 ¡A los títeres se les respeta!
ENTREVISTA
Por: Sofía D. Iglesias
Me confieso culpable por no haber llevado antes a mi pequeña hija, a ver una función teatral del grupo Nueva Línea.
Con el fin de mi infancia (de Toqui, los Muppet babys o los Fraggles rock), me despedí de los espectáculos de títeres.
No significa que haya renunciado al sueño de recrearme con los muñecos; simplemente no tuve la suerte de tropezar con unos bien hechos.
En primer lugar: la factura de los que he visto hasta ahora no es la más exquisita. La manipulación de los pobres muñes (doy gracias que no cobran vida) es pésima la mayoría del tiempo, convirtiéndose en víctimas de vaivenes, tirones, golpetazos… ¡Y el lenguaje! Pareciera ser eterna la tendencia a minimizar todo lo que para niños se hace o dice.
Por estas razones, en breve, no quise someter a mi diminuta Melanie a semejante tortura.
Sin embargo, un amigo de fiar en cuanto a sugerencias de arte se trata, me recomendó con énfasis el estreno (en 2009) de Bebé.
El impacto y la satisfacción con los cuales salí de la Sala Adolfo Llauradó no los voy a describir. Se resumen en mi acercamiento al quehacer de Nueva Línea, en el encuentro con sus piezas y en diálogo abierto con sus integrantes, Yaqui Saíz y Geraidy Brito.
Geraidy: Lo que dices es cierto, hay una situación difícil que se extiende al teatro para niños en general. Pero como en todo, hay parte y parte. Quienes se dedican al trabajo con niños, la mayoría, asume el papel de payaso. Entonces de pronto saca una marioneta toda deteriorada o mal encajada, cantando cualquier canción infantil. Así se repite en cumpleaños, escuelas, círculos infantiles…, hasta volverse un modelo. Luego, cuando los pequeños van al teatro de títeres, pues buscan un payaso con estas características.
Desde la otra parte, evidentemente, está la falta de apoyo de Artes Escénicas en cuanto a la presencia nuestra en festivales, al seguimiento de la crítica, a la divulgación.
¿Cuáles son los principales problemas que atentan contra la calidad de los grupos de títeres en la actualidad? ¿Acaso la falta de recursos es de las más significativas?
Yaqui: El punto principal es el desinterés. Para confeccionar títeres no creo se necesiten demasiados recursos: papier maché, telas recicladas, en vez de 850 se puede usar engrudo…
La lucha del gremio más bien es contra el favoritismo a otros modos de realizar teatro, a otros grupos…, es contra la falta de promoción… como si nos ignoraran.
Geraidy: También influye la poca atención prestada en las academias a esta modalidad. Este año, por el aniversario de la muerte de Freddy Artiles, se creará la cátedra con su nombre, pretendiendo encontrar un espacio para los titiriteros.
Yaqui: De todas maneras el asunto se continúa enfocando de una forma teórica. Pues será rescatar la historia, la labor de Guiñol… pero no las maneras de hacer.
Geraidy: Pero ¿sabes qué pasa? Quienes han sido los mejores en la confección de los personajes, las escenografías, la manipulación, rondan los sesenta años y muchos carecen del nivel escolar exigido para impartir clases.
Encima de esto está la falta de publicaciones abordando el tema. Por ejemplo, Yaqui (de formación empírica al respecto) lleva dos años esperando la publicación de un libro sobre manipulación, en cual cuenta sus experiencias, con el fin de que los practicantes del género lleguen a la verdad, sin cometer los mismos errores por los cuales pasó ella y experimentamos casi todos.
Si existe tanto mutis y desprofesionalización en cuanto a este estilo, ¿cómo es posible encontrarnos todavía con títeres y manejadores encima el escenario?
Yaqui: Cada quien, de acuerdo con su gusto o inclinación, se instruye a base de práctica, lecturas, observación… y ganas de hacerlo.
Geraidy: En mi caso, provengo del dramático, nunca antes tuve cercanía con los títeres. Aprendí a manipular con la práctica, montando las escenas, imitando. He venido a consolidar mi carrera como actriz aquí, en Nueva Línea.
Al incorporarme enseguida noté con cuántas deficiencias venía. Tendía a lo macro: movimientos grandes, desplazarme de con exageración. Esta incursión me llevó a realizar las acciones con el mínimo esfuerzo, todo micro. Traer todo a mí, y desde mí sacarlo.
La primera vez que vi una obra de ustedes no pude disimular mi estupefacción y enamoramiento de los pequeños muñecos, la escenografía, los animales diminutos, la actuación… A mi alrededor todos permanecíamos en trance, grandes y chicos. ¿Tienen algún secreto al montar puestas atractivas para todas las edades?
Yaqui: En nuestro oficio primero hay que enamorar y enganchar a los padres con tu propuesta. Si no resulta, decide: “Vamos a tomar helado, a ver a los payasos, al zoológico…”
Por otra parte, si no cautivas a los chiquillos, te sabotean el espectáculo. Se paran y empiezan una perreta: «No me gusta no me gustaaaaa….»
Además, nuestro repertorio es netamente cubano. Pretendemos rescatar los valores perdidos en la actualidad. La mayoría de los niños tienen inculcado intereses materiales; por eso recurrimos a Martí, a su pensamiento, a Ernesto Guevara o a nuestro poeta nacional. Con el objetivo de apoyarnos en sus figuras, en sus rasgos humanos y cercanos a los infantes, para sembrar la verdad, la mejor verdad.
A pesar los cuestionamientos de algunos críticos sobre el porqué tocamos el tema de la muerte. Martí lo hizo en su momento, por qué entonces negarles nosotros la realidad.
Geraidy: Asumimos una posición de crítica social, retándolos a la reflexión.
¿Cuán difícil resulta trabajar con tu cuerpo y otros elementos?
Yaqui: Neutralizarse es difícil para el titiritero; más, cuando debes actuar y manipular. Ambos nos movemos, el actor y el títere. No obstante, el actor no puede actuar junto con el títere, él es el protagonista absoluto.
El proyecto Nueva Línea empezó en 1999, bajo circunstancias económicas complicadas a nivel nacional, ¿cuánto reto demandó tal empresa?
Yaqui: Era muy joven en ese momento, indiscutiblemente eso influyó en la decisión. Sin embargo, por esa etapa no había definido lo que quería. Recién salía del Teatro Musical de La Habana. Veía bastante teatro de títeres y algo me sonaba por allá adentro. Y lo hice. Los tres primeros años fueron de búsqueda total, pruebas… Hasta que dije: “Esto es lo mío, soy titiritera”.
En sus inicios Nueva Línea tuvo ocho integrantes, quienes también procedían del Teatro Musical de La Habana, y como se había desintegrado la compañía, no tenían para dónde ir. Esto provocó que a los tres años me quedara sola.
Empecé a hacer unipersonales con títeres de guantes. Así me presento en festivales y obtengo una serie de reconocimientos con los cuales se fue consolidando el trabajo.
En el 2007 decido crear obras basadas en el pequeño formato. La experiencia me ha llevado a optar por él, pues los jóvenes hoy aspiran a estar en misa y en procesión: quieren hacer radio, estar en televisión, hacer teatro, cabaret… Esta profesión es muy dedicada. Al menos conmigo tiene que ser solo con Nueva línea. Nosotros dedicamos todo el tiempo a nuestro trabajo, a poner obras por todo el país, participar en festivales, eventos…
¿Planes inmediatos…?
Geraidy: Estamos exhibiendo Cuando el Ché era Ernestico, a la par del montaje anterior, Bebé, y preparamos la próxima pieza sobre Nicolás Guillén. |