
Argos Teatro estrena
Por: Barbarella González Acevedo
Fotos: Erick Eimil Mederos
Hace unos años Carlos Celdrán frente a un grupo de alumnos de actuación, de quinto año del Instituto Superior de Arte (ISA), presentaba la obra Derrota como trabajo de tesis. Llegaban a las tablas en esa graduación, actrices como Ismercy Salomón, Yailín Coppola y Edith Obregón, esta última se estrena hoy, como directora en el grupo Argos Teatro precisamente con Derrota, junto a Yoendro Tamayo que asume la codirección.
Escrita en 1997 po Raúl Dans (1964) la obra contiene personajes sin nombre pero arquetipos del alma humana (Vagabundo, Forastero, Mujer, Chica, Chico, Madre, Policía, Caballo, Manco.) Los caracteres, aparentemente sin relación entre ellos, terminan conectándose debido a los vericuetos del azar. Un policía, su mujer y su amante, un joven drogadicto, su madre, y un vendedor de drogas terminan vinculando sus soledades y dramas a lo largo del relato dramático.
A nivel interpretativo Camila Carballo nos presenta a una creíble y emotiva Chica desolada por su realidad. Yailín Coppola, con sus efectivas transiciones, es la Mujer seductora a la caza de un espécimen que la ayude en sus proyectos de matar a su marido. El duro Policía manipulador capaz de someter a cuantas mujeres encuentra a su paso, es interpretado por José Luis Hidalgo. Waldo Franco asume el rol del Manco que vive para observar el juego de fútbol callejero. Verónica Díaz es la Madre afligida, pero ante todo madre que acepta dolida los desmanes del hijo. Alexander Díaz, el Caballo, es el líder supermacho que comercia con droga y que no teme matar siempre que exista un buen motivo. Yasmany Guerrero interpreta a un Chico arrastrado por las circunstancias sucesivas en que se ve enredado.
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Es esta una obra que conecta muy bien con el quehacer previo del grupo por presentar caracteres realistas, cercanos a fondos acechados por la marginalidad, pero con profundos y humanos conflictos. Nos remite por sus temáticas y modos de hacer a otras puestas de Argos Teatro, entre ellas, Roberto Zucco, Chamaco, y Fango.
Meritorio, por la multiplicidad de espacios que recrea en un mismo sitio, resulta el trabajo escenográfico de Alain Ortiz. Los diseños de vestuario de Vladimir Cuenca contribuyen a situar la acción en el aquí y ahora, posible y probable. Las luces de Jesús Darío Acosta (Chuchi) además de brindar énfasis a los espacios escenográficos, en dependencia de las necesidades de la escena, sirven, con sus efectivos apagones, para definir los cierres de las situaciones dramáticas.
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El texto, concebido por un escritor sin vínculos con la escena, denota ciertas trabas discursivas que no logran ser resueltas a nivel de montaje. Por ejemplo: la primera escena del Forastero y el Vagabundo resulta del todo prescindible por no aportar nada al relato, su presencia en la obra no obedece a una ley de necesidad, no vuelven a aparecer, ni pasa nada fundamental con respecto a ellos. Habría sido mejor que quedaran como caracteres referidos. En el montaje, estos personajes son interpretados por Waldo Franco y José Luis Hidalgo, los mismos que luego intervienen en los roles del Manco y el Policía, respectivamente, lo cual provoca confusión en el espectador que no entiende muy bien de qué personajes se trata.
Así mismo, por momentos, determinadas escenas cierran de un modo tan abrupto que no le permiten al público completar la información que brindan. Por demás la puesta en escena tampoco proporciona un cierre dramáticamente efectivo, pues la tensión queda suspendida en el aire, sin que el espectador reconozca que la obra ha terminado. |