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Revista Arte América

Jugar con los símbolos
ENTREVISTA

Por: Lázaro J. González González

Íconos de marcas registradas que connotan otros sentidos en composiciones polisémicas, y carteles aparentemente soviéticos,  que entran en discordancia con su estética usual, son dos modos de hacer cohesionados en Sin bolos, exposición de los artistas de la plástica Adriana Arronte y Jorge Rodríguez Diez, que por estos meses acoge la sede de la Lloyd's Register en La Habana, institución situada al lado de la galería Mariano.

Ambos, de formaciones diversas (el Instituto Superior de Arte y el Instituto Superior de Diseño Industrial), comparten, no obstante, la preocupación por problemáticas contemporáneas- o mejor, posmodernas- cercanas a la cultura en que se han formado, como la influencia de la propaganda y la publicidad sobre nuestras sociedades; hecho convertido en algo tan común que para muchos pasa inadvertido.

Adriana Arronte me demostró en unas palabras que intercambiamos, su preocupación por este fenómeno, a la vez que me daba  algunos detalles sobre Sin bolos.

¿A qué se debe el título de la exposición colectiva?

Además de la significación más evidente, también se asocia a la palabra Sin bolos con  la que se denominaba a los rusos porque mi compañero en la muestra bipersonal, Jorge Rodríguez Diez (R10) se basa en la estética realista soviética de los 80. Las piezas de él están compuestas por carteles similares a los rusos en los cuales cambia los textos y mantiene la tipografía. Son muy ambiguos y analizan todo ese período, ese pensamiento soviético. En general, todas sus piezas hablan de Cuba, de la influencia soviética y reflexionan sobre ese pasado. También, como él es diseñador gráfico, trabaja entre los límites del diseño y del arte. En este caso, hace carteles aparentemente informativos, que cuando los empiezas a leer,  te das cuenta de que no son carteles normales pues resultan muy ambiguos, ya que no le interesa, en realidad,  dar un mensaje sino mover a la gente a pensar al respecto. Mi parte se refiere a las marcas registradas.

¿Qué te propones con estas piezas?

Con ellas, reunidas en la serie Temporada de caza, aunque pueden verse de manera independiente, trato de captar el espíritu social de mi generación, tan influenciada por las marcas, que representan a un grupo social, clase o género; lo cual es muy superficial, pero a la vez te da una medida de sus intereses. Intento, además, abarcar varios sectores: confecciones textiles, alimentos, electrónica etc. Luego hago composiciones de palabras con diferentes tipografías, con la intención de que cada una de ellas provoque una reflexión, de manera más bien ambigua.

Es como buscar la esencia de las cosas cuando muchas veces estas marcas o el deseo de usarlas hace superficiales a las personas. Por otra parte, esas palabras se apoyan por las composiciones de las imágenes, en temas que pueden parecer románticos o bélicos (el cocodrilo de Lacoste mordiendo la cabeza del puma), a veces incluso escatológicas. Con ello quiero enunciar que la sociedad contemporánea también tiene esas características.

¿Qué relación guarda esta serie con las anteriores?

Siempre mis piezas tienen que ver con acciones y cuestiones sociales, y a la vez, están conformadas por un elemento común (copas, marcas, hojas) En cada serie intento utilizar medios distintos. Una de ellas, por ejemplo, estaba compuesta por copas deformadas, donde la gente debía intentar tomar- un happening- y esa ingestión podía manipular la conducta.

En realidad siempre uso un objeto común y lo desnaturalizo, lo exagero. En el caso de las marcas se debe a que de pronto empiezo a ver la profusión de estas y cómo la gente se identifica con ellas; mientras que en las copas, quiero aludir al brindis de las exposiciones, donde mucha gente va a tomar y no a mirar las obras, por eso decidí ponerle al público la propia obra en sus manos. También mis piezas se parecen en que todas son bastante trabajosas de hacer, tienen muchos detalles, están un poco recargadas.

¿Puede entenderse la serie Temporada de caza como una crítica a la sociedad de consumo?

Creo que más que eso, es tratar de captar ese espíritu y reflejarlo para que las personas cuando lo vean decidan criticarlo o sencillamente, observarlo desde afuera. Intento hacer ver las cosas de otra manera, incitar al análisis de las personas, quienes muchas veces no se detienen a reflexionar sobre dichos asuntos.

¿Por qué Temporada de caza?

Con ese título quiero hacer una analogía con las temporadas de la moda, y con la "caza” pretendo denotar cómo la naturaleza humana se vuelve similar a la naturaleza animal en el sentido de perseguir a un producto, a una moda.

Y esa referencia a la circularidad, ¿simboliza que la realidad se está devorando a sí misma?

 En este caso, lo hago, realmente,  porque el círculo concéntrico se utiliza mucho en el diseño, ya sea de páginas web, catálogos, etc. Es una forma muy recurrida y, justamente, creo que para captar ese espíritu social es lícito usar esa forma geométrica, que es muy visible, estable y sencilla.

Es evidente que tomas elementos del llamado "arte popular" para elaborar otro discurso, ¿eres de las que discrimina este tipo de manifestación cultural?

No critico lo popular y mucho menos lo que pueda parecer frívolo, trivial; de hecho me parece que es algo positivo. Creo que después de un período en el arte cubano muy conceptual, muy crítico, se tiende a mezclar estos temas más ligeros con un significado, en el fondo, más serio, que contiene crítica, análisis, reflexión, mezclada con lo ligero o atractivo.

¿Cuáles son, a tu juicio, las principales dificultades de las artes plásticas hoy?

No veo tantos problemas. Me parece que se están haciendo cosas muy buenas. Eso sí, hay obras con una terminación menos feliz, que no se logran concretar. Pero no me creo capaz de responder a esa pregunta. Opino que cada uno debe saber cuál es ese camino.

Los artistas trabajan hoy con más libertad. En vez de hacer una obra más realista, donde parecía que todo estaba pensado, hacen cosas más atrevidas, donde tienen en cuenta muchos aspectos formales pero de una manera más bien subjetiva, sin ser tan evidente como antes. Por eso, puedes ver obras en las que parezca que algunas cosas no están muy amarradas, pero eso las hace lucir más natural.

En mi generación del ISA muchas categorías eran vistas de otro modo: la pintura era tomada a menos, lo conceptual era más valorado que lo estético, en muchas ocasiones. A partir de mi época creo que se empezaron a realizar obras más trabajadas, que no por eso dejaban de pensar en nuestros problemas más inmediatos.

En esencia, creo que todas las dificultades son un reto y cuando un artista se queja por ellas es porque realmente le falta empeño, voluntad o entusiasmo porque la mayoría de nosotros, por ejemplo, hemos encontrado los espacios para exponer cuando de verdad los hemos buscado. Al hacer las cosas con verdadera pasión se convence a cualquiera. A veces las instituciones tratando de censurar lo que hacen es darle más fuerza al artista.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2011.