Puertas infinitas y una orquesta de papel

¬ŅQui√©n est√° en casa?

¬ŅCu√°ntas puertas puedes abrir con tres llaves? Te aseguro que no hallar√°s una respuesta matem√°tica. Solo perm√≠tanme confesar que con esa cantidad de llaves me aprest√© a varias travesuras. Es cierto, no siempre hall√© el camino correcto, incluso ante sencillos laberintos. V√≠ctima de la ansiedad, extravi√© mis ojos m√°s de una vez. No me arrepiento, es divertido ponerse en el lugar de los ni√Īos aunque sea por unos instantes. Aunque s√© que los m√°s peque√Īos de casa de seguro encontrar√°n todas las puertas con mayor facilidad.

Este no es solo un libro destinado solo al p√ļblico infantil y adolescente. A primera vista ser√≠a cierto pero tras cruzar la entrada cualquier lector disfrutar√° de la belleza y el conocimiento a su disposici√≥n. No crea que si el volumen llegara a sus manos ser√° un lector apacible. En todo caso ser√° quien le otorgue a estas p√°ginas la din√°mica para la que se concibi√≥. Si√©ntase entonces coautor, y al√≠stese al corretaje, ya con la vista, ya con el l√°piz.

Para Puertas a la M√ļsica (Ediciones Santiago, 2014) encontrar√°s las llaves de entrada pero solo un acertijo no podr√°s resolver. Seas ni√Īo o adulto quedar√°s atrapado en su orquestaci√≥n, en el hechizo m√ļsico-visual. Cuando llegas a la √ļltima p√°gina no encontrar√°s la salida y retornas a cualquiera de las anteriores.

Si bien mis palabras parecieran lanzar un conjuro, perdonen damas y caballeros que yo no he sido, fueron el autor Jos√© Orp√≠ y el ilustrador Ra√ļl Gil, los atrevidos.

Pase usted, la casa es suya

La interrogante, en apariencias ingenua, de una ni√Īa a su madre, dio lugar en las primeras d√©cadas del pasado siglo a que del genio popular brotara el son inmortal en el c√©lebre Mam√°, Son de la loma en la autor√≠a de Miguel Matamoros. Raz√≥n que corrobora el acierto de aproximar a los infantes a las tradiciones musicales, autores e int√©rpretes. No por casualidad en el portal del libro se apela a la antol√≥gica pregunta, a continuaci√≥n de un di√°logo entre un nieto y su abuela, en el cual se cita el tema musical en cuesti√≥n. La pieza afina la orquesta y prepara a los asistentes al concierto que sus p√°ginas ofrecen.

Con un lenguaje asequible a las primeras edades, sin que se apele a √Īo√Īer√≠as del verbo o el adjetivo, Orp√≠ coloca a su lector ideal frente a una s√≠ntesis de nuestro acervo musical. Juego y aprendizaje se intercalan y coinciden en id√©ntico espacio con el fin de dialogar en torno al patrimonio sonoro intangible, o como se escucha en voz de un personaje, el tesoro musical.

Puertas‚Ķ es un v√°lido ejemplo de c√≥mo obrar para que las presentes y futuras generaciones de cubanos conozcan el acervo de su cultura musical sin que se apele a la queja ante los presuntos demonios audibles que nos atormentan. Sospecho de quienes solo se conforman con la cr√≠tica a lo que entienden nocivo. Resulta c√≥modo se√Īalar el rinc√≥n sucio desde el sof√°. ¬ŅPor qu√© no atreverse a llevar a t√©rmino las ideas?

En tal sentido Puertas‚Ķ constituye una atractiva propuesta que se enlaza a esa tradici√≥n literaria, musical y audiovisual que en diferentes etapas marcan la infancia cubana. No es la primera vez que Jos√© Orp√≠ Gal√≠ se aveza en proyectos similares, sobre todo cuando a destinatarios tan importante se dirige. Algunos guardar√°n en sus libreros los t√≠tulos Para despertar al duende, por Ediciones Santiago (2003; 2009) o El mundo de los asombros, en la factura de la Editorial Oriente en 2010. Quien atesore entre sus manos Santiago de Cuba: ciudad cantada, otra vez por la de Oriente (2013; 2015), percibir√° la vocaci√≥n del educador que persiste en su obra. En este √ļltimo texto no solo se sirve de la poes√≠a para comunicar etapas y hechos hist√≥ricos trascendentales de la Villa, sino que conf√≠a la ilustraci√≥n del volumen a la creatividad infantil volcada en im√°genes.

