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Revista Arte América

Los ríos que nacen en el pincel de Víctor Manuel Velázquez

Por: Rubén Ricardo Infante

Al ser inaugurada la muestra Río y Súmula de Victor Manuel Velázquez se confirma su impronta como uno de los pintores jóvenes de más talento dentro de los límites de la geografía holguinera. La galería Fausto de la sede de la UNEAC en Holguín la acoge desde el pasado 6 de octubre y atrapa porque, como apuntó Roland Barthes refiriéndose a la novela como género la historia de un novelista es la historia de un tema y sus variaciones, lo mismo sucede con la obra de este joven que traza un puente entre los conceptos que trata en cada obra y exposición.

Bajo la tutela de los dos nombres que de forma simbólica se han dado cita en el suyo, Victor Manuel Velázquez ha heredado de ellos una gran pasión por la pintura, hecho que se demuestra en la maestría con que maneja el pincel, aun sin haber cursado ninguna de las escuelas o academias que existen en Cuba.

La muestra, no abunda en número de obras pero sí en la significación de las mismas, pues Velázquez retoma alguno de los grandes conceptos que se han convertido en fuente matriz de su pintura, y la manera de exorcizar estas obsesiones.

Dos de las obras más destacadas –en tamaño y formas de elaboración– y en los infinitos diálogos que establecen entre sí y con el resto, son Momentos del Génesis y Tentación de Adán en el Huerto del Edén, donde escoge los temas bíblicos para apropiarse de ellos desde una particular mirada, asociada a los siete días de la creación donde hay una especie de ciclo que se abre y cierra desde el propio momento del génesis y el pecado original entre los primeros habitantes: Adán y Eva en el paraíso del Edén.

La mayor parte de las piezas que integran Río y Súmula, pertenecen a una vieja y recurrente visita a referentes literarios, donde habría que mencionar la obra Maravilloso viaje de Mambrú a la guerra, que sirvió de ilustración de cubierta a la antología de poetas vizcaínos y holguineros Ciudades bajo un mismo cielo (Ediciones La Luz, 2011), título con el cual el sello editorial inauguró una nueva colección: Mar por Medio.

La serie Travesías, donde los motivos son casas o ciudades dentro de barcos, peces y que está asociada a la relación (in)estable entre las aguas y la tierra firme y los elementos que componen a sendos espacios.

Otra de las preocupaciones ideoestéticas de Víctor Manuel Velázquez, ya abordada anteriormente, es la apropiación de obras literarias de diferentes autores, aunque siempre sus obras mantienen la autonomía o independencia de los códigos narrativos de los cuales nacen. Ahora en Río… escoge a dos autores medurales en la conformación del corpus literario de la nación cubana del siglo XX: José Lezama Lima con la pieza La cantidad hechizada (homenaje a Lezama) y Flora, uno de los personajes más dibujados a través de la mano de Virgilio Piñera, con el poema Vida de flora.

La súmula a la cual refiere Velázquez tenía ya un antecedente en la obra de Lezama, pues en Paradiso este escribe un poema titulado Súmula, nunca infusa, de excepciones morfológicas, donde se lee:

Almendral, tú dirás la verdad.
Año de neblinas, año de harinas.
De los restos de la población de cabellos negros de Chen, no queda ni un niño vivo.
Expedición por el Amazonas, que fue a buscar el árbol de la canela, y encontró la magnolia.
El rollo de maromas.
El sueño del pastor de Hermas.
Lagartijita habanera,
A comer, a comer el guineo.
¿Quién hace los dulces?
 ¿Quién me los regala?
El que dice: el pobre.
 Me dicen siempre que no está.
 ¡Cállese!
 Después de un día cabezón.
 Caballeros, qué domingo.
 No vino más.
 Se afeitaba cuando…1

Por otra parte Virgilio toma el poema desde su propia concepción y escribe: Flora, te voy a acompañar hasta tu última morada. Tú tenías grandes pies y un tacón jorobado. 2
Ahora el personaje es retomado en la obra de Velázquez donde la acuarela constituye la forma más exacta para un creador que es considerado por el dominio técnico de la misma.

Dentro de la muestra también están incluidos los Retratos de familia, esta vez sobre platos de cerámica, los cuales se integran ofreciendo otra lectura a la muestra reseñada.
De formación autodidacta, Velázquez ha entrado al panorama de la plástica holguinera con la certeza de pasos dados hacia una pintura real, propia de su pincel y que forma parte de un río con corrientes que fluyen hacia el acabado de una gran pieza que es, en suma y súmula, toda su obra.

1 Cintio Vitier: Invitación a Paradiso. Prólogo a Paradiso, Ed. Letras Cubanas, 2002, La Habana, Cuba, p. XX.
2 Virgilio Piñera: Vida de flora. En La vida entera, Ed. Letras Cubanas, La Habana, pp. 43-44.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2011.