Sandoval, joven jazzista que abre sus caminos en la industria discográfica

Realizar una primera producción fonográfica siempre constituye un desafío. Implica la plasmación sonora de diversas ideas musicales que nacen, se desarrollan y luego se sedimentan en el pensamiento musical del artista. A esto se le adiciona, además, el encontrar los intérpretes adecuados para que defiendan y enriquezcan desde la grabación, el concepto general del disco. No obstante, este álbum del trombonista Eduardo Sandoval no delata el hecho de ser su primera incursión en la industria discográfica como protagonista de una placa.

Este fonograma fue grabado gracias al presupuesto otorgado por la AHS, tras resultar merecedor este joven trombonista de una de las Becas de Creación El Reino de este Mundo del año 2015. El registro tuvo lugar en los Estudios de la EGREM de 18, en Miramar, y contó con un talentoso equipo, tanto de técnicos como de artistas.

Caminos abiertos es el resultado. Este es un álbum que posee una sonoridad propia, única, diferenciable del resto de los discos de jazz que se están realizando en la Isla, y quizás por este motivo el sello discográfico EGREM decidió licenciar el material sonoro, cuyo lanzamiento oficial tuvo lugar hace apenas una semana.

Por una parte, pesa en la creación discográfica la estética autoral de Eduardo, que se disfruta tanto en los temas de su autoría, como en su acertado criterio al seleccionar los cortes de otros compositores. Y por otro lado, el hecho de que se acompaña por músicos de su mismo entorno, pero con diversos imaginarios sonoros, resulta uno de los sellos musicales fundamentales de este fonograma.

Los talentosos instrumentistas que lo acompañaron durante la grabación, son quienes que se presentan junto a Sandoval en la actualidad (en la alineación que habitualmente lidera: Habana Jazz), y entre todos han logrado gestar el sonido que distingue a este disco. El pianista, Roger Rizo, aporta las pinceladas académicas, y también unas desconcertantes secciones de improvisación en las que convergen belleza melódica, complejidad armónica, y recursos rítmicos y sonoros de diversos géneros musicales. El aspecto rítmico es reforzado por David Hernández en la percusión y misceláneas, que enriquecen la polirritmia general, y que utiliza gran parte del glosario sonoro rítmico de nuestra música cubana.

Además, en las manos del baterista Alain Ladrón de Guevara, el golpe rítmico obtiene color; y es esto lo que más resalta entre sus particularidades: el rejuego de timbres que logra, en un estilo jazzístico más contemporáneo, incluso a veces pop, de voces percutidas que entretejen sonidos y silencios, junto a las líneas del bajo eléctrico. Desde este último instrumento, Rafael Aldama contribuye al fonograma con sus saberes musicales, delineando el marco armónico de cada tema, definiendo tempos y líneas genéricas, aportando cubanía, virtuosismo, precisión, y variedad estilística.

Por si no fuera suficiente, Eduardo Sandoval es uno de los trombonistas más talentosos de su generación y logra con su instrumento un sonido peculiar. Su pensamiento musical para la improvisación es amplio, y posee un marcado acento cubano, que destila «sabor» y buen gusto. No obstante, el sonido que distingue este disco surge de la perfecta empatía sonora que logra con sus acompañantes habituales: Roger Rizo, Alain Ladrón de Guevara, Rafael Aldama y David Hernández.

La línea que delimita las maneras de pensar y hacer el jazz, de estos cinco músicos, es casi imperceptible, pero existe, y es lo que marca la diferencia. Sandoval se mueve en un ambiente bien latin, el espíritu afro es parte de su vida y de su arte, pero trabaja con músicos que prefieren un entorno más free, más contemporáneo, con disímiles trayectorias estilísticas, y que sin desatender la guía de su líder, aportan colores propios, propiciando esa amalgama sonora, a veces indefinida genéricamente, pero perfectamente lograda, e indudablemente única.

Asimismo, el álbum cuenta con otros invitados de renombre, como Rolando Luna, Miguel Frías, Alejandro Falcón y Beatriz Márquez, entre otros, que también influyen con sus interpretaciones en la calidad del álbum, realizado bajo la cuidadosa dirección musical del saxofonista Michel Herrera. 

La mayoría de los cortes que componen el fonograma son de la autoría de Eduardo Sandoval. Resaltan sus composiciones Caminos abiertos, Rumbeando con Chano y Danzón a Isabel, diversas entre sí, pero que muestran la personalidad autoral de Eduardo, su marcada cubanía, y sus intereses sonoros. De igual modo, destaca su arreglo e interpretación del tema Despedida, compuesto por el pianista Miguel Núñez, y acertadamente plasmado en este fonograma.

En definitiva, Sandoval se inicia en la industria de la grabación musical con un fonograma valioso artísticamente, que visibiliza su gran talento. Su carrera se encuentra en ascenso, y sus fibras de verdadero artista —que madura tras cada presentación e incursión sobre los escenarios— le han exigido plasmar en una placa discográfica lo que su inspiración creadora le ha dictado, y que constituye una primera muestra de toda la música que este penetrante intérprete y compositor tiene por ofrecer.

Y así lo hará, pues sus caminos ya están abiertos.

 Foto de portada: Archivo del portal de la AHS

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