Precisa cantidad inmedible

Desde lo rosado y hacia él se nos educa previendo desviaciones de las casillas definidas con un color para cada quien; salirse de ello ha costado en nuestro país, de machismo matriarcal, desgarraduras en el sujeto que somos colectiva e individualmente, y aunque hemos llegado a una zona de aparente confort respecto al tema, no hay que engañarse creyendo que todo está garantizado para que cada quien escoja su color. Y es ahí donde La cantidad rosada versa y reversa las historias del hombre, Roberto Fournier, que se acoge a su propio cromatismo.

El poemario transