 Bajo la luz de un flamboyán
Por: Rubens Riol Hernández
El pasado 9 de septiembre quedó inaugurada en la Sala transitoria del Museo de la Ciudad de La Habana la exposición personal Víctor Manuel: Retratos y paisajes, proyecto exhibitivo que llega a nosotros como resultado de la nueva estrategia diseñada por el equipo de museólogos de esta institución para dar a conocer sus valiosas colecciones de artes plásticas. La muestra, conformada por un total de nueve piezas, entre ellas, óleos sobre lienzo, temperas y pastel sobre cartulina, ilustran de manera breve -aunque panorámica- los distintos géneros pictóricos y técnicas artísticas defendidas por este creador, y además, cuenta con el atractivo de incluir la paleta del artista procedente de una colección privada.
Así, en una sala pequeña pero acogedora, quedaron dispuestos algunos retratos femeninos, paisajes rurales, dibujos al carboncillo de rostros infantiles y una vista nocturna de la ciudad (casi una rareza en la poética de este artista, que gustaba tanto de representar la luz del trópico). No podían faltar, desde luego, sus jóvenes mestizas, muchachas pletóricas de gracia y carnalidad, tipología que hiciera de su repertorio un índice mucho más original. Casi todos los retratos nos recuerdan la inolvidable sensualidad de su Gitana…, sobre todo por la maestría de la línea, la suavidad de las formas, el colorido en ocasiones casi estridente y esa correspondencia sutilísima entre academia y modernidad.
Víctor Manuel García (1897-1969), es uno de los pintores cubanos más significativos de todos los tiempos. Nadie escapa fácilmente al hechizo tremendo de su obra. Esta exposición llega sobre todo al público joven, con el ánimo de que puedan confrontar su obra (expresión culta de nuestro patrimonio) y disfrutar quizá por vez primera sus flamboyanes junto al río, que no dan sombra, sino una luz intensa, vivísima, enceguecedora. |