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Las buenas lluvias de Mayo Teatral

Por: Dainerys Machado Vento

A pesar de las escasas lluvias, de la sequía, a pesar de ciertas ausencias de domingos, mayo también puede ser un mes de encuentros y alegría. Cada dos años la temporada Mayo Teatral suele llenarlo de expectativas para los adictos al teatro. Casa de las Américas invita, e invariablemente responden los más valiosos grupos de la región, con la certeza de encontrar en Cuba un público cálido, conocedor de las artes escénicas, y respetuoso, a su manera siempre tan peculiar, de las más diversas estéticas del continente.

El colectivo Yuyachkani, de Perú; Matacandelas, de Colombia y Timbre 4 de Argentina, estuvieron entre los más esperados en la temporada. Por todos hubo que batir palmas, y hasta en las puestas nacionales que subieron a escena como parte del evento, todas en calidad de reposiciones, se llenaron todas las butacas.   

Mayo Teatral no logra convocar a la cantidad de público que el Festival de Teatro de La Habana, sus propuestas son diferentes; pero el público que asiste lo hace interesado específicamente en aquello que se le propone, y ha ido aumentando en sus sucesivas ediciones.

Entre los saldos más alentadores: la prueba de que el mejor teatro hecho en Cuba está a la altura de buena parte del teatro hecho en América Latina y el Caribe. ¿Qué nos falta? Quizás un poco más de plasticidad, o de experimentación, o un poco menos de temor a que los textos sean quienes elijan sus puestas y no al revés.

Algunas (a)puestas de Mayo

Matacandelas trajo a Fernando González. Velada metafísica, un espectáculo con la rara dualidad de ser denso y espectacular a la vez. Construido de cabo a rabo sobre la filosofía de ese escritor colombiano poco revisado en esta Isla, la pieza logra mostrar la vida de ese hombre, en ese país, a través de buena parte de su epistolario.

Lo curioso es que no es un epistolario asumido como fórmula primaria para el diálogo teatral, sino que por muchos momentos se adivina el contenido de las cartas en su estado original, pronunciado por los diferentes actores-personajes de frente al público, o a una luz, o algún movimiento escénico. Sí, porque Matacandelas y su director Cristóbal Peláez apelan mucho más a los recursos sonoros (texto, música, sonidos) que a los visuales, como si no hubiese otra manera de recrear en la escena la vida de un hombre que se dedicó justamente a la sonoridad de las letras.

Y así Fernando González. Velada metafísica resultó un espectáculo oscuro -en su iluminación, vestuario, diseño de personajes- y claro en la ideología que maneja, en los fragmentos de historias de vida que cuenta entrelazados y descontrolados cronológicamente.

Suda-k-ribe trajo una propuesta similar en su contenido ideológico, pero bien diferente en su concepción teatral. La razón blindada también nació de la historia real de un hombre, o de dos, más normales o comunes que el filósofo de un país; pero el montaje de la pieza parte en todo momento del juego como solución a la expresión escénica.

Su directora, Rosa Luisa Márquez, impartió en tres ocasiones el Taller Educ-Arte: el juego como disciplina teatral, y todos los conocimientos teóricos y estéticos que ofreció a sus alumnos fueron recursos empleados con anterioridad en el montaje de la pieza de Arístides Vargas. Dos presos se cuentan historias, se enajenan de la tristeza de sus celdas, blindan su raciocinio más que sus razones, y terminan también filosofando sobre la vida.

Latinoamérica a pulso: la obra de Matacandelas recuerda más de una vez a la Rayuela y la ideología misma de Julio Cortázar, que se empeñaba en ver todo lo lejano-París- como auténtico, más su propio país tan burdamente empeñado en ser original. Mientras en la obra de Suda-k-ribe laten los dolores y preocupaciones de pueblos que conocen la colonización en todas sus formas.

Gatomaquía, de la Compañía Teatral La Cuarta, de Uruguay, propuso una sutil parodia de la obra de Lope de Vega. Esta revisión del teatro clásico español, está actualizada en todas sus esencias, no solo desde las formas de narrar, también desde la apelación a recursos musicales contemporáneos como el hip-hop.

Mas no escapa de la tentación de filosofar sobre la esencia misma de los seres humanos, y en su reseña se lee: “entregándose al espejo del humor nos pinta con cierto cinismo y picardía lo mejor y lo peor de la condición humana”.

La tradición de trabajo teatral y político de Yuyachkani con más de tres décadas, su presencia constante en las temporadas de Mayo Teatral, confirmó una vez más la importancia que los colectivos más importantes de la región otorgan al encuentro.  Hecho en Perú (Vitrinas para un museo de la memoria), con dirección y concepto de Miguel Rubio Zapata y El último ensayo, basado en textos de Peter Elmore fueron las principales propuestas del colectivo andino, y estuvieron entre lo más aplaudido en la temporada.

Colaterales que son tradiciones

El actor como figura clave de la creación teatral fue el tema de este Mayo Teatral, de ahí que los Talleres, que se celebran siempre como parte del evento, estuvieran dedicados a esa especialidad y sus recursos dentro de las artes escénicas.

Además del impartido por Rosa Luisa Márquez, Elcio Nogueira del Teatro Promiscuo, de Brasil proyectó sus conocimientos en Encarando al personaje, mientras Los escenarios del actor fue la propuesta de Cristóbal Peláez, de Matacandelas. Como en años anteriores los matriculados en esas clases se distinguieron por la juventud. Siempre es bienvenida la oportunidad de ponerse al día, más aún cuando se trata de recibir conocimiento de primera mano sobre estrategias de trabajo que muchas veces colocan a la creatividad colectiva-poco frecuente en Cuba- como centro de la escena.

Varios fueron los grupos nacionales que reservaron estrenos para este mes, inundando las sedes y subsedes del evento de un exquisito ambiente teatral. Tal fue el caso de Lo que le pasó a la cantante de baladas que José Milián propone en el Bertold Brecht.

La entrega del Gallo de La Habana a un colectivo o figura destacada en las tablas de Latinoamérica y el Caribe es otra tradición colateral a las puestas de Mayo. El  reconocimiento lo recibió esta vez el chicano Luis Valdéz. Podríamos presentarlo como el director de la película La Bamba, pero su mayor mérito radica sin dudas en ser el creador del primer teatro campesino en Norteamérica, proyecto aún saludable.

Así como a Cristóbal Peláez le surgió en Casa de las Américas la idea de crear Fernando González…; en su visita a Cuba, en 1964, Valdéz sintió las influencias de toda una Isla que transpiraba su realidad a través de las artes y decidió un año después fundar un colectivo teatral dedicado a la lucha de la clase campesina en su país.

Mayo Teatral debe muchísimo a todas estas personalidades de las tablas, que a veces dejan a un lado ciertos compromisos de mayor presupuesto para no faltar a su cita cada dos años. Pero será acaso porque ellos también sienten que le deben mucho a Cuba, a la Casa de las Américas y al público que los acoge. Por eso, a pesar de las escasas lluvias de mayo, en este país el teatro sigue reverdeciendo en primavera.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.