
Érase una vez un Puente en Arroyo
Por: Jenry Álvarez Rodríguez
Un conmovedor homenaje al gobierno de la Unidad Popular y a la resistencia del pueblo chileno contra la sangrienta dictadura impuesta por el tristemente célebre Augusto Pinochet, constituye la puesta en escena de Érase una vez una reina por el grupo El Puente, de la Casa de la Cultura de Arroyo Naranjo.
La entrega de esta versión de la obra, llevada a escena por primera vez en 1979 bajo el título de La Reina de los condenados por el grupo chileno Aleph, ha estado motivada, según declara su director, Yoanis Pérez, por el interés de transmitir a las nuevas generaciones los horrores de aquel período gris de la historia chilena y latinoamericana y sensibilizarlas con la lucha de los pueblos latinoamericanos para evitar el regreso de regímenes dictatoriales, a la vez que intenta reflexionar sobre las diversas conductas y sentimientos que puede experimentar un individuo situado ora a un lado, ora a otro lado del poder.
Integrado por jóvenes integrantes de la Brigada de Instructores de Arte “José Martí”, bajo la batuta de un recién iniciado en la dirección escénica, el elenco muestra talento y ganas de hacer, aunque le falte el necesario oficio que sólo con el tiempo podrán adquirir.
Las actrices Marlene Pérez, Anisleidy Lobelle y Angélica Riverón logran captar los móviles del autor y trasladarlos a un público que fue blanco de la sorpresa por el buen desempeño actoral de estas jóvenes de apenas veinte años que se desenvuelven en las tablas con la seguridad de los consagrados.
Elaborada a partir de los códigos del género farsesco, Érase una vez... cuenta la historia de tres pordioseras que viven de lo que obtienen de un basurero cercano a la ciudad y un día comienzan un juego en el que una de ellas se coloca en posición de reina, para luego no querer abandonar el poder cedido por sus compañeras, trama que provoca en el espectador un rosario de reflexiones sobre la naturaleza humana.
El mensaje de la puesta alcanza una nueva dimensión por el diálogo final con el público que promueven los organizadores del espacio Tarde de Teatroliderados por Yohanna Lobelle, y gracias al cual tanto director como actores se llevan a casa el reconocimiento por la entrega y recomendaciones para perfeccionar sus frutos.
Loable la selección musical que acompaña a la representación, digna en el ajuste, en calidad y presencia, a su cometido vital. Lamentable la carencia de luces, de alto significado en el original y la pobreza de la escenografía.
Sin embargo, estas “manchas” no impiden agradecer a El Puente por este regalo que nos hacen. |