
Josefina a través del espejo
Por: Barbarella González Acevedo
“Y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.”
Juan 1, 14-15
Josefina la viajera, es la última obra de que hace entrega Teatro el Público bajo la dirección de Carlos Díaz. Se trata de un monólogo de Abilio Estévez que cuenta con la actuación de Osvaldo Doimeadiós.
El espectáculo comienza. Se hace la luz y aparece Josefina con un traje maravilloso, y dorado. En coturnos. Lleva un antifaz en la mano y sobre la cabeza un tocado en forma de barco que devela su esencia de viajera del mundo. Este inicio provoca en los espectadores una expectativa, que enseguida se convierte en asombro, cuando cuatro partenaires o “visitaciones de Josefina”, empiezan a desvestir al personaje, que queda en short deportivo y tenis. El juego entre apariencia y realidad, sugerido en el texto mismo y que, según nuestra humilde mirada, consideramos una constante en el modo de hacer de este director, se hace evidente desde el inicio de la puesta en escena. La simulación es su recurso dramático fundamental. Los espejos y la urna como elementos escénicos esenciales son muy elocuentes al respecto.
Una mujer -interpretada por un actor-, de 130 años, anciana, andarina y algo loca, que habla constantemente con la imagen que le devuelve el espejo, termina revelándose como un hombre de sólo 30 años que nunca ha salido del “cuartucho” donde naciera. “Y yo quiero ser libre, óigame bien, libre, estimado señor juez. ( …) Y si digo que vengo de Alto Songo y llevo ciento cinco años caminando, el que lo quiera oír, que lo oiga, y el que no, que se tape los oídos.” Dice Josefina en lo que es casi una oda a la libertad y al derecho de expresión del ser.
También en cuanto a género se produce un juego en la puesta en escena ya que, si al principio el público no puede contener la risa ante los dicharachos y ocurrencias de Josefina en lo que parece una comedia, al final presenciamos que se trata de una tragedia, que termina con la muerte de la heroína, cual pharmakos liberador del mal.
Todos estos recursos parten del elemento lúdico, para establecer un discurso que razona acerca de la esencia del ser y la nación cubana, en un texto marcado de referentes que forman parte de nuestra identidad como pueblo, entre ellos alusiones a la historia patria, nuestros próceres y mártires y sobre todo a la bandera, presencia constante que, cual relicario o estampa, esta viajera inmóvil lleva en su pecho, -solucionada con una banderita de cuentas muy contemporánea en su espíritu kitsch.
Osvaldo Doimeadiós no sorprende porque sorprender significa “maravillar con algo imprevisto” y no es imprevisible para nadie que este actor se encuentre insuperable en este monólogo. En todo caso este intérprete nos muestra el milagro de una encarnación, y cito a Norge Espinosa cuando afirma en las notas al programa: “Cada vez que un dramaturgo de tanto poderío nos convoque, este intérprete podría ser un rostro más”. |