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Otros mundos posibles

Texto y foto: Amilkar Feria Flores

Como mismo un científico se aplica por reconstruir, en un acelerador de partículas subatómicas, las primeras milésimas de segundos que siguieron a la Gran Explosión, por interpretar el fenómeno de la Singularidad, o el Horizonte de Eventos; un grupo de jóvenes curadoras, músicos y artistas de la plástica tienen por propósito rehacer, sistemáticamente, el último día de la creación en ausencia del Hombre.

Recurriendo al mito del Génesis, del Antiguo Testamento bíblico, Anamely Ramos González y María de Lourdes Mariño Fernández, escogieron un escenario que no pudo resultar más revelador y convincente: la inconclusa iglesia de El Carmelo, en la barriada del mismo nombre, en El Vedado capitalino.

He aquí una sobrecogedora réplica del orbe, techada con nervadas ojivas en las naves laterales, y una imponente bóveda de cañón en la nave central. Tal se parece al cielo, sostenido por altas columnas compuestas, que arrancan de sólidos plintos anclados en los orígenes del tiempo. Solo el frente de la construcción, hasta unas pocas líneas de dichos puntales, fue terminado en su momento; por lo cual, décadas atrás, se tapió con un enorme paredón su lado más vasto, donde ahora adorna un abandonado Altar Mayor.

Por tratarse de un espacio en desuso litúrgico, las emprendedoras muchachas, profesoras en el Instituto Superior de Arte, convocaron a sus estudiantes para rehabilitar este laboratorio-mundo, tomando como punto de partida el momento justo en que el Hombre iba a irrumpir sobre él. El suspenso, la expectativa, o el ¿que será?, retoman experimentalmente, en un espacio igualmente cargado de potencialidades, los proyectos de un universo con muchos caminos; pero eso ocurrirá mañana. Hoy, “Día Cinco”, en los más diversos soportes y composturas, las propuestas de los artistas vaticinan, retrospectivamente, cuanto de bueno o peligroso posee el libre albedrío de los Hombres.

Para ese importante rol han sido invitados: Elizabet Cerviño Lastre, José Eduardo (Yaque) Llorente, Luis Enrique López-Chávez Pollán, Alfredo Sarabia Fajardo, Christian Schauderna, Lester Álvarez Meno, Roger Toledo, Maikel Domínguez, Leonel Valdés, William Lezcano, Mauricio Abad y Jairo Gutiérrez, contando con la producción artística de Liset Castellanos. A guisa de ensimismados genetistas (recuerden que se trata de rearticular el código genésico de lo que pudo llegar a ser lo que ya es), la maqueta de las probabilidades se aventura en tantas inventivas como participantes. Trastocados sus habituales desempeños de artistas, que no dejan de ser Creadores, el ¿cómo sería si no hubiesen serpientes - si el fratricidio no fuese más que una pesadilla -, si un padre no tuviese que verse tentado a sacrificar a su hijo?, pasa a ser una rica especulación, que adorna con inquietantes ribetes la historia en torno al Torno que prefiguró el barro de la humanidad. Como el mundo tuvo sonido en sus inicios (¿o no?, aunque no cuesta especular al respecto), un grupo de músicos interpreta en vivo las partituras del compositor Luís Alberto Mariño (Tito), redondeando así la atmósfera iniciática de aquel arcaico atardecer.

Todo el proyecto de El Carmelo, aun en sus comienzos, pretende revitalizar un lugar preñado de mejores desenlaces que el abandono y la ruina. Un poco de historia local, constructiva, de oficios, aguarda por incorporarse a la investigación de este grupo de jóvenes, que quieren salvar a toda costa las altas bóvedas del decimonónico edificio.

Por lo pronto, mediando el primaveral mayo de 2010, en este rincón del planeta de los Hombres, se simulará que todo acaba de empezar; excelente oportunidad para reformularse algunas cuestiones.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.