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Dos Diago en simbiosis plástica
Entrevista
Por: Cosette Celecia
Fotos: William Rojas
Las Romerías de Mayo no terminan después de la clausura. Algo de esta fiesta del arte joven queda esparcido por la ciudad, que rehúsa desprenderse por completo de la magia, del encanto de ser toda celebración, música, danza, encuentros, abrazos. Quedan de Holguín las memorias, lo sensitivo, lo inefable. Pero quedan en Holguín otros regalos para compartir, para continuar apreciando el arte, que más afortunado que algunos visitantes, prolonga su estancia en la Ciudad de los Parques.
Queda así a disposición del público, para conocerla o repetir la visita, la exposición de artes plásticas Los dos juntos, en la que Roberto Diago --Diaguito-- aprovecha para que compartan el espacio de la sala Electa Arenal, del Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín, parte de su obra más reciente, con algunas de las piezas del último período de su abuelo, Roberto Diago.
De Diago obras en tinta sobre cartulina, cuidado dibujo de líneas precisas, expresivas, abstracción casi inédita. De Diaguito, fotografía montada en madera, instalación, acuarela, ir y venir de modos expresivos, mixtura de soportes. De ambos la cubanía.
La muestra reproduce la esencia misma de las Romerías de Mayo, al constituirse, igualmente, en un encuentro de tradición y modernidad, entre la obra de un Diago que formó parte de la Vanguardia de la plástica cubana de principios del siglo XX y la de otro Diago, contemporáneo, heredero de aquel y al mismo tiempo auténtico. Sobre su obra, ahora en diálogo con la del abuelo, conversó Roberto Diago para el Portal Arte Joven Cubano.
¿Cómo asume el legado que representa la obra de su abuelo?
Trato de asumirlo con dignidad, expresándome desde mi arte. No trato de superarlo, pues cada artista tiene su línea, pero sí tengo de muy cerca toda su influencia.
Esta serie que exponemos aquí es la última que realizó en España en 1954, lo último que dejó y que pertenece a un período que no es conocido por la crítica. Siempre ha estado en casa y se ha expuesto algunas veces, pero el público no ha tenido la oportunidad de verla completa, como ahora, en esta exposición, en la que aprovecho su legado para exponer con él.
Aunque reconoce una línea propia, también habla de una influencia de Diago abuelo en su obra, ¿en qué elementos se expresa entonces?
La principal influencia que reconozco de mi abuelo es la dedicación al trabajo, trato de estar siempre creando. Pero influencia en el aspecto visual, o formal, tengo más que ver con la obra de Antonia Eiriz y otros artistas, que con la de mi propio abuelo, porque desde pequeño siempre le hice rechazo debido a que constantemente me estaban comparando, o haciendo alusión a que yo podía estar donde estaba gracias a mi abuelo, así que fui buscando mi línea, haciendo mi trabajo y no me ha ido mal.
De él asumo, sobre todo, su espíritu de trabajo, porque morir con 34 años y dejar una huella en el arte cubano y del mundo es algo excepcional.
En sus obras se combinan elementos y técnicas, ¿qué le aporta esta diversidad?
A la hora de crear hago como un cocinero que acude a todos los ingredientes. Me he caracterizado siempre por no tener un material fijo, pues para mí, mientras más variedad de soportes hay, mejor es. No soy fotógrafo, pero asumo la fotografía como un soporte más, me apropio de ella y puede resultar o no, pero no me preocupo demasiado por el resultado final, lo que me gusta es crear, vivir ese proceso, y después veo entonces si funciona o no. Así voy trabajando por series, ya sea con madera, o con telas, en dependencia de cómo me plantee la secuencia de trabajo.
¿Resulta el empleo de la fotografía de un interés por lo documental?
Esa es precisamente una de las razones por las que incluyo la fotografía en mi obra. Yo quería que la gente se viera reflejada directamente, que se viera como imagen. Empecé con gigantografías que exponía en los solares y en las que los protagonistas eran las mismas personas de esos lugares, gente que generalmente ha estado subvalorada y omitida por el arte. En esos casos las mismas personas escogieron los títulos de las obras y era muy estimulante para ver como ellos se reconocían en las piezas, no como objetos, sino como sujetos. Esta ha sido una experiencia que también me ha permitido mostrar fuera de Cuba parte de nuestra realidad.
¿Le interesa entonces hacer un arte que sea participativo?
Por supuesto, todo el tiempo. Me gusta provocar los sentidos de los espectadores. En esta exposición, por ejemplo, Ciudad quemada está hecha con tablas de madera chamuscada, y eso hace que tenga un olor peculiar que puede sentirse perfectamente. Uno puede acercarse y experimentar, en efecto, el olor a quemado de esa madera, por lo que la pieza no se queda en el plano de lo visual, en este caso tridimensional. Me gusta que la gente se acerque a las piezas, que las toquen también, que jueguen con ellas y en cuanto al trabajo con los olores es algo que seguiré experimentando y en lo que actualmente estoy inmerso.
¿Qué próximas exposiciones le esperan a su obra?
Próximamente tengo varios compromisos en diferentes eventos de Europa y también en Sudáfrica y por otra parte, espero poder seguir exponiendo junto a la obra de mi abuelo. |