Raúl Martínez en Nueva York
RESEÑA
Por: Jorge Rivas Rodríguez
Alrededor de 40 piezas pertenecientes a la autoría del prestigioso artista cubano, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, Raúl Martínez, (Ciego de Ávila 1927- La Habana 1995), se exponen hasta este fin de semana en el espacio Magnan Metz, de Nueva York.
La muestra, integrada por fotografías, óleos, dibujos y collages, pertenecientes a la colección privada del reconocido dramaturgo Abelardo Estorino (Premio Nacional de Teatro), muestran al público estadounidense la creatividad de uno de los artistas de la plástica más importantes del arte nacional en el siglo XX.
Corina Matamoros, especialista del Museo de Bellas Artes de la Isla Caribeña, tuvo a su cargo la curaduría de la exposición, inaugurada el pasado 22 de julio. La también crítico de arte realizó en 1988 en esa importante institución cubana, una retrospectiva de la obra de Martínez, sobre la que actualmente escribe un libro para el mejor conocimiento de la historia del arte cubano y la formación de las nuevas generaciones de artistas de la plástica.
Pintor, diseñador y fotógrafo, la vida y la obra de Raúl Martínez están estrechamente relacionadas con la evolución de la cultura cubana durante gran parte de la anterior centuria. En tal sentido, el genial pintor participó del proceso germinal del cine cubano y de la Casa de las Américas, de la creación y desarrollo de la industria del libro cubano, del desarrollo y promoción de la fotografía artística, del boom del cartel, y de algunos de los grandes proyectos que enaltecieron la escena nacional, muchos de ellos concebidos por Estorino, genial escritor y dramaturgo estrechamente unido al pintor, a través de varios años de fecunda amistad y de interactividad y reconocimiento mutuo de sus respectivos aportes a la cultura cubana.
Raúl Martínez impuso una imagen diferente de José Martí, recreada sobre la base de elementos representativos de lo auténticamente criollo, divergente por completo del tratamiento académico que hasta entonces prevalecía en la figura del héroe cubano exhibida en los museos. Sus trabajos inspirados en el autor de los memorables Versos Sencillos que han recorrido el mundo, definieron un modo de hacer, una tendencia que los críticos, especialistas e historiadores del arte denominan como no figurativas, definición sustentada en la recurrente búsqueda de las formas, esencialmente sustentadas en la vida cotidiana, en la idiosincrasia y en la cultura nacionales, con cierto rechazo a los preceptos impuestos por la academia.
Nacido en Ciego de Ávila, Martínez se desempeñó, además, escritor anónimo.
Su formación artística se produjo inicialmente en La Habana, donde realizó varios trabajos que le abrieron las puertas del Art Institute of Design de Chicago (Estados Unidos), estudios que influyeron notablemente en la consolidación de este maestro de las artes plásticas que logró crear un estilo único, que lo hizo merecedor de reconocimientos del público y de la crítica en tiempos en que trascendían otros notables creadores, como Wifredo Lam, René Portocarrero y Antonia Eiriz.
Martínez fue miembro del trascendental grupo de Los Once, que concentró a los más importantes abstractos cubanos y fue uno de los máximos exponentes del arte pop en Cuba e Iberoamérica, obra que impactó sobre todo por su viva expresión del Caribe. Su nombre está vinculado al de los mejores cultivadores de esta corriente, como el colombiano Antonio Caro, la venezolana Marisol Escobar y el brasileño Antonio Enrique Amaral.
Asimismo, el cartel cubano alcanzó reconocimiento internacional y sentó pautas gracias, entre otros, a la creación de Raúl Martínez, quien llevó a ese género gráfico, de forma amena, locuaz y artística, la síntesis temática de algunos de los filmes más sobresalientes de varias décadas de la segunda mitad del pasado siglo, labor que igualmente enalteció su quehacer plástico y cuyo mayor esplendor se produjo entre los años 70 y 80.
Sobre su obra, la doctora Graciela Pogolotti, una de las voces críticas más autorizadas sobre la vanguardia y el arte cubano, ha dicho: “Lección de talento y de oficio la suya, pero sobre todo, lección de lucidez y espíritu crítico. Porque cuando carece de ellos, el talento se convierte en chispazo y el oficio se reduce a mera ejercitación académica”. |