
Pinocho de Estaciones: todo corazón, siempre madera
Por: Amelia Duarte de la Rosa
Maravilla de maravillas -como expresara en una ocasión Armando Morales, director del Guiñol Nacional- el arte titiritero mantiene un lugar cimero en el panorama escénico de la Isla. Cada mes uno o varios estrenos aparecen en cartelera para invitar al disfrute y goce de un teatro que, aunque destinado a los más pequeños, es capaz de revivirnos la ilusión y adentrarnos en el espectacular mundo de los títeres. Pinocho, corazón de madera, el último montaje del grupo matancero Teatro de las Estaciones, dirigido por Rubén Darío Salazar, posee esa virtud de añoranza y reencuentro.
Basada en el cuento original que en 1880 publicó el escritor florentino Carlo Collodi en el Giornale dei bambini, la adaptación escrita por el dramaturgo Norge Espinosa se estructura a manera de flash back cinematográfico. La historia comienza cuando el gran tiburón Leviatán devora al niño - muñeco de madera y junto con él a su padre Gepetto. Dentro del animal, Pinocho le cuenta toda la verdad a su padre.
Travesuras, encuentros, engaños, especulaciones, burlas y dudas aparecen en la narración donde toman partido personajes malvados como Lady Milady The Fox, Monsieur Le Chat, Chupafuegos, Tragallamas y Comecandela; y otros de buenos sentimientos como el Grillo Buena Conciencia, el Hada azul y los títeres Arlequín y Polichinela.
Interpretados por Iván García (excelente en sus roles de Pinocho y Buena Conciencia), Fara Madrigal, Rubén Darío Salazar, Luis Torres, Karen Sotolongo y María Laura Germán, los distintos personajes que protagonizan esta puesta se nutren de su concepción original; pero se comportan desde la realidad de nuestros días, lo que sitúa la obra en un contexto reconocible y entendible para el público de todas las edades. También Pinocho entre el ayer, el hoy y el mañana, no pierde su esencia y continúa siendo el títere rebelde y curioso que sueña con convertirse en un niño de verdad.
El muñeco de madera más famoso del mundo se asoma a la escena desde la realidad contemporánea expuesta a la tecnología y a la información mediática. En medio de celulares, «emos», «frikis», clases sociales y la música de los Beatles, el archiconocido personaje canta, baila, interactúa con los actores y se mezcla con los espectadores a través de un juego de alusiones, parodias, citas, críticas y reflexión.
Este dinámico montaje de las Estaciones, que según su propio director creció de la inocencia al aprendizaje y de la enseñanza a la interpretación propia del mundo, posee una factura fabulosa. La fórmula que encontró la compañía para el texto de Espinosa se apoya en la funcionalidad de la escenografía, el oficio y magisterio del vestuario y las figuras animadas ideadas por Zenén Calero, la música de Elvira Santiago, la coreografía de Liliam Padrón, la labor de costura de Migdalia Seguí, y la participación de invitados como el maestro José Antonio Méndez y el Coro de Cámara de Matanzas.
Pinocho, corazón de madera -estrenado mundialmente el pasado mayo durante la Feria Internacional del Títere de Sevilla, España- conmueve no solo por articular una solución completamente nueva al clásico, sino por convertir a Pinocho, mucho antes del final de la historia, en un títere con conciencia y corazón.
Una vez más las Estaciones, que hace unos meses realizó una exitosa presentación en Miami con la puesta Por el Monte Carulé, vuelve a deleitarnos con la enseñanza y el buen gusto del excelente arte titiritero. |