
El niño que cabalga una estampida
Por: Amelia Duarte de la Rosa
Foto: Otmaro Rodríguez
Luego de ¡Cenicientaaa!!! y Aventura con el televisor, montaje con títeres de guante inspirado en el cuento del escritor y periodista italiano Gianni Rodari, Teatro La Proa regresa a la escena con otra adaptación de la literatura infantil: Mowgli, el mordido por los lobos.
Basado en un capítulo poco conocido de El libro de la selva, del escritor y poeta Rudyard Kipling, la puesta de Arneldy Cejas dirigida por Erduyn Maza recrea un pasaje en donde el archiconocido personaje -que creció en la selva y habla con los animales- debe madurar y tomar decisiones cruciales para definir su futuro. Mowgli, el niño de piel oscura que fue criado en una manada de lobos, llega por primera vez a la familia teatral para niños y títeres cubana con una historia en la que la osadía, la autoestima y la perseverancia vencen los obstáculos y las situaciones límites que muchas veces se presentan en la vida.
El atractivo montaje aborda el conflicto que desencadena la salida de Mowgli de la selva y el retorno a su aldea. Sin embargo la condición casi animal del protagonista y una naturaleza que lo anexa con los animales sitúan al joven -inadaptable al mundo de los humanos- frente al rechazo, la soledad, la envidia, la indiferencia y el manejo de los intereses mundanos. Pero, apoyado en el amor maternal, la amistad y lealtad que encuentra en el medio que lo vio formarse, Mowgli crea su propia manada y conduce su camino.
En medio de una ambientación escenográfica y una atmósfera musical hindú, acorde con el relato que tiene lugar en la selva y en la aldea, este espectáculo articulado con peleles de piso -como técnica fundamental- esperpentos y papirolas, arma un argumento que no solo recrea la imaginación del pequeño espectador, sino que lo incita a dialogar con sus intereses y emociones. Vale destacar el movimiento alterno que sobre el escenario realizan los actores - titiriteros Erduyn Maza, Arneldy Cejas, Kenia Rodríguez y Sara Miyares, quienes además de interpretar varios roles, manipulan con una fidelidad casi exacta los movimientos de las acciones de los personajes.
Con esta historia, La Proa -fundada en el 2003- deja nuevamente una sensación placentera y una mejor reflexión en el sentido de nuestras decisiones. Su repertorio, que incluye a autores cubanos y a clásicos de la literatura universal, defiende en su totalidad la estética del trabajo titiritero con diferentes técnicas de animación. En este último montaje, el mensaje del joven colectivo no trata solo de presentar los valores con una finalidad didáctica; la analogía va más allá de las relaciones humanas y profundiza la relación que el hombre ha establecido con el reino animal, un mundo que coexiste con el nuestro y que a veces minimizamos prepotentemente. |