Los primeros 35 compases los dedica a la presentación de varios instrumentos presentes en la musicalidad insular y algunos en la universal. Así, escuchamos la primera tonada a manos de la guitarra, cordófono cuya herencia se debe a las tradiciones hispánicas, cuyo asentamiento es primordial en el desarrollo de nuestros géneros musicales de base. A través de la poesía rimada Orpí nos entrega nombres del cubanísimo pentagrama como Sindo y Matamoros, cuyas obras es imposible de separar de la novia de las seis cuerdas.

¬°Cuidado padres dormilones! Este no es un libro para provocar el bostezo y la ca√≠da de los p√°rpados a tus hijos. Madre, no ser√° con estos acordes que te quites al ni√Īo de encima por un rato. Muy por el contrario, prep√°rate para sacar punta a los l√°pices, y con cada part√≠cula de aprendizaje tendr√°s lista una r√°faga de preguntas. Al√≠stense a formar la orquesta, tomen la libertad de divertirse mientras los instrumentos y la literatura hacen su acople.

Puertas a la M√ļsica posibilita la interacci√≥n entre sus creadores y destinatarios, a trav√©s de diversos juegos y otros caminos ser√°n copart√≠cipes del resultado. De tal fiesta resulta la concurrencia de aer√≥fonos, cord√≥fonos y percusi√≥n que entrelazan las huellas de √Āfrica, Espa√Īa y otras regiones contribuyentes a la formaci√≥n sonora cubana. Quienes se atrevan al juego de este concierto, enriquecer√°n de forma amena su saber.

¬°Que toquen, que toquen! Yo bailo de todo

¡Ay Mamá Inés tu hijo Bola está frente al piano! Llamó a Lecuona y entre teclas se les ve en el retozo.

Las autoridades de la m√ļsica pierden el control. Se desordena el pentagrama y la poblaci√≥n amanece a todo baile. Cada quien elige un ritmo diferente y otros cantan. Hasta la reina Isabel se sum√≥ a la algarab√≠a, perd√≥n, ¬Ņqu√© ha tocado ese?

Tras El Misterio de la Uni√≥n las puertas se abren y desde la d√©cima nos llegan varios g√©neros y ritmos surgidos al mismo ajiaco que nuestra identidad nacional. No ha de extra√Īarse usted mi adulto escucha, si tras este encuentro vuelve en s√≠ su memoria y recuerda que antes de los √≠dolos de hoy estuvieron los de siempre, que a veces no se llama balada, aunque rejuvenecido, su nombre puede ser bolero. Lo mismo sucede con el son, la guaracha, la tonada, guajira o la rumba, a quienes muchos voltean el rostro como a extra√Īos inquilinos.

Por esta senda de los g√©neros musicales llegamos a sus cultivadores. Orp√≠ a√ļpa a varios de los m√°s ilustres en tertulia, las edades desaparecen, y Sindo y Matamoros coinciden en el mismo brindis con Silvio y Formell. Porque la obra de quienes trascienden no se limita a los calendarios o el juego de estar o no a la vista de todos. Quienes por la oreja sue√Īan, siempre sabr√°n de d√≥nde y qui√©nes son los cantantes.

Alguien con m√°s sapiencia que yo, expres√≥ que para saber si un libro para ni√Īos est√° bien escrito, uno de los caminos es que le llegue a un adulto tanto como en su infancia. Gracias a las trampas del autor y el equipo de realizaci√≥n del texto, cada p√°gina sonora de Puertas‚Ķ me hizo olvidar que hay documentos oficiales donde reza el a√Īo en que nacimos. Ahora que se desdibujan esas fronteras del esp√≠ritu, simplemente abrazo una palabra, humanidad.

P.D: ¡Ah! olvidé decirles, el libro dejó de existir en librerías santiagueras casi al instante de su presentación. Sería una suerte una reedición. Por lo pronto, anímese a encontrarlo en bibliotecas.

otras ilustraciones de Puertas a la m√ļsica

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