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Revista Arte América
Salón Provincial Fidelio Ponce de León: un paneo general
RESEÑA

Por: Yudarkis Veloz Sarduy

El movimiento de las artes plásticas que vivió el país a partir y sobre todo “en” la década de los 80, constituye hoy una especie de mito nombrado por algunos Renacimiento Cubano. Volumen I, Arte Calle, Grupo Puré e individualidades imprescindibles para el Arte Cubano propiciaron, desde la capital, la indiscutible renovación que impulsó  todo lo que a nivel local tuvo lugar en el resto del país.

La confluencia artístico-intelectual de diversas generaciones, las incipientes aperturas a “lo otro”, la libertad y disponibilidad contestataria con que se asumió el arte en ese momento, contribuyó de modo especial a la movilidad de un discurso plástico renovado y trascendente. No son pocos los artistas que recuerdan gratamente el diálogo, el intercambio, la polémica, como formas aupantes de la creación artística de ese tiempo. El reclamo de espacios expositivos convertía a los existentes en verdaderas conglomeraciones de creadores; no había que convencer a nadie sobre la importancia de un salón; las convocatorias apenas cubrían las apetencias de artistas noveles y consagrados. Había un verdadero ambiente de creación y promoción plásticas.

A la vera de esta ebullición aparece el “Fidelio” con antecedentes en el “Salón 26 de Julio” (1984) y como respuesta a las expectativas expositivas de un gremio pujante, incluso iconoclasta que sintonizó perfectamente con los cambios ideoestéticos percibidos en la Capital. A la espontaneidad de estos artistas le debemos esa revitalización con que estuvo vinculado el discurso plástico local y la oportunidad de conocer el clima artístico que año tras año es generado. Nace así, también como homenaje a la emblemática figura de Fidelio Ponce, un espacio por momentos cuestionador, por momentos cuestionable, que andando y desandando particularidades, pretendió promover lo más representativo del quehacer visual del patio.

Con una periodicidad anual el Salón Provincial de Artes Plásticas “Fidelio Ponce de León”, es hoy la acción de comunicación más importante con que el Centro Provincial de Artes Plásticas estimula la creación artística mediante de la promoción de los valores del territorio.  A través de “el Fidelio” se ha procurado incentivar un ambiente favorable para la confrontación entre artistas así como para el disfrute de la creación por parte del público asistente a las galerías. De igual forma, la actualización de conocimientos y concepciones artísticas entre los participantes, con el apoyo de la crítica especializada, ha ocupado un lugar indispensable en la concepción del evento.

Al pensarse como el espacio más importante, depurado y representativo del quehacer provincial, el Salón tuvo en sus inicios una significación especial dentro del circuito de exhibiciones camagüeyano, no así en momentos muy críticos en los que un descenso de casi el 70% de participación denotó  un alto nivel de apatía y desinterés que los artistas, razón de ser de la Institución, mostraron hacia el Salón.

Las transformaciones socioeconómicas experimentadas por el país a partir del advenimiento del llamado Período Especial, la quiebra absoluta de los sistemas de promoción establecidos institucionalmente durante las tres décadas anteriores y la necesidad de inserción en un mercado regido por leyes totalmente desconocidas por los artistas de la plástica, provocaron  en los creadores la aparición de una violenta dicotomía: mantener su obra o reformularla, cuando no renunciar a ella, en pos del status económico.

Esta fue una consecuencia inmediata de las transformaciones sociales que, a la vez, devino causa del empobrecimiento expositivo del Salón. En otro sentido pero igualmente importante, influyó decisivamente en la significación y repercusión del evento, el colapso de casi todos los órganos provinciales y nacionales de publicación. Los espacios que otrora pudieron ser destinados a su promoción ahora estaban copados o habían desaparecido.

Sin embargo, el Salón sobrevivió con la presencia, cada vez mayor, de estudiantes, incluso de creadores sin formación académica, que asaltaron las las galerías con sus trabajos. De esta forma asistimos a “Fidelios” en los que no se notó el carácter y prestigio que le habían estado imprimiendo generaciones de artistas ya reconocidos incluso a nivel internacional. El hecho de que prevaleciera la creación amateur  y la confrontación con los grandes artistas, quienes llevaban el ritmo del más consolidado discurso artístico, se anulara con su no presencia, no sólo influyó en  la calidad del evento, también negaba el objetivo para el cual había sido creado.

Por otra parte la crítica en provincia no cuenta con revistas especializadas sobre el tema. Generalmente los espacios para la publicación constituyen sitios polifuncionales en los que también hallan espacio reseñas de otros hechos culturales, esto sin mencionar que la lejana salida de estas revistas del contexto del hecho artístico, obligan al investigador a escribir con una intención mucho más general, otros optan por no escribir. La prensa semanal, mucho más inmediata y asequible a todo público, está casi vedada a los especialistas de las artes.

Mercado del Arte, legitimación en circuitos superiores, ineptitudes institucionales, apatías infundadas o no, escaseces de materiales,  divergencias de criterios artista–institución, ineficacias comunicativas, entre una larga lista; podrían funcionar como causas ineludibles de los evidentes altibajos que ha sufrido el Salón, y todos los salones, en su devenir. Lo cierto es que a un cuarto de siglo de haberse instaurado como necesidad insustituible, y aunque resulte a veces evidente que la suerte de los salones provinciales será la de extinguirse en su condición de iconos de la representatividad local, el Centro Provincial de las Artes Plásticas vuelve a convocar, por vigésimo quinta vez a todos los artistas camagüeyanos, pero…

Además de concebirse como medidor del carácter artístico -ineludiblemente condicionado-  de un territorio, y de abrir sus puertas este septiembre para que el quehacer de un grupo de artistas, representativos o no, consagrados o por consagrar, pongan a consideración del público asiduo, una propuesta discursiva de la visualidad del Camagüey;  “el Fidelio” comienza a asumir posturas diferentes.

Para que el resultado expositivo-promocional mantenga su consonancia con los objetivos primarios del evento, desde hace dos años se ha venido realizando un proceso curatorial que implica la visita al mayor número posible de exposiciones y eventos realizados en la provincia. Los curadores que tienen estas visitas a su cargo seleccionan obras, premiadas o no, como propuestas para la futura admisión del evento. Esta es una acción que garantiza los niveles de calidad y diversidad en la muestra central y permite que lo que definitivamente sea mostrado represente el quehacer artístico de todo un año.

Por otro lado, y  saldando el vacío referente a la unidad curatorial, este año se adjunta a la muestra central  un proyecto temático de arte en espacios públicos y urbanos y otro proyecto en el que se han unido un grupo de jóvenes para exponer sus poéticas. Las obras que los conforman optan por un premio específico y además tendrán la posibilidad de competir en igualdad de condiciones para los premios del Jurado Central y los Premios Colaterales del evento. De esta forma el “Fidelio” asume nuevas posturas ante la competitividad y representación de discursos plurales y potencializa el trabajo curatorial e investigativo que nos permite asistir a un evento más contemporaneizado y revitalizador.

Con todo lo anterior el Salón de Artes Plásticas Fidelio Ponce de León expone, por vigesimoquinta vez, lo que distingue la producción artística de un año. Veinticinco años en los que se ha convocado a cada artista camagüeyano, cada discurso o poética que quiera figurar como lo que, desde lo local, se produce en Cuba. Este es un pensamiento feliz, esperemos que el futuro diga la última palabra.

© Asociación Hermanos Saíz. 2009.