
Otro disparo a la plástica joven
Por: Lázaro J. González González
Como un segundo disparo a la plástica joven fue la presentación en el Pabellón Cuba del catálogo El extremo de la bala: una década de arte cubano, que recoge las piezas participantes en la exposición homónima- realizada en la Asociación Hermanos Saíz durante la pasada Jornada de la Cultura Cubana- y sus autores.
El catálogo, que se refiere a las obras de los más de 90 jóvenes artistas presentes en la exposición, cuenta con la curaduría del artista de la plástica Rewell Altunaga y el diseño de Naivy Pérez, y fue realizado, además, con el apoyo de la AHS, el Consejo Nacional de Artes Plásticas y el Instituto Superior de Arte.
Al unísono con la promoción de la revista Arte Cubano, el catálogo fue presentado por el curador David Mateo quien afirmó que este contribuye a salvaguardar la memoria de las artes plásticas cubanas, la cual corre peligro actualmente debido a que, en la mayoría de los casos, corre a cargo de la iniciativa individual, no de las instituciones.
Mateo se refirió, además, a que muy pocas galerías están en condiciones hoy de asumir la confección de catálogos sobre la obra de los artistas que promueven o de las tendencias que legitiman y aclaró que, salvo la Bienal de la Habana, la mayoría de los acontecimientos expositivos están transcurriendo sin dejar una huella documental, lo cual atenta contra la memoria de la plástica cubana.
“Muchas veces me he preguntado qué es lo que en realidad obstruye la iniciativa de nuestras galerías, instituciones y museos para buscar financiamiento y producir libros o catálogos tan valiosos como El nuevo arte cubano o los monográficos de Mariano Rodríguez, Amelia Peláez, Eduardo Abela, Víctor Manuel, Belkys Ayón, entre otros.
“Por eso, me preocupa quién irá recogiendo en letra impresa e imágenes las evidencias de los procesos de continuidad o renovación que protagonizan las nuevas generaciones de artistas desde hace más de una década”, aseveró el curador.
“Por suerte, este catálogo se convierte casi en un libro y ha logrado contener en buena medida ese escepticismo en torno al despliegue de la información y ha servido para percatarnos de que no son pocos quienes comparten las mismas preocupaciones”, acotó Mateo.
Resaltó asimismo que El extremo… “ha sabido preservar una lógica de ordenamiento, de interrelación que favorece el recorrido, la lectura, el descifrado de cada uno de los contenidos y contribuye a la consolidación de esa visión panorámica de un período que se propusieron sus realizadores.
“Además, corrobora la existencia de obras con un marcado matiz sociocultural y el impacto de temáticas y preocupaciones relacionadas con la dicotomía entre individuo y contexto, verdad y apariencia, contingencia pública y privada.”
De igual modo destacó que, “aunque es bastante sintético y condensado, ha sabido racionalizar muy bien los espacios destinados a cada uno de los artistas incluidos, implementándoles una estructura de bloques informativos muy funcionales al incluir una síntesis curricular, un retrato del artista, una valoración personal e imágenes emblemáticas de las obras.”
La muestra colectiva El extremo de la bala… fue un proyecto de la AHS, también curado por Altunaga, que se expuso al público en los terrenos del Pabellón Cuba, desde el 20 de octubre y hasta el 20 de noviembre pasados y aglutinó diversas manifestaciones de las artes plásticas como: pintura, fotografía, instalación, performance, y video arte.
En ella habían participado creadores, cuyas obras se desarrollaron fundamentalmente en la última década y otros que recién comenzaban, inmersos todos en una pluralidad de temas y modos de hacer. |