 El Aloud de Aluan Arguelles
ENTREVISTA
Por: Lázaro J. González González
Llego a la Plaza Vieja, atravieso a prisa los adoquines, maldiciendo en voz baja las tribulaciones para poder subir a un ómnibus. Por suerte, veo un grupo numeroso de personas conversando en el portal del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, seña de que la exposición no había comenzado. Entonces, me recuesto a una columna buscando restablecerme de la carrera a habana traviesa con propósito de llegar a tiempo a la inauguración de Aloud, de Aluan Arguelles, y The Falling Man, de Rewell Altunaga.
Al poco tiempo, comienza la ceremonia y, finalmente, puedo apreciar ambas propuestas, pero me quedan algunas dudas, en particular, sobre Aloud, que decido aclarar con el artista. Sin embargo, aquejado por ese stress instantáneo que me provocan las aperturas de las exposiciones, y la pena de perjudicar con un asedio de preguntas ese momento de júbilo para cualquier creador, decido marcharme, aunque el escozor de las interrogantes me perturbara el resto del día.
Mas, otro giro de la rueda de la fortuna me permite contactar con Aluan y entrevistarlo calmadamente en el Pabellón Cuba, el mismo lugar donde recordaba haber visto su nombre, meses atrás, en la exposición colectiva El extremo de la bala… Allí, en la sede de la Asociación Hermanos Saíz, fue que al fin conocí a Arguelles, quien a pesar de tener sólo veintiocho años, ha expuesto ya en no pocos espacios de prestigio en la Isla como las galerías Servando Cabrera Moreno y Mariano Rodríguez, la Fundación Ludwig de Cuba y la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez, y en centros culturales de Estados Unidos, México, Panamá, Suecia y Malasia.
Graduado de la Academia de San Alejandro en la especialidad de escultura- me dijo- decidió continuar estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA) hasta 2008, fecha en la que concluye su formación en ese instituto. Al salir de allí, había acumulado disímiles experiencias que lo indujeron a dejar a un lado la escultura e incursionar en otros medios de creación artística. En tal decisión, cuenta que también influyó haber cursado un semestre en el Royal University College of Fine Arts de Estocolmo, Suecia. La estancia en Europa le sirvió asimismo para preparar su tesis: Hacerse el sueco…, la cual se expuso en la Fundación Ludwig de Cuba, en 2008, y jugaba con lo que experimentó en Suecia.
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Sin embargo, Arguelles reconoce, sobre todo, la importancia del ISA, porque fueron sus primeros años de experimentación y ejercicio, una etapa para reconocer temas que le interesaban desde San Alejandro, como la emigración, por ejemplo. Allí trabajó por vez primera con el tema de la comunicación, las relaciones interpersonales…, generalmente, a través de piezas interactivas en las cuales empleaba video y música.
“Trabajaba con la pintura en primer orden- dice Aluan- pero ya empecé a sentir interés hacia un punto de vista más cinematográfico, aunque siempre me costó trabajo realizar videoarte, pues me era más fácil construir un lenguaje con el cual creara una historia, una dramaturgia a través de eso. De ahí surgieron videos cortos, pero donde era evidente la preocupación por la imagen y la semántica de la puesta en escena.”
¿A qué se debe ese interés por la estética cinematográfica?
Porque siempre me ha interesado el carácter temporal de la obra. En mis pinturas también se ve una cierta remanencia del arte cinematográfico por la captura de las imágenes. Mis piezas generalmente son series, fotogramas que conforman una historia, fotografías de imágenes descargadas de Internet.
¿Qué artistas te han influido directamente?
Tengo referencias de Gerhard Richter, un famoso pintor alemán del 40, que hizo un tipo de pintura como la que yo realizo ahora. No me da pena reconocer que en la pintura y el arte todo, hay muy poco de originalidad, aunque los artistas tiendan a negarlo, algo que sucedía mucho en el ISA.
En realidad, muchas de mis primeras piezas eran correos a ese artista en los cuales comentaba mi interés hacia su pintura y dialogaba sobre qué estaba sucediendo sobre ese género de las artes plásticas, vinculando las situaciones manifiestas en el campo del arte a los fenómenos ocurridos en Cuba. Es decir, la pintura servía como pretexto para dialogar sobre otros asuntos, principalmente los problemas de la comunicación en la llamada sociedad de la información. Esas obras fueron expuestas en la Fundación Ludwig de Cuba con el título Telling Stories, a conversation between Gerhard Richter and a friend of mine by email... 0-11 INV.
Así vino la serie Hacerse el sueco.., también citando la pintura de una sueca, que igualmente se refería mediante diálogos al primer viaje de un cubano y cómo se sentía. La base de esas pinturas eran fotografías comunes que había capturado durante mi estancia en Suecia. La diferencia entre estas pinturas y un álbum de fotos eran las dimensiones, de 1 x 3 o 1 x 2 metros, esa dimensión generaba otro contenido, otra intención.
