Miradas de la naturaleza RESEÑA
Por: Sarah Paz Martín
La naturaleza también nos mira, y lo hace abiertamente, sin gafas, sin lentes para mutar de alma. Y lo que expresa con sus ojos es tan atendible como las inquietudes humanas.
Es este quizás el mensaje que el investigador y artista debutante Nicasio Viña quiso transmitir con las fotografías que ha reunido en su primera exposición Miradas de la naturaleza, para la que escogió un lugar como esta añejada Habana.
Alojada en El Portal del Salto del Ángel, en la Plaza Vieja, la muestra ejerció un poderoso magnetismo sobre los espectadores, y se lo dieron los ojos inquietantes de una reducida pero acertada diversidad de especies de la fauna insular que, sin vanas pretensiones, desde los primeros planos, Viña tomó prestadas de su hábitat para acercarlas a los asistentes.
El efecto es notable. Color, forma, luz y sentido se conjugan para desandar los caminos de la meditación, y lanzar un llamado de alerta sobre la necesidad de conservación no solo del reino animal, sino de todo el planeta.
“Se trataba de acercar el hombre a la naturaleza con una visión diferente, no como bichos y matas, sino como algo que la creación y la evolución nos dan la posibilidad de disfrutar y que estamos en el deber de preservar”, enfatiza el autor.
Son miradas desde la inconformidad con la atención recibida por el ambiente; desde la alerta, tal vez, sobre lo que se aproxima si la conciencia no se impone; desde la astucia de azuzar al menos el sentido de la belleza en espectadores que, sin este acercamiento con la lente, quizás no se percatan de los asombros que puede causar el gesto congelado de otro ser vivo.
Viña, quien tiene una sólida reputación por su trabajo a favor de la conservación y la educación ambiental, y ha ocupado cargos importantes en esa esfera en su natal Santiago de Cuba, dio con esta exposición un salto desde la ciencia hacia el arte. Y pisó firme en su llegada. |