Formas como nubes: cuatro pintores abstractos en La Habana
Por: Yanelis Abreu
“¡Un espectador desprejuiciado, libre y de mente abierta!”, claman cuatro artistas cubanos que defienden la abstracción desde sus pinturas. Pedro de Oraá, Carlos Llanes, Santiago L. Kender y Reynier Ferrer se unieron en una muestra colectiva titulada Irrupciones, para exhibir los trabajos más recientes.
Un momento ideal para conocer también sus opiniones sobre la salud de la abstracción en Cuba, justo cuando se celebra en el 2010 el centenario de la aparición de esta contraparte del arte figurativo, cuyas múltiples consecuencias lo han convertido en una de las manifestaciones más significativas del espíritu del siglo XX. El interés por la recepción de este estilo artístico y las recomendaciones al público está presente durante el intercambio.
En las salas del Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño, situado en la Habana Vieja, señorean ahora formas, líneas y colores que desafían la sensibilidad de los espectadores. Un amplio universo creativo está representado a partir del equilibrio composicional de las obras de Pedro de Oraá (1931), -quien participó en los movimientos abstraccionistas cubanos en los años cincuenta del siglo XX-, y de la abstracción analítica y vital de Carlos Llanes (1956). Santiago L. Kender (1965) aporta un lirismo especial con un manejo orgánico de los pigmentos y el joven creador Reynier Ferrer (1979) participa desde una postura desafiante y muy intensa.
Pedro de Oraá abre el intercambio y valora la salud actual de la pintura abstracta en Cuba. Ante la pregunta: ¿qué cualidades aprecia en el gran grupo de pintores abstractos cubanos contemporáneos?, este responde: “El movimiento abstracto cubano actualmente es muy diverso. Quizás lo que más contribuye a su enriquecimiento es el número. Ahora son muchos artistas, aunque la cantidad no da la calidad”.
“Los hay talentosos, que tienen algo que decir, lo hacen con legitimidad y autenticidad. Siempre hay quienes se deslizan en el movimiento porque piensan que hacer abstracción es muy fácil. Algunos pintores figurativos experimentan con la abstracción y ven que es complicada. Admiro muchos a los más jóvenes y procuro estar con ellos, porque tienen energía y la aprovecho.”
Reynier Ferrer, que llegó a la abstracción a partir de un largo proceso de experimentación con el material y liberando las figuraciones expresionistas que trabajó hasta el 2006, opina: “El arte abstracto en Cuba hace tiempo que tiene fuerzas, hay muchos artistas muy buenos pero ahora la crítica y los medios de difusión les dan más espacio que antes.”
Este joven, que admira profundamente la obra abstracta de los artistas cubanos Raúl Martínez (1927-1995), Rigoberto Mena (1961), Santoserpa (1939) y Hugo Consuegra (1929), presenta un conjunto de piezas que encierran una intensa acción. Intranquilas y provocadoras se entremezclan las formas y los colores. Sobre las características que predominan en su obra comenta: “Cada pieza tiene la explosividad, la energía y la pasión propias de mi personalidad. En las series me doy el lujo de ser más conceptual.”
“Ser abstracto es una posición estética no es una tendencia y esa es mi posición”, aclara Santiago L. Kender. Los colores puros muy bien trabajados y alucinantes combinaciones distinguen sus cuadros. No hay cabida para los tonos blancos y negros; así se perpetúa el lirismo pictórico que lo define.
“En el movimiento de texturas que utilizo se mantiene algo del expresionismo que estudié para la tesis de graduación en la Academia de San Alejandro. Estuve vinculado un tiempo al trabajo de los pintores expresionistas alemanes de postguerra y ligado a Willem de Kooning, Otto Dix y Robert Rauschenberg, grandes artistas de la historia del arte universal. Confieso que mi obra estriba más en las atmósferas y coloridos de los pintores cubanos Antonia Eiriz (1931 - 1995), y Ángel Acosta León (1930 - 1964); pero siempre busco mi camino, que es lo más difícil.”
“A los espectadores les recomiendo tener sensibilidad ante el color, el diseño, la composición y el tamaño. Después, entonces, que se fijen en el nombre del artista y su curriculum.
Carlos Llanes, arquitecto de profesión y pintor por vocación, se adentra en los rigores del proceso creativo. Entre las telas y cartulinas expuestas en la galería, marcadas por un diseño cuidadoso, pocos contrastes de color y algunos guiños a la pintura matérica, comenta: “Los pintores abstractos tienen mucha energía a la hora de pintar, el proceso se disfruta mucho. Si no se deja reposar la obra no se sabe cuando está terminada. Hay etapas durante el proceso en que la pintura está mejor que al final. Cuando un pintor sabe cuál es la última pincelada entonces ha alcanzado la madurez.”
Ante la pregunta conocida Llanes responde, -con sencillez-,: “A los espectadores le aconsejo que si le gusta el cuadro que lo mire, lo observe detenidamente. Si no le gusta, que lo vuelva a mirar porque el diálogo entre la obra y el espectador tiene distintos niveles.” Reitera, “hay que ser observador.”
Pedro de Oraá, ejemplo de apasionado por la abstracción, crea sin cansancio. Además de participar activamente del movimiento con su experiencia casi octogenaria suena ante la pregunta: ¿Si le encargaran hacer una exposición con los grandes representantes internacionales de la pintura abstracta, a quien incluiría?
“En primer lugar a Wasily Kandinsky, pero eso sería delirar. Es imposible que se produzca este evento a mi edad, a esta altura los sueños ya son contados, -sonríe satisfecho-. Mis pintores dilectos son: Wassily Kandinsky, Paul Klee, algunas etapas de Pablo Picasso, el norteamericano Franz Kline, que desarrolló su arte en New York desde 1939. De la atracción geométrica incluiría artista francés de origen húngaro Víctor Vasarely (1908-1997). Esos son mis preferidos.
“A los espectadores, –dice Reynier Ferrer con desenfado-, les sugiero que sean libres, fantaseen ante los cuadros abstractos. ¡Qué vean lo que quieran y puedan ver! Mirar con detenimiento la pintura abstracta es como mirar a las nubes, siempre se pueden ver muchas cosas.” |