
El final nunca está en el horizonte: una expo de Esterio Segura en el marco del Festival.
Por: Maria Nela Lebeque Hay
Como quien dialoga, sentado en un café del Vedado capitalino, con un viejo amigo después de un tiempo sin verse, llega la nueva invitación plástica de Esterio Segura a la galería Servando Cabrera Moreno. Su nombre, ligado ya de manera indisoluble a las últimas décadas del arte cubano, figura entre los creadores representativos de un periodo histórico dentro de las artes visuales en Cuba: los ´90. Su obra desde una técnica precisa y un lenguaje peculiar discursa sobre procesos identitarios, el Mundo y los sujetos que lo componen. Pero su notoriedad en el circuito plástico a niveles internacionales proviene de fechas pretéritas, cuando integró parte de una década de creación que para muchos no ha caducado aun.
La entrada al último decenio del siglo XX en Cuba estuvo signada por numerosos sucesos de interés que revolucionaron la Isla en todos sus sectores sociales. El inicio del Período Especial tras la caída del Campo Socialista Soviético, significó para el país una hecatombe de escala mundial. Ello, claro está, también repercutió en los procesos de la Cultura y el arte en general, pues sus protagonistas vieron junto al resto de la Nación la apertura al mundo que los rodeaba. A ello se le sumaron sucesos y transformaciones dentro del campo artístico y sus instituciones que condicionaron rupturas y continuidades con respecto al período precedente.
Es en este escenario donde se consolidaron una serie de creadores que durante dicho período impulsaron el contexto artístico nacional. Estos devinieron protagonistas de la recuperación de manifestaciones pretéritas como la escultura, el grabado y la fotografía; el desarrollo gradual de tendencias y expresiones en boga a niveles internacionales como el performance, el arte digital y el video arte; y la consolidación del instalacionismo como uno de los modos de hacer arte más recurridos y logrados por múltiples exponentes.
Sandra Ramos, Kcho, Abel Barroso, Lázaro Saavedra, Los Carpinteros, Carlos Garaicoa, Cirenaica Moreira… fueron algunos de los numerosos artífices de la época. El intertexto, la ironía y el choteo cubano, la crítica social y el profundo contenido conceptual y metafórico de sus trabajos, funcionaron como matrices nutricias de la variedad de estilos y lenguajes asimilados por cada uno ellos. En este efervescente contexto se desarrolla la obra de Esterio; quien para no pocas voces críticas ha sido uno de sus hijos pródigos. Mas su espíritu inquieto lo llevaría posteriormente hacia nuevas zonas del discurso creativo, visiones, tendencias artísticas… teniendo como constantes en ellos la figura del hombre, su relación con su realidad inmediata y su Historia.
Titulada El final nunca está en el horizonte (título igualmente de una de las piezas) la muestra expositiva aúna una selección de obras realizadas por el artista desde la década del ´90 hasta el presente. De tal modo que confluyen en el espacio varias de las etapas transitadas por este en su tanteo por manifestaciones como la pintura, la escultura, el dibujo y la instalación. Sin dudas provoca a pensar en sus lecturas la posibilidad un paneo visual a modo de viaje narrativo por el quehacer discursivo de su autor.
Aparecen nuevamente aquellos contenidos distinguibles dentro de su obra más reciente. Es así que la relación del individuo con su condición humana (Mover el cielo con el alma, Sobre cómo convertir en ballena y amar a un gato), su serie de aviones y la alusión perceptible al proceso del viaje (Volar, Ballena; Zeppelín), la dicotomía adentro-afuera y los modos de mirar esos nexos invisibles y para muchos intransitables (El final nunca está en el horizonte; El puente) y el humor mordaz del cubano que se reconoce como tal (Híbrido del consuelo) son algunos de los ejemplos más plausibles.
Por otro lado destaca en la exposición la diversidad en cuanto a técnicas que brinda el creador. Desde el dibujo, este condensa su imaginario; tomando como premisa una de sus búsquedas más interesantes: el boceto como proyección de una obra tridimensional futura, pero a su vez como ente discursivo autónomo y por ende con cualidades ideoconceptuales propias. Esta doble funcionalidad se inscribe en las asimilaciones que dentro de nuestro contexto han tenido los discursos de la Postmodernidad, donde quebrar los cánones preestablecidos -en este caso la concepción tradicional de la obra de arte como suceso final y no el proceso en sí-, ha detonado una gran cantidad de adeptos y detractores.
Asimismo aparecen en la propuesta otros materiales como testigos de las perfectas cualidades de Esterio para intervenir el espacio. Uno de sus célebres «Pinochos» apunta con su nariz hacia un tanque militar recreado sobre la superficie bidimensional con mangueras de plástico; un lirio de metal adorna el centro de la galería provocando a no pocos el impulso de tocarlo; y sobre la pared de enfrente una nueva figura en grandes dimensiones intenta emerger del muro (a modo de la televisión en 3D) para impeler al receptor que se sitúa ante ella.
De este modo llega El final nunca está en el horizonte. Una de las propuestas que desde la plástica integran el cúmulo de actividades de la cita cinematográfica por excelencia de diciembre. Dedicada con carácter especial, a aquellos que al hacer la cola de los pasaportes para entrar al Chaplin, son convidados a consumir el arte de un consagrado exponente de las artes visuales contemporáneas.
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