Teniendo en cuenta que la mayor parte de tus producciones artísticas se expresan mediante la pintura, se puede suponer que es tu medio predilecto…
Es cierto que el grueso de mi obra son pinturas pero no me considero pintor, sino prefiero decir que trabajo con el medio que tenga delante, de acuerdo con la idea a desarrollar. Ahora mismo tengo una serie de obras con base interactiva, de un curso sobre técnicas interactivas que recibí en Estocolmo.
Aluan, ¿cuál es el concepto de Aloud, la exposición que está ahora en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales?
Aloud partió de un texto que leí hace mucho sobre una exposición realizada en Nueva York. En ella intento discursar sobre la desinformación, es decir, cómo los grandes medios de comunicación distorsionan la realidad, construyen la forma en que debemos vivir y a qué debemos temer, situación agudizada tras los sucesos del 11 de septiembre. Asimismo, denuncia esa avalancha de información que rebasa lo que podemos consumir y entender.
¿Por qué fragmentas las imágenes de los cuadros dispuestos en serie?
Porque busco simular lo que pasa al cargar una página web, quería mostrar ese momento de descarga, similar al proceso del revelado fotográfico, que muchas veces no se completa, quedando un recuadro en blanco, como en una de las piezas. Aquí mis pinturas narran una historia, medio inconclusa a veces, pues dejo los espacios en blanco que significan las descargas no efectuadas, los datos escondidos, que constituyen los detonantes de la obra. Así también es como percibimos la realidad.
Estas imágenes pertenecen a la serie Knigths and knaves, que nombra un ejercicio psicológico que se le hace a un grupo de personas, con la intención de saber quiénes dicen la verdad y quiénes mienten. Todas provienen de fotografías periodísticas, sobre un mismo suceso temático, y con ellas quiero mostrar cómo una misma noticia sufre alteraciones, al punto de poderse convertir en una mentira.
También dentro de la exposición hay obras que forman parte de otra serie, con nombres de personas que se han ido ilegalmente del país, lo cual tiene que ver, como es lógico, con el tema de la migración.
¿Cuál es la relación con The Falling Man, la obra de Rewell Altunaga?
La relación con The Falling Man es que utilizamos los mismos recursos, descargas de Internet, fotografías ya existentes tomadas por otros fotógrafos. La diferencia es que yo me expreso en la pintura y él en el video. Además, ambos partimos de los atentados del 11 de septiembre y su repercusión en la sociedad.
Además, otro punto de encuentro es el trabajo con nuevos medios…
Sí, y también son obras muy procesuales, de construcción de la imagen.
¿Qué dispositivo usas para ampliar la escala de esas fotografías que descargas y poder pintar?
Utilizo un proyector 3D, es un aparato muy útil para poderle dar a mis obras las dimensiones necesarias. En Aloud, la escala no fue lo más potenciado, me interesaba trabajar más con lo sugerido por el título de la serie Knights and Knaves.
¿Influye la formación académica para determinar el estilo del artista?
Tener un buen profesor es clave para encontrar nuestro modo de hacer. Hace falta siempre alguien que te guíe con su estética y pensamientos. Algo que, quizás, en la mayoría de las escuelas de arte falta. Esa formación, por supuesto, nos ayuda a buscar un estilo. Eso no quiere decir que todos los egresados de una misma institución académica trabajen igual. En realidad, gran parte de nuestra generación es muy experimental y, por tanto no hay mucho concilio, se está viendo un arte muy plural en cuanto a géneros y temáticas, muy influenciado por tendencias europeas, eso sí.
¿A qué se debe esa influencia?
Porque los artistas que han tenido experiencias en el extranjero, regresan con nuevas ideas, que enriquecen nuestro arte. Uno no puede desviarse de eso, no puedes decir soy original, porque al final siempre estamos influidos por Europa. Y existen muchas nuevas formas con las cuales no han experimentado mayor cantidad de artistas jóvenes a consecuencia de no tener información o recursos para hacerlo.
De todos modos, creo que el arte cubano está buscando reconfigurarse acorde con los propios cambios sociales, para responder a esas nuevas circunstancias.
¿Pasa eso en el resto del mundo?
Al menos en los lugares donde he estado, no creo que ocurra tanto pues, aunque también en el exterior hay jóvenes artistas muy comprometidos, en ocasiones, no asumen que puedan vivir del arte ni tienen conciencia de su función social. Algo que no se ve en las obras de muchos artistas foráneos es el contenido político-social, son obras más vacías, introspectivas, que no generan un diálogo, a diferencia del nuestro.
En Cuba, el artista joven tiene más jerarquía en la sociedad y mayor apoyo institucional, incluso el propio sistema educativo te crea esa personalidad y los vínculos para entrar al circuito artístico. En la misma universidad donde estaba en Suecia, no había otro que hubiera estudiado tanto tiempo como yo. Nuestro sistema es muy riguroso.
Por otra parte, en esos países hay muchos espacios insostenibles para los artistas jóvenes, pues deben pagarlos y no saben tampoco cómo vender su obra si no son conocidos. |