¬ŅQu√© m√°s van a decir de la libertad?

Bien acuciosa he seguido de cerca las opiniones de unos y otros en pos del Decreto-Ley 349 sobre las contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos. La joven organización del arte vanguardia tiene sobre sus hombros la responsabilidad de arrojar criterios acerca del verdadero arte que se debe hacer en la Mayor de las Antillas. Una polémica brutal y desbalanceada se desató a través de las redes sociales bajo la etiqueta de #NoAlDecreto349. También hubo concertaciones y debates donde se satanizó la norma jurídica.

Tildado como una especie de ‚Äúinstitucionalizaci√≥n de la censura‚ÄĚ seg√ļn medios de prensa for√°neos, ha sido tomado como estandarte de grupos de ‚Äúdisidentes y contestatarios‚ÄĚ seg√ļn ellos se promocionan, para encarar a la instituci√≥n sobre supuestas faltas de libertades para desarrollar el arte, logrando confundir a unos pocos que evidentemente quieren confundirse.

La comercializaci√≥n del arte ‚ÄĒno la creaci√≥n art√≠stica, la cual es libre y soberana‚ÄĒ es un fen√≥meno donde intervienen muchos factores, por tanto, tener un marco regulador y, repito, no controlador, es de vital importancia para lograr que el producto de calidad, de altos valores est√©ticos y culturales, sea el que se ofrezca, d√°ndole la oportunidad al cliente de que seleccione lo mejor de lo mejor, evitando por ende la existencia de la falsificaci√≥n, la suplantaci√≥n, la chapucer√≠a, el mal arte y los advenedizos como productos. Esta es la quintaesencia del Decreto 349 (Art√≠culo 4).

Deslindar la idealidad, tarea de críticos y especialistas, viene a ser la piedra de toque de lo ideológico en el arte. Las instituciones solo organizan y anidan toda la dinámica que roe alrededor de la creación misma. Cuando se habla de legalizar determinadas actividades, de regular el consumo, no se trata necesariamente de un estándar. Por el contrario, el arte sin institución se abre camino con dificultad.

El siglo XXI trajo la guerra mediática hasta su extremo más alucinante, todo acontece en los aparatos receptores de televisión. La toma de Trípoli, la caída del coronel Gadafi, ocurrió primero en un escenario montado a exprofeso fuera de Libia. Era necesario que el golpe recorriera las redes sociales, sin importar que fuese real o no. La vida que transcurre en el escenario paralelo, la ideología, se vende como más real que la realidad.

Desregular la comunicaci√≥n, enajenarla de los grupos humanos, son las metas de las trasnacionales del Periodismo. La libertad de expresi√≥n muere entre d√≥lares y disparos medi√°ticos contra lo alternativo. En ese escenario, la cultura m√°s que nunca se torna ese campo de batalla donde dos naturalezas se oponen: el hombre y la barbarie. En el caso de Cuba, uno de los √ļltimos bastiones de la idea socialista, lo externo hace presi√≥n superior para cambiar paradigmas e imponerse.

‚ÄĘ Descargue aqu√≠ el Decreto Ley 349

Regular no es coartar, sino establecer la libertad necesaria; es protegernos de los truenos, en medio de la tormenta, o de los disparos en el campo de batalla de la cultura; es poner freno a la acometida del mercado desde la esencia m√°s humana. Nadie censura m√°s que el dinero mismo, ni resulta m√°s dictatorial.

A pesar de esos bolsillos llenos, hay que generar las regulaciones que permitan la existencia de una cultura accesible al hombre, sea cual sea su condici√≥n. Muchos de quienes actualmente se van tras concertaciones neoliberales ser√°n ma√Īana los primeros excluidos por el clasismo y la separaci√≥n de los espacios.

Bajo el concepto de ‚Äúhacer sociedades abiertas‚ÄĚ, varios pa√≠ses cayeron en la din√°mica de revoluciones de colores, que al final trajeron el mismo color para todos. Lo medi√°tico sabe servirse de la cultura de masas para establecer la dictadura del pensamiento √ļnico, que es lo m√°s antidemocr√°tico que existe. Cuando los grupos humanos hacen resistencia, resulta l√≥gico que el mercado, a trav√©s de su ideolog√≠a y mediante dineros, genere concertaciones.

Quienes hoy traman contra la regulaci√≥n de la cultura, lo hacen a partir de c√°nones ya hechos, de cosas, de ideolog√≠as externas asumidas. Tras la cortina de defender la libertad de expresi√≥n se esconde una oficialidad ‚Äúotra‚ÄĚ, cuya esencia es el mercado mismo; abrir las compuertas de un coto que el neoliberalismo necesita arrasar.

Detrás de dinámicas humanas aparentemente espontáneas, de concertaciones con rostro maquillado, está la ideología del poder. Con esto no se le debe cerrar la puerta a la libertad más sana, a esa que tiene que existir, sino crear las condiciones para su real establecimiento en un contexto global dominado por corrientes que todo lo quieren cosificar. No obstante, anotamos que los golpes suaves se esconden detrás de la noción de la libertad para acontecer sin contratiempos.

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