Robert Ráez, de la Boustrophilia al éxito

Lo primero es olvidarte de la competencia. Eso. La competencia no existe. Ni los genios.

Boustrophilia, de Robert Ráez

Es un neologismo, no hay que hacer búsquedas exhaustivas. Cada uno tendrá disímiles interpretaciones, yo que he estado bien cerca, asumo que es, talento, originalidad, éxito…

Lo cierto es que este joven que a primera vista resulta tímido posee una introspección diferente, se desplaza con facilidad absoluta y las estructuras le nacen dislocadas o no, porque sabe dominar de manera exacta el arte de escribir.

Lo conocí en mi oficina, justo cuando terminaba mi licencia de maternidad, un momento difícil para cualquier madre, porque sientes paralizadas tus neuronas, después de un reposo absoluto de intelectualidad. Se mostró tan colaborativo y paciente, que no tuve otro remedio que adoptarlo.

Robert comenzó a resaltar por ser aquel joven estudiante de Periodismo con un espendrum innegable que comenzó a diseñar en Ediciones La Luz, en el cercano enero del pasado año. La oficina donde trabajamos pocas veces está vacía, porque Robert es de esos muchachos que atrae a las masas, por su forma de pensar, de ser y de compartir. Algo que impresiona es la cantidad de amigos que lo frecuentan y que lo asumen como líder de un grupo en el que si tienes alguna diferencia de opinión, es porque seguramente no sabes nada de rock. Tiene un humor exquisito, irónico, irreverente, picando al absurdo, estalla en una risa loca con algún trabajo ajeno mal hecho, lejos de burlas, Robert toma referentes de marcada trayectoria universal para asumir sus posturas tanto gráficas como literarias: Roberto Bolaño, Cabrera Infante, Sabato, Rubén Fonseca, Martín Solares, Bioy Casares, Borges, Cortázar, Toni Morrison, Raymond Carver, Bukowski…

─Madre, dime, ¿qué crees?

Lo repite una y mil veces, porque no es de los que se guarda una victoria, un proyecto, un plan. Es capaz de compartirlo todo, como si sus escasos 24 años le hubiesen calado a usanza y lo condicionan para un consejo de cualquier índole. No por gusto los más cercanos aseguran de él.

Lilian Sarmiento: “Robert es novedad, para mí todo con él es nuevo.”

Miguel A. Montero: “Transparente.”

Ramón Jesús Pérez: “Natural.”

El escritor y diseñador está atravesando un año de verdades, pues ha sido ganador del Premio de la Ciudad de Holguín en el apartado de Diseño, por la Campaña de Promoción a la lectura A la Luz se lee mejor, así como la Beca de creación El caballo de coral que otorga el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Hay cierto misticismo alrededor del número 21, precisa que es ganador del Premio Celestino de Cuento, cifra que lo acredita además como graduado en esa edición del Taller de Técnicas Narrativas del mencionado Centro.

A decir de su madre, esta vez la biológica: “Es un niño que siempre está inventando, en realidad es muy estudioso y dedicado.”

Boustrophilia debe tener un acercamiento espontáneo y con cierto desenfado. Estamos ante una literatura de vanguardia, con una tendencia marcada a las propiedades destructivas del lenguaje que reflejan grosso modo el ingenio audaz y el exacto dominio del orden de colocación de los elementos oracionales, para hacer de esto un show, una sátira, que leeremos con placer si tenemos al menos básicas nociones de literatura. Sus personajes transitan desde el intelectual al ridículo, y creo a cabalidad que hay una intromisión psicológica atinada.

La derrota es de porcelana, dijo un tal César, Los años son de porcelana, asegura el escritor. Y la porcelana, según una endeble definición, es una loza fina y traslúcida, como los sueños de este autor.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico