
Ballet Español de Cuba
¿Falta salero?
COMENTARIO
Por: Cosette Celecia
Los salones del Gran Teatro de La Habana son testigos nuevamente del quehacer del Ballet Español de Cuba (BEC). La compañía ha regresado a su sede habitual después de una larga temporada sin local de ensayo a causa del deterioro y la falta de condiciones de los tabloncillos por un lado, y por otro, debido a las labores de reconstrucción de algunos espacios del otrora Teatro Tacón.
Ahora sus integrantes comparten las jornadas entre el ir y venir de los constructores, en medio de una atmósfera algo enrarecida por los efectos-no precisamente especiales- que provocan los restos de cemento, sin embargo, el BEC, integrado hoy mayormente por bailarines muy jóvenes, se dedica con esmero a su arte.
Resuenan los tacones y repican las castañuelas mientras los noveles intérpretes de la Compañía ensayan en el tabloncillo recién reparado, aunque no en óptimas condiciones. En cada representación reviven parte de nuestra herencia ibérica. Así sucedió a mediados de este enero cuando presentaron en la Sala García Lorca el programa concierto Éxitos del Ballet Español de Cuba en el que incluyeron algunos de los principales éxitos del conjunto, además de estrenos.
El espectáculo, concebido en dos partes, realizó un recorrido por la evolución de las danzas españolas, desde las llamadas clásicas, muy emparentadas con el ballet, hasta las variantes más contemporáneas expuestas en el segundo momento, superior en ritmo y complejidad coreográfica, a la vez que más apegado a las sonoridades populares flamencas.
Éxitos del Ballet Español estuvo protagonizado por la más nueva generación que asumió el cuerpo de baile e incluso algunos solos. En su mayoría provenientes de la unidad docente de la compañía --adscrita al nivel medio de la enseñanza artística en la especialidad de danza--, en ellos se reconocen la entrega, sin embargo, su poca experiencia sobre el escenario reclama mayor rigor en los ensayos y entrenamientos.
En esa ocasión en las coreografías de conjunto faltó la precisión y el sincronismo para alcanzar la belleza de formas y la eficacia de sonoridades que, al menos en esos casos, solo se logra con la uniformidad del conjunto. Resaltan no obstante, a nivel individual, las interpretaciones de Leslie Ung, Henry Carballosa y Víctor Pérez. Mientras Irene, con su dominio técnico e interpretativo, unido a la experiencia que ya la acompaña, sigue dejando claro, en cada salida a escena que es la Primera Bailarina.
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Pero como reza el dicho “una golondrina no hace el verano”. El BEC precisa alcanzar un nivel técnico e interpretativo homogéneo. Los desniveles que en ese sentido se aprecian hoy entre sus integrantes deslucen los espectáculos mucho más de lo que pudiera hacerlo la falta de vestuario nuevo del que la Compañía carece desde hace tiempo. Sabemos que los trajes de espectáculos pasados se remodelan y se aprovechan otra vez: se quitan las mangas, se agrega un vuelo, y las luces del escenario terminan de hacer la magia que impulsó el ingenio, siempre puesto a prueba, de vestuaristas y diseñadores.
Pero también a los coreógrafos se deberían poner pruebas de ingenio. Es bueno que Eduardo Veitía, Director General de la Compañía, brinde la oportunidad a sus bailarines de probar sus capacidades y creatividad para coreografiar, pero deberían ser llevadas a escenas solo aquellas composiciones cuya calidad artística alcance el nivel de este conjunto, que desde su propia nomenclatura --Ballet Español de Cuba—representa a nuestro país y al ballet español que aquí se hace.
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En su más reciente espectáculo --Éxitos del Ballet Español de Cuba—disfrutamos, no obstante, de excelentes coreografías creadas por jóvenes intérpretes como por ejemplo Al’ Andalus, probablemente una de las piezas mejor logradas en esa ocasión por la Compañía. En ella Irene Rodríguez, -- coreógrafa y protagonista-- bien secundada por el Cuerpo de Baile, explora niveles del espacio habitualmente obviados por las danzas típicas españolas; trabaja al máximo las capacidades corporales de los bailarines en su juego de combinaciones con elementos de la danza contemporánea; y a través de estos recursos logra una composición llena de fuerza que nos regala nuevas visualidades.
También algo de experimentación le falta al BEC, para que coreografías con características como las de Al’ Andalus, no sean excepción entre las propuestas de esta Compañía que debe encontrar en la calidad técnica y coreográfica sus puntos fuertes.
El público ávido, seguidor de los espectáculos del BEC, quizás no imagine todas las dificultades por las que atraviesan, quizás nunca sepa que durante las agotadoras jornadas de ensayos no cuentan con agua corriente, y los tabloncillos apenas tienen espejos. Pero el público compra la entrada, llega a la sala, en su mayoría tratando de dejar en la última guagua sus propias dificultades y se sienta, en espera siempre de disfrutar el mejor espectáculo. |