la tentación que provoca el riesgo. El vértigo del desconocimiento, la ausencia de la capacidad de profetizar el futuro aterra y, a la vez, fascina; y es que la creación, para el artista, y para el crítico, es portento y también despeñadero.
Tensando al límite el arco, elevando al máximo las expectativas y bajo la seducción de un título tan poco socorrido dentro del marco artístico abría al público la exposición Ya sé leer. Esta frase encierra la frescura del primer acercamiento a las letras, a la historia, a la lectura, porque de alguna forma se nos escapó que esta tradición, este diálogo obra- texto ha servido por años a nuestros artistas como una suerte de herramienta para esgrimir su discurso.
Conformada con obras de noventa y dos creadores europeos, latinos y del patio, Ya sé leer constituye una mega-exposición que hace coexistir todo un diapasón de puntos de vista y yuxtapone estilos, tendencias y tiempos culturales. Toda una congregación de figuras partiendo de una tesis común: el empleo del texto como base de su poética. Esta feliz fusión de los consagrados ya ausentes, la generación intermedia y los novísimos artistas plásticos egresados hace poco del Instituto Superior de Arte (ISA) constituye un gran acierto en la labor curatorial de Elvia Rosa Castro en conjunto con un grupo de curadores del Centro Lam, y Sandra Contreras, especialista de Villa Manuela.
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Ya sé leer es una invitación al disfrute del arte contemporáneo en un parlamento estrecho con el texto en sus diferentes manifestaciones como aportador de sentido, base estructural o suplemento verbal, sin obviar las posibilidades de lectura que son potenciadas por el documento fotográfico.
En la obra de José Bedia Mamá a la negrita se le siguen saliendo los pies de la cunita, el texto como título provoca la reflexión en el espectador, ancla sentido dando una direccionalidad a la lectura. Al tiempo que, la prolongación de las piernas da fe del desarrollo en el tiempo del proceso revolucionario cubano.
Por su parte, con Carlos Rodríguez Cárdenas en Viajando por el mundo S/T o Teoría de la relatividad, seguimos la travesía bajo la guía de este hilo de Ariadna que atraviesa desde inventos como el telescopio y la bicicleta hasta los mecenas del Renacimiento Italiano. En esta pieza la relación espacio-tiempo es relativizada, el presente es un collage colmado de citas, de momentos de la historia. Aplicando la teoría derrideana el título más que funcionar como un simple sintagma verbal funge como suplemento, como un extra que completa el discurso de la obra.
En la expo el texto en su promiscua relación con la obra de arte se carga de sentido como sucede en la pieza This woman, de Liliana Porter. Una fotografía realizada a una mujer vietnamita con sus ropas raídas y el rostro contrito. El texto que acompaña a la foto dice: “this woman is southafrican, puertorricam, colombian, black, argentinian, my mother, my sister, you, I”. La cualidad analógica de la foto confirma la veracidad de la existencia del referente, el contraste en blanco y negro otorga más fuerza a la imagen y el texto aporta el significado. Esta foto rebasa el discurso de género o raza para provocar la identificación con las circunstancias de la fotografiada ante su imposibilidad de no sufrir el conflicto.
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Esta línea antibelicista y de denuncia del genocidio es compartida por Luis Camnítzer, el destacado artista uruguayo en sus obras From The Christmas Series No.2 y No. 4. En la primera, un soldado muestra con orgullo en cada mano las cabezas de dos niños asesinados y en la segunda, es presentado el cuerpo del Che después de su muerte en Bolivia. La crítica viene dada por la ironía que supone que este tipo de hecho sea presentado como una serie de Navidad.
Una revisión de la muestra estaría inconclusa si no se atiende al lugar preponderante que tuvo la videocreación ya sea utilizada como complemento de una obra o con una total autonomía. Tal es el caso del videoarte Vida, de Suely Farhi. En el audiovisual se filma una calle desde un plano en picado y a las personas que la atraviesan con sus paraguas a diferentes horas del día, jugando con los efectos del montaje para lograr las transparencias y provocar extrañamiento en el receptor. Es esta una forma de polemizar acerca de la desapropiación y la alienación que ha provocado en la vida del sujeto citadino el sistema capitalista. Una desapropiación que afecta el sentido de la vida. Farhi nos muestra la ciudad posmoderna, simbólica, donde lo importante es transitar, circular y no el encuentro entre las personas.
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En cada poética el texto es estructura, significado, título, metáfora o imagen. Algunas piezas obedecen a un formato placentero, otras, hacen gala de la agudeza de la provocación. Así, instalaciones, videoarte, fotografía, grabado y pintura conviven en estos salones sin prescindir del toque de ironía y de esa gota de pimienta que no puede faltar si de arte contemporáneo se trata. De ahí esta agradable presencia del cable a tierra, esa vocación de hacer un arte socialmente crítico que fue de cierta forma puesta entre paréntesis en los noventa en Cuba; ante la influencia que tuvo la irrupción del mercado luego de las piezas compradas por Peter Ludwing, pero es otra la historia en el arte cubano contemporáneo.
Ya sé leer estará disponible este mes y creo que constituye una llamada de atención acerca del empleo de la grama como recurso y al tiempo que propone una forma nueva de ver y leer. Esta expo es un texto en sí misma, una de esas muestras que dinamitan el espacio expositivo o, simplemente, que es la convergencia de buenos creadores que se entretuvieron, trazando letras en La Habana. |