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Teatro del silencio: la voz más profunda de un actor

Por: Narmys Cándano García

“No es el ideal el que debe descender a la vida sino la vida la que debe ascender al ideal”.
Surami Vivekananda

Cuando nuestro ser interno es capaz de transmitir sus pensamientos, pueden ocurrir cosas increíbles; cuando la conjunción de capacidades y actitudes que forman ese híbrido hombre-espíritu es explotada desde sus más elementales principios, podemos conocer esa dimensión otra que la propia existencia humana guarda para sí.

Con tal propósito Teatro del silencio alza la voz más profunda de sus jóvenes integrantes para mostrar al público cuánto se puede ofrecer sobre las tablas mediante la encarnación, vista más allá de la  interpretación, de un personaje.

A través de lo que su director, Rubén Sicilia, ha denominado teatro ontológico, esta compañía experimenta una cercana relación actor-espectador, donde el público se hace partícipe de las reflexiones y diálogos que ofrece la puesta.

Quizás el nombre de Teatro del Silencio puede traer la imagen de una compañía de mimo, como es el caso de algunas homónimas en Chile y Costa Rica. Sin embargo, Rubén Sicilia asegura que el grupo no busca la anulación de la palabra, sino una asimilación de la poética del gesto que unida al diálogo permita extraer lo que está escondido en el actor, lograr un equilibrio entre texto, acción y conflicto.

Una escuela singular

Creada hace solo seis años, esta compañía se nutre de jóvenes artistas quienes acompañan a su director en el empeño por transgredir cánones en cuanto a la puesta en escena para, lejos de repetir fórmulas de éxito, lograr que cada montaje constituya una negación del anterior, una novedosa (re) construcción de realidades.

Prisionero y verdugo, la obra que marcó el inicio de su trabajo, dio las primeras señales de singularidad y un viraje en nuestras tradiciones dramáticas que  comenzó a marcar una diferencia feliz dentro de la contemporaneidad de las tablas cubanas.

Hasta la fecha, el grupo ha optado por el pequeño formato, con el que ha llevado a escena  con uno o dos actores como máximo varias piezas de la autoría de su director, como Juicio y Condena Pública de Charlotte Corday o la Pasión de Juana de Arco.

La fórmula ha dado excelentes resultados pues tanto la crítica especializada como el público aplauden el probado histrionismo que demuestran los actores al desdoblarse en dos o más personajes. Ocurre entonces una constante pero definida metamorfosis en la que el artista cede su cuerpo y su voz  a ese nuevo ser que se nos ofrece completamente real como resultado de una eficiente introspección y una minimalista búsqueda interior.

Justamente el mayor reconocimiento para esta joven compañía radica en su atrevimiento a rescatar para las artes escénicas cubanas un método ya casi extraño a nuestras salas: el teatro de proceso, como lo bautizara Vicente Revuelta. También denominado teatro experimental, se trata de una preciosista forma de hacer que explora y explota al máximo las capacidades físicas y síquicas del artista, hasta lograr que aflore toda la capacidad interna que puede ofrecer una simbiosis de cuerpo y mente, quizás la más poderosa a la hora de atraer al espectador desde la espectacularidad esencialmente humana.

Con ese fin su director acumula ya casi 30 años de investigación en los que ha indagado en las técnicas necesarias a fin de preparar correctamente al actor para una interpretación de tal complejidad. Rubén Sicilia ha tomado como referencia, además del ya mencionado Vicente revuelta, a Eugenio Barba, María Jiménez, Jerzy Grotoski.

En ese sentido, Aliuska López León, una de las actrices del grupo, pone como ejemplo de los ejercicios con los que mejora sus habilidades naturales largas horas de improvisación, calentamiento de la voz, entrenamiento físico; métodos que Raysa Debeche Barro, su compañera en el escenario, agradece por permitirle llegar al “autoconocimiento y lograr el perfeccionamiento de acciones que en otros momentos lograba por azar y que ahora puedo repetir gracias al dominio de nuevas técnicas”. Ambas realizan su servicio social en el grupo y alegan sentirse muy a gusto con el nivel de aprendizaje y el rigor profesional que han adquirido con ese tipo de trabajo.

Crecer a contracorriente  

A pesar de mantenerse hasta el momento con pequeño formato, Teatro del Silencio quisiera incorporar nuevos actores a fin de preparar puestas en escena de mayor magnitud. Sin embargo, admite su director que actualmente la necesidad de autoproducirse, la falta de espacios y la dificultad para encontrar actores dispuesta a desarrollar un trabajo sobre las tablas más intenso de lo común, atentan contra ese sueño.

No obstante, los proyectos no se detienen. Rubén Sicilia planea llevar a escena temas más actuales y nos pone como ejemplo Distopía, una obra de su autoría que trata los conflictos de una familia cubana contemporánea. Además, la compañía prepara el montaje de una obra para todas las edades, un espacio donde los personajes míticos y la magia sean capaces de atrapar tanto al niño como al adulto.     

Resta ahora esperar por el apoyo institucional y posteriormente, una buena acogida del público presto a apreciar un teatro “diferente”. En ese sentido, los integrantes de la compañía muestran preocupación porque precisamente, la particularidad que distingue su trabajo debería ser ley para el resto de los grupos, pero la realidad es otra.

Señala Sicilia que la falta de lectura e investigación lastran actualmente la fuerza interpretativa y el rigor artístico de muchas puestas en escena. Como resultado, apunta, se ha producido una “banalización del pensamiento y la apreciación cultural, lo que conlleva a una pérdida de la memoria cultural “.

Entonces, tales apreciaciones deberían llevar a la reflexión y por que sirven de elogio a esta joven agrupación que empeña en cada puesta todo su poderío físico y mental, con un trasfondo cognoscitivo e investigativo casi único.

Queda demostrada así la afirmación de la actriz Aliuska López León cuando nos declaró que a veces se piensa solo en las compañías reconocidas como las más apetecibles sin saber que fuera de ellas y desde un particular “silencio” se pueden hacer grandes obras.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2011.