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Rejuvenece la plástica cubana, más y más…
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Revista Arte América
Tres partes de Madre tecnología, piezas de Darién Pérez, explicitan los “cordones umbilicales” que nos unen a este complejo mundo mediatizado e informatizado, desde antes de nacer.
Rejuvenece la plástica cubana, más y más…
RESEÑA

Por: Damepa
Fotos: JIO

Durante la pasada edición del Salón Mayo, evento organizado y realizado por la academia provincial de las artes plásticas de la provincia de La Habana, Eduardo Abela, dos importantes creadores cubanos coincidieron en consideraciones sobre la realidad de las artes plásticas en Cuba.

Ever Fonseca afirmó entonces: “Los jóvenes estudiantes de artes plásticas aceptan y asumen su época de una manera natural. Creo que hoy estamos viviendo el futuro plástico de la Isla, pues somos el producto de una semilla sembrada hace cincuenta años. Y en ese curso de tiempo, si nos comparamos con otros países, vemos cuántas figuras importantes existen en el mundo; sin embargo, se han perdido muchos talentos artísticos. El hecho de que en este país las oportunidades sean más masivas, amplias, trae como resultado una inmensidad de talentos y estilos”.

Por su parte, José Fuster reflexionó: “El fenómeno de la plástica en Cuba es una cosa sin igual. He viajado por diversos países, sobre todo latinoamericanos, y nuestro caso es insólito, somos una cantera tremenda de artistas que incursionan en todas las técnicas con una libertad de expresión, de movimiento, y un cuestionamiento tremendo…”

La ternura se desbordan en estas obras de Giselle Córdova, quien como modelos usó a sus hijas, marcando la belleza de los primeros años de la vida.

Vale por estos días retomar tales consideraciones, pues aunque dichas durante un determinado certamen, volaron las fronteras de este, para circunscribirse a toda una generación de artistas jóvenes, incansables e indomables bajo esquemas creativos.

Un brote de plásticos (artistas) ha inundado galerías, parques, aceras…, cuantos espacios libres estén dispuestos a albergar obras de una u otra tendencia, tal o más cual color, grandes o pequeños formatos.
Y para sustentar criterios, más que hacer una retrospectiva, detengámonos en el presente, por ejemplo, en una expo colectiva montada en el recinto Teodoro Ramos, del municipio capitalino del Cerro.

Quince piezas, recreadas en soportes inusuales con materiales de desecho, y agrupadas con el título “A las cosas que son feas…”, proyectan la vida de los seres humanos y sus convergencias con el mundo.

Tres de ellas, del joven Darien Pérez Rodríguez, abren el recorrido. Pinturas sobre puertas de refrigeradores muestran la aparente tranquilidad de hombres y mujeres reducidos a la figura fetal. Asimismo, establece el artista una analogía entre la función de los electrodomésticos, y el adentro y afuera del mundo mecanizado y complicado que rodea y espera a cada individuo, desde antes de su nacimiento.

La instalación de Runel Riverón, Todos somos cubanos, ocupa el centro conceptual de la expo.

Contrastando en concepto y formalidad, pero manteniendo a la figura humana como centro de la creación, las pinturas de Giselle Córdova exhiben la frescura, ingenuidad y belleza de dos rostros infantiles (sus hijas). El soporte, fuertes cartones, dejan asomar cierta fragilidad existente en esta etapa de la vida.

Por su parte, Runel Riverón, de formación autodidacta, nos asombra con Admiral y Todos somos cubanos, atrevidas instalaciones. La última de estas construye, de una manera excepcional, la diversidad a partir de culturas, sociedades, condiciones económicas o religiones, con la cual lidiamos diariamente.

Con un rico discurso instalativo, este muchacho logra llamar la atención hacia sus piezas, por encima de las demás, asumiéndose estas como eje de la exposición y proponiendo al público un replanteo del hilo conductor de la misma.

Amar, comer, partir, de Jany Torres.

Nos encontramos también con dos etapas de Amar, comer, partir, de Jany Torres Albelo, quien, sin lugar a dudas, asume ese “cuestionamiento tremendo” del cual habla Fuster.

Sus obras, dos maletas trabajadas en acrílicos sobre madera, recurren a elementos gráficos como la impresión de letras y frases, hilvanadas alrededor de uno de los temas más tratados por los jóvenes en la actualidad: las posibilidades para viajar por el mundo.

Calzando este mensaje, la escultura de Arlety Fernández Reyes constituye un llamado a la figura femenina y a la apreciación del cuerpo; a partir de su uso como medio de comercialización.

Arlety Fernández y Ketty Rodríguez toman a la figura femenina como centro creativo en sus obras.

Sin apartarnos de la mujer tal cual modo de expresión, la joven Ketty Rodríguez Quevedo describe frustraciones, depresión, ansias de escapar…, en una trilogía (What the hell, La tristeza es violeta, y Fuga) realizada con técnica mixta sobre metal.

Cerrando la exhibición, con una mezcla de negatividad y esperanza, encontramos las piezas de Rogelio David Núñez, Wash them y Why?. Las mimas, trabajadas en carboncillo sobre metal, descubren la más cruda realidad. Un grito de auxilio sale de cada trazo del cuerpo humano, metaforizado por Rogelio como una diana.

Para él, profesional de las artes plásticas, formar parte de este grupo de estudiantes de la academia San Alejandro, unos, y autodidactas otros, es un privilegio, pues, como afirma: “que haya una unión formal y conceptual sin planificación previa, solo es posible, debido al talento natural de estos muchachos”.

Un final ambiguo queda propuesto al público, con las creaciones de Rogelio David Núñez.

Unos días para encontrar la llave del Cerro

© Asociación Hermanos Saíz. 2009.