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Revista Tablas

La teatralidad en un debate

Por: Dainerys Machado Vento
Fotos: Antonio Pons

No es la primera vez que la Asociación Hermanos Saíz propicia un debate donde se discute la existencia de joven creación escénica en Cuba. Pero en el Panel “Joven teatro Cubano”, celebrado en la jornada de arte de esa organización en la UNEAC, los cuestionamientos de los participantes trascendieron las pocas oportunidades que tienen los jóvenes directores cubanos hoy de asumir trabajos de importancia, o lo reducidas que siguen siendo en provincia las posibilidades de llevar las creaciones al público mayor de la capital.

La crítica e inteligencia que ha caracterizado siempre en la Isla a las jóvenes generaciones de teatristas, quedó probado nuevamente en las palabras de William Ruiz, especialista del Consejo Nacional, al decir que “muchas veces por una tradición institucionalista existen una serie de etiquetas que nada nombran. Teatro joven no tiene que significar necesariamente teatro de renovación, porque es simplemente una etiqueta”.

Sus razonamientos lo llevaron a concluir que el director no es un simple espectador especializado. Su figura ha adquirido una inmensa relevancia simbolizada en los conocimientos, la madurez y el respeto, características que posiblemente hayan dificultado a los jóvenes llegar a asumir esas responsabilidades a partir de la forma en que siempre se ha juzgado a la juventud. Su sentencia condujo el debate hacia valiosos cuestionamientos: “No creo que exista un movimiento de teatro joven ahora mismo en Cuba, hay algunas figuras aisladas entre las cuales hay mucha incomunicación por supuesto”.

Idea que Martha María Borrás, especialista de Casa de las Américas y de la revista Conjunto, complementó al decir que “nos cuestionamos si existe un movimiento de teatro joven en Cuba, pero ¿existe el movimiento de teatro cubano que debe contenerlo?”. Después de comentar algunas experiencias valiosas del quehacer escénico  en América Latina, como el grupo argentino Timbre 4 que produce sus obras en y para espacios reducidos e intimistas, la especialista exhortó también a los colectivos cubanos liderados o no por jóvenes a buscar alternativas para sus creaciones.

La necesidad de entender a la teatralidad desde las diferencias se instauró como centro del debate. El director y actor Miguel Abreu abogó desde su doble papel por “un rostro de la diversidad como ha sido siempre el rostro del teatro cubano”. La desunidad y el sectarismo de una parte importante de los creadores fue abordada desde su experiencia.
Se reclamó además el diálogo y apoyo entre diferentes generaciones que convergen en los escenarios, sobre todo por los espacios de formación que, reconocen los jóvenes, significan el trabajo con los teatristas de experiencia, sea desde el acuerdo o la confrontación.

Junior García, desde su rol como moderador del Panel, propuso diferentes definiciones para el teatro joven, que transitan desde el público para el cual está concebido y los temas que trata, hasta que sea un íntegramente creado, producido, dirigido y actuado por jóvenes. La inexistencia de un consenso para definir un movimiento aún inexistente, probó la pertinencia de estos espacios en contra de esquematismos, pero útiles para pensarse al menos desde las individualidades.

Yoahyna Hernández, editora de la revista Tablas, refirió cuánto ha aportado el proyecto Tubo de Ensayo como espacio de confrontación y materialización del teatro hecho por jóvenes en Cuba. Y el papel del Instituto Superior de Arte en los últimos años también fue elogiado por más de uno.

Desde el público Omar Valiño había propuesto a los más jóvenes desasirse de las ataduras institucionales, y también hacer teatro por amor al arte si fuese necesario o posible: “Lo más importante es que la gene pueda tener el espacio para que se forme al lado de los cinco o siete directores que pueden realmente enseñarles algo”, y más adelante agregó, como reproche a los diálogos que a veces se instauran sin acción, que “la gente tiene que fajarse por esos espacios que reclama, y es más fácil que en la creación audiovisual porque el teatro sí depende de cuatro personas, encerradas en un espacio sin luz eléctrica. Hay que seguir la lucha en las instituciones, pero hay que ganar la lucha haciendo teatro”. 

En medio del debate sobre si un teatro alternativo podía hacerse dentro o no de las instituciones, después que la directora y actriz Irene Borges elogiara el debate al que convidó la AHS, en medio de la valiosa convergencia de diversos puntos de vista sobre la institucionalización o no del joven teatro, Junior García apostilló: “Ahora mismo estamos hablando en un pasillo, porque hemos hablado toda la tarde de instituciones que no están aquí”.

A pesar de la ausencia de directivos del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, a pesar de la ausencia de esos cinco o siete directores de relevancia a quienes los más jóvenes reclamaban la posibilidad del aprendizaje, el Panel “Joven teatro Cubano” fue espacio de debate y aprendizaje. Aportó las reflexiones que a veces muchos excluyen antes de emprender un proyecto teatral, y apeló sobre todo al amor y la disposición de los más jóvenes a crear. Las palabras de Omar Valiño, rompiendo todo orden dramatúrgico, cronológicamente no cerraron el debate, pero sirvieron como conclusión adelantada, como cierre y consejo: “La enemistad más grande que tienen las formas de hacer teatro hoy no están tanto en las instituciones. Los verdaderos enemigos están en los teatristas que representan una tradición forjada en un alto nivel de costumbrismo, que cuando ven algo a un nivel elevado, pero diferente -que no es el teatro joven hoy-, tampoco les gusta”.

Dinamitar esquemas, a pesar de los prejuicios, casi siempre ha sido tarea de los jóvenes, las artes escénicas en Cuba no son una excepción, pero para eso hay que pensarse primero con más organicidad.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.