Almendrones de De la Nuez en la sala Majadahonda
RESEÑA
Por: Jorge Rivas Rodríguez
Una muestra de dibujos del reconocido artista cubano René de la Nuez (San Antonio de los Baños, 1937) -Premio Nacional de Artes Plásticas en 2007-, se encuentra abierta en la sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en La Habana Vieja, donde el público puede disfrutar de un discurso en el que se conjugan el humor y la reflexión en el tratamiento de temas relacionados con la vida urbana.
A través de 25 piezas, realizadas en tinta y acrílico sobre cartulina y tela, el caricaturista, dibujante y pintor, creador de famosos personajes como el Loquito, Mogollón y Barbudo, da continuidad a ese recurrente interés que evidencia en toda su obra precedente, signada por la valoración crítica de asuntos inherentes a la sociedad y a los problemas de su tiempo, vistos a través de un prisma auténticamente criollo.
Convencido de que a través de la caricatura y del dibujo humorístico puede lograrse -con extraordinarias economía de recursos e inmediata comunicación con el espectador-, un discurso que en tanto provoque placer igualmente inste a la reflexión. Tal ha dicho De la Nuez: “la gente no se ríe de lo desconocido sino de lo que llega a formar parte de un conocimiento que deja huella. Tras ella irrumpe el ejercicio de las expresiones gráficas que 'enganchan' a los más ilustrados y los de menores niveles de conocimiento, pues todos lo comprenden”.
En sus recientes almendrones, el multifacético artista recurre a un tema que, aunque muy transitado por otros creadores, nos ubica con inmediatez en el centro de algunos de los problemas más acuciantes para los cubanos de “a pie”. De tal manera, recrea en sus dibujos las infinitas transformaciones, adaptaciones y “milagros” de la mecánica que hacen posible que aún transiten por toda la Isla incontables autos americanos de diferentes marcas, fundamentalmente construidos desde principios del pasado siglo hasta poco más de mediados de esa centuria. Por ahí andan, para sorpresa de los nacionales y extranjeros, “con sus injertos e inventos, resistiendo el tiempo para vivir y triunfar”, afirma De la Nuez.
Es así como el también Premio Nacional de Humor Gráfico 2008, establece en estas obras analogías, metáforas y contrastes que en última instancia constituyen profundas valoraciones de la compleja realidad en que viven los cubanos hoy.
Carina Pino Santos, curadora de la exposición, en las palabras del catálogo de Almendrones, afirma que no se trata de un exhibición de obras “no exentas de dramatismo”, las cuales “destilan el humorismo costumbrista subyacente” en toda la obra del artista; mientras el prestigioso poeta Víctor Casaus, director del Centro Pablo de la Torriente Brau, subraya que De la Nuez ha construido la memoria de nuestro país, a partir de su talento. Su obra es importante porque reivindica el género de la caricatura, que él ha llevado mucho más lejos, en dibujo, pintura. Es, un arte agudo, inteligente, analítico que busca las raíces a través de las claves de nuestro modo de ser.
En la alegoría, el sarcasmo y la exaltación de lo auténticamente cubano, en sus almendrones, este maestro igualmente alude a la ciudad, a esa estrecha y mística relación entre La Habana de nuestros días y su gente, tan heterogénea como lo son los engendros de sus autos.
“Son, como cada uno de nosotros, deambulando por La Habana con su carga de cubanía e identidad, como el alma de la ciudad en perenne movimiento. Ante cada obra, cual mágico espejo muchos podrán encontrarse. Es la manera en que Nuez ha descubierto, en su tiempo, las formas y claves de lo cubano, como antes hizo con las raíces africanas de nuestra nacionalidad que, en un tiempo pasado, también germinaron sobre las superficies de sus obras”, expresa el crítico Toni Piñera. |