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Yo quiero pensar con la Danza

Por: Dainerys Machado Vento
Fotos: Antonio Pons

Para Ramiro Guerra no hay apelativos que lo describan en una justa medida. Todavía usa todo el cuerpo para expresarse, y piensa en términos de escenografía, vestuario, teatralidad. Cuando llegó al encuentro que la AHS y la UNEAC le habían preparado con las nuevas generaciones en la Jornada de Arte Joven, quiso desorganizar el espacio de la sala Villena. “Pensé que esto iba a ser menos formal”, sonrió cuando se vio delante de micrófono y público.

Desde que comenzó a hablar no paró de mover las manos, no dejó espacio al encartonamiento que a veces padecen espacios de ese tipo, y transcurrió su diálogo tan natural, que a veces parecía que todos estábamos ausentes y que Guerra hablaba con un viejo amigo, o con un amigo nuevo de esos que sin demasiadas razones ganan toda nuestra confianza.

Interrogado por el moderador del encuentro, el periodista Michel Núñez, sobre el mercantilismo y la danza, Ramiro comenzó una oración que no detuvo más su ritmo, hasta convertirse en diálogo, o mejor soliloquio de simpatías.

“Creo que el mercantilismo es la peste actual de la Danza Moderna”, sentenció. Y todo el que lo escuchó esa tarde supo sobre el interés del fundador del Conjunto Danza Contemporánea, de que la danza sea mucho más que movimiento y disfrute estético. 

“La danza es para que la gente piense, se motive, se emocione, o que los tire al suelo (…) creo que la danza, como todo lo que se presente visualmente, tiene que dejarte algo para que te lleves a casa, te la tienes que llevar dentro como preguntas”.

Guerra, elocuente y expresivo, contó cómo había sido su descubrimiento del cuerpo humano, una mañana tropical en que un grupo de amigos decidió ir a la playa y fueron todos a probarse los trajes de baño. “Descubrí los misterios de los cuerpos, lo que no se veía, que un muchacho fuerte hacia arriba podía tener las piernas flacas, y que el que tenía el pelo de la cabeza rojo, tenía todos los pelos del cuerpo del mismo color”. Para ese momento ya era el bailarín del barrio, “en todas las fiestas las muchachas dejaban a sus novios para venir a bailar conmigo y luego volvían con ellos”. 

Contó que se hizo artista en la universidad, mientras estudiaba la abogacía que su padre adoraba. Y entre comentarios, y sin resentimientos ni enjuiciamiento, latió su temor por la danza contemporánea que se crea hoy en el mundo y especialmente en Cuba.

“La globalización está perdiendo las identidades”, aseveró acerca de cómo los coreógrafos de danza moderna asumen las corrientes, técnicas y estilos del presente sin pensar a veces en las esencias que le son inmediatas. “Los cubanos somos ondulantes al caminar, al movernos, y eso es lo que no veo en muchas obras, porque utilizan esa técnica tan atlética, que están tan vigente internacionalmente. No puedo decir que mi idea es la correcta, porque el mundo está cada vez más globalizado, pero los patrones de hoy vienen con ética que no son latinas”.

Imponiendo ante todo la necesidad de la danza para fomentar el pensamiento, enfatizando en la belleza de lo sugerido que es mucho más complicada que el desnudo como recurso estético del éxito comercial, defendiendo sus ideas sobre una danza que no emplee al bailarín y su cerebro solo como músculos, transcurrió el encuentro con Ramiro Guerra.

Una joven periodista, sentada a mi lado, se llevó a casa su pregunta con una timidez que no la caracteriza: ¿Cómo un hombre tan transgresor en su época hoy se cuestiona los cambios estéticos en la danza? Desde estas líneas me atrevo a contestar en nombre de Ramiro Guerra: él sigue siendo un hombre del futuro, pero es, sobre todo, un hombre de pensamiento. Mejor, armo para ella una respuesta a base de los fragmentos de sus palabras: “Cuando empecé a hacer la danza moderna también nos cuestionaban las técnicas, los bailarines de la época nos decían que no bailábamos y solo consideraban danza sus piruetas (…) El bailarín hoy es muy atlético y hace barbaridades con su cuerpo, pero tienen que hacerlas diciendo cosas (…) Yo quiero pensar con la Danza, y he hecho pensar mucho, de no ser así no hubiese enfrentado todas las críticas que enfrenté”.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.