
Translúcidas consideraciones a la obra Por gusto
Por: René A. Fernández Santana
La puesta en escena de Por gusto consigue atraer e interesar a diversas zonas de nuestro público. Lo sentí en la función que presencié el sábado 24 de septiembre. El compartir de los intérpretes y los espectadores en un diálogo vivo era evidente, acción necesaria en el hecho escénico. La vigente actualidad mueve montañas y pensamientos.
Sin ánimo de profesar el ejercicio de la crítica, lo que más admiro de estos jóvenes creadores miembros de la AHS es la reinterpretación que han hecho del texto de Abel González Melo. Con audacia lo han hecho suyo, han vivenciado con el autor un texto llevado por la impresión de la memoria existencial del momento, lleno de encrucijadas y barreras que parecen no incidir, pero están presentes en el hoy.
La partitura que dialogan, discuten e interactúan los cuatro personajes, intérpretes, jóvenes -Marcos, Henry, Laura y Leandro-, con los espectadores en una diversidad de niveles de comunicación es algo que hace evidente la actual vista de la juventud en sus contradictorios espacios sociales y el desenfadado manejo que hacen de su privada intimidad. La propuesta se despoja de un espacio convencional, nos abre las puertas a inquietantes lugares que tocan el desnudo de paredes, rincones, andamios compartidos, escaleras peligrosas, benditas oscuridades, muros graficados, columnas elevadas al cielo, realidades circundantes, piso con calles imaginadas, etc.
Es un debate actual, sin discurso politizado, cambios, transformaciones, ni pretendidas soluciones. Exponer de otro modo estos nuevos fenómenos sería una falsa conciencia. Toda esa inmediatez hace atractiva la puesta y nos invita a penetrar en esos mundos complejos y particulares de estos jóvenes. Ellos nos revelan lo desconocido e ignorado de sus relaciones en parques, esquinas, calles y cuatro paredes en sus convivencias extremas. Los que hemos sido jóvenes en el pasado siglo, a veces nos cuesta reconocernos en ellos; son otras personas haciéndonos vivir su tiempo, pero no podemos olvidar que son carne de nuestras cunas, mesas, fiestas, desfiles, escuelas y gritos.
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Estos cuatro seres que monologan y habitan sentimientos cruzados, el amor y los anzuelos materiales de supervivencia, la violencia ultrajada y cuajada, la soledad dolorosa y espectacular, la ausencia de marco familiar, que se torne en un cariñoso abrazo, el desatino del sexo, el refugio y la esperanza de un cigarro, una cerveza con ensoñaciones, la sordera alienante que producen los modernos aparatos en la comunicación, para no dejar oír el beso arañado y con poca paz, la cotidianidad lastimada de la actual realidad, el dormir de día y vivir de noche, el compartir los besos con más de dos. Todo esto en la mirilla, criticado por viejos consejeros con ausencias de tolerancia de lo que hemos vivido con anterioridad. Todo lo cual necesita críticas nuevas. Hay que mirar a estos jóvenes con benevolencia, sin ultrajar las esencias de sus almas y pasiones.
Después de la función compartimos las emociones del sentido espectáculo. Fueron silenciosos y sus abiertas miradas tenían fugas a su compromiso con el arte teatral y la existencia que viven sin implicaciones de reservas y rencores a nuestra convulsa realidad. Solo les pedí que no perdieran el alma y la creencia en el compromiso con lo que dicen cada vez que salen al espacio de la escena.
Repito que en la puesta se transparenta el respeto a la vulnerabilidad de la híper-realidad de la que nos divertimos o sufrimos, y su incidencia en la contemporaneidad del país, el pensamiento, los cuerpos y la piel.
Antes de terminar, no quiero dar opiniones de aspectos técnicos-artísticos a superar, los compartí con ellos esa noche; sé que tienen talento y energía para superarlos. Los más difíciles ya los cumplen. En su plena entrega ellos conmueven con sinceridad a los espectadores, con la vehemencia de ser mejores en esta Isla. Felicitaciones a Pedro Franco y a los que lo acompañan, al desempeño del elenco que presencié: Héctor Luís Cabrera, Radael Almeida, Sonia María Cobos, Alejandro Cisneros. Al equipo de creación, a los técnicos y a todos. Finalmente quiero elogiar la iniciativa de la AHS Matancera, a su presidente Iriam Olivares, Williams Quintana y nuevamente a Pedro Franco.
No me extrañan estos bríos, ya en el presente año 2011 dicha organización generó junto a Teatro Papalote, nuestro siempre esperado Estudio Taller de Primavera con magníficos logros y resultados en el quehacer titiritero cubano.
Se hace necesario en el escaso panorama cultural de esta ciudad que siempre tuvo una vida escénica activa, acontecimientos como este protagonizado por jóvenes con acciones teatrales en nuestra Atenas de Cuba dormida. |