La parábola del sembrador
RESEÑA
Texto y fotos: Amilkar Feria Flores
Hace ya unos cuantos meses, a mi regreso de un largo e intenso recorrido por el oriente cubano, publiqué, en el sitio virtual Caminos del Centro Memorial Martin Luther King, una serie de crónicas sobre mi experiencia durante la reveladora empresa, que se extendió por un mes entre las provincias de Holguín, Granma y Santiago de Cuba.
En uno de los puntos más significativos del viaje, el pico Turquino, caí en la cuenta de lo abundante que en todo el territorio nacional resulta la presencia iconográfica de José Martí, paradigma de identidad nacional, referente insustituible de un proyecto coherente de patria. Para la revista Caminos publiqué un artículo bajo el título “La dilatada geografía martiana”, que hacia referencia a este insoslayable particular. En casi todas las versiones y modalidades reconocibles, desde los clásicos “pedestres”, “bustos”, y “cabezas”, las esculturas ganan la rivalidad a otros modos de representación para la insigne figura; sin contar con una bien curiosa, que consiste en la réplica (a cualquier escala, que incluye la habitable y funcional) de la casa natal del patriota.
Una vez que me asomo a Ensayo sobre la Parábola del Sembrador, resultado de una beca de creación conferida a Alfredo Sarabia (hijo) en el 2008, constato que somos varios los que hemos reparado en el asunto (por evidente, cómo no hacerlo). Si bien sus inquietudes estéticas, sabiamente construidas a partir de una pesquisa fotográfica, se centran en varias representaciones tridimensionales del apóstol independentista erigidas en diferentes latitudes de la geografía nacional, existe en la muestra una lectura que rebasa, con inteligencia, la representación más lata.
Para Sarabia, que actualmente estudia el tercer año en la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte, la sola figura escultórica, tantas veces manipulada, casi estereotipada, no es objeto directo y protagónico del discurso, sino partícipe del contexto en el que haya sido emplazada; y de eso hay bastante que hablar, por disímiles que resultan estos espacios (recuerden que en la cima orográfica del archipiélago cubano también hay un busto en bronce de El Maestro, realizado por la escultora Gilma Madera). Las implicaciones coyunturales del espacio, la ocasión, y la cotidiana interacción de los transeúntes con el emplazamiento de que se trate, revelan una heterogénea manera de asumir nuestra identidad desde su más consagrado paradigma.
“De tal palo tal astilla”, o “Hijo de gato caza ratón”, pudieran resultar perfectos slogans para tildar a Sarabia hijo; pero en su óptica hay un sello personal, diferenciador, que lo identifican como auténtico y novedoso constructor de parábolas visuales, sin renunciar por ello a la herencia de su padre. Bastante le queda por recorrer, y ya sus percepciones comienzan a prefigurarse con muy buenos tintes, conocedor de algunas estrategias muy bien estudiadas; y que usted puede corroborar por estos días en la Fototeca de Cuba. |