
Monse Duany: "Necesito personajes que me hagan vibrar"
ENTREVISTA
Por: Lázaro Jorge Carrasco
Temperamento implacable, Monse Duany es acreedora de esa estirpe de actrices que despiden energía, concupiscencia. Seguramente el público se revolvía como yo en la platea del teatro Mella mientras Monse se vestía con la piel de María Antonia, la no menos temperamental mulata de la Cuba republicana.
Hilda Oates es Hilda Oates. Cada actuación es irrepetible, como son irrepetibles los minutos del día y el genoma humano, los Beatles y Madame Bovary. Pero Monse Duany es Monse Duany. Y cuando dice que María Antonia es un personaje en el que se le va a uno la vida yo le creo.
“Me encanta que María Antonia sea irreverente, porque eso es lo que le ha permitido llegar a 2011. Yo, como persona, quiero saltar por encima de las ataduras religiosas, sociales, morales. Quiero decidir, como ella si muero o no.”
Una de las inquietudes que la reposición de María Antonia ha generado consiste en su coherencia con la contemporaneidad. ¿Qué diferencia a la María Antonia del año 67 y la de ahora?
«Nosotros no íbamos a montar María Antonia en un principio, sino María de los cuchillos, también de Eugenio(Hernández Espinosa). Pero un grupo de personas, entre los que estábamos Santiago Alfonso y yo, lo convencimos de que María Antonia estaba aún vigente. A pesar de que ha pasado mucho tiempo entre el estreno de la obra a cargo de Roberto Blanco, esta nueva puesta, ahora dirigida por su propio autor, nos remite a nuestra propia cultura y nos dice que el tiempo solo ha hecho que la cultura afrocubana, menos abordada en aquellos años, está mucho más difundida hoy en nuestra sociedad. Ahora hay también más licencia para el tratamiento de estos temas religiosos.
María Antonia es la misma. Y es triste que todavía esté vigente. Porque aún existen barrios parecidos. Y queremos que los barrios sean diferentes. Por eso yo prefiero a Carlos que a Julián. Porque Carlos quiere cambiar el barrio sin que pierda su esencia. Pero Julián quiere comprarlo. Solo eso. María Antonia está hoy porque no quiso contar un día lo que pudo haber sido y no fue. Ella prefirió morir. Morir y, a la vez, dejar un futuro.”
¿Te apoyaste en alguna grabación de la puesta en escena de 1967 para la representación del personaje?
“Existe una grabación de Hilda representando a María Antonia. Yo no la he visto, por suerte. No tiendo a ver este tipo de grabaciones. Yo quería un trabajo mucho más desde lo personal. Quería lograr algo que no hubiese presenciado. Además de que Eugenio trabaja a partir de las características específicas de cada actor. Sin embargo, es innegable que Hilda Oates ha estado bastante cerca de mí desde la preparación del personaje incluso.
Ella me ha hablado mucho de la vida. De su vida. Y esa cercanía me permitió representar el personaje. Hilda me dijo: “María Antonia está en la calle. Búscala”. Los actores somos muy observadores. Y sin que lo notara, a quien yo estaba observando era a ella misma. En cuanto a la grabación, la hubiese visto quizás si ninguno de los dos, ni Hilda ni Eugenio, hubiesen estado vivos. Pero tenerlos a ellos al lado fue la ayuda fundamental.”
El papel de La Lupe fue uno temperamental, que despedía desenfreno y lo hacía pasionalmente, como en efecto era la cantante. Ahora es María Antonia, no menos desenfrenada. No menos pasional. ¿Es casualidad que hayas encarnado dos personajes tan estremecedores, o crees que te buscan porque ven en tu personalidad algo o mucho de similar?
«Para La Lupe querían encontrar alguien, sobre todo, que pudiese cantar y bailar. No me buscaron por mi físico, porque en realidad mi físico no era muy similar al suyo. Creo que en lo único que nos parecemos es en que ambas nacimos en Santiago de Cuba. Aunque me imagino también que haya influido bastante mi carácter.
Con María Antonia sucede algo parecido. Ella es el compendio de muchas mujeres, y un personaje muy sensual, como la propia Lupe. María Antonia es un pedazo de cada una de las obras en las que he trabajado con Eugenio. Me ha permitido ser de diferentes formas en una misma obra, pasando de lo cómico a lo trágico. Pero sí, quizás haya influido mi forma de ser, mi carácter.
¿Satisfecha con lo hecho?
Aunque el público esté encantado yo siempre necesito tiempo para disfrutar más el personaje. Soy una actriz que pasa bastante tiempo interpretando un mismo personaje. Emelina Cundeamor tuvo más de 100 presentaciones. Con La Lupe sucedió algo similar. Y María Antonia también estará todo un mes en el escenario.
Me gusta el trabajo que he realizado con Eugenio. En esta obra me hubiese gustado, sin embargo, que lo hubiese acompañado la mano de algún dramaturgo más joven. Ahora mismo pienso en Julio Moracen, que por desgracia no se encuentra en el país.
Por mi parte yo quiero que la gente vibre con María Antonia desde el comienzo hasta el final. Que la gente salga del teatro en un estado de duda. Que duden si en realidad ella ha muerto o si su muerte solo ha ocurrido físicamente.
¿Qué harías después de María Antonia?
Después de María Antonia yo haría Madre Coraje. Recuerdo que, luego del estreno de la obra en el Mella, Norge Espinosa me dijo: «Ahora: Madre Coraje». Y al otro día lo primero que hice fue buscar mucha información sobre la obra. Ese es un personaje como los que yo necesito. Porque yo necesito personajes que me tambaleen, que me hagan vibrar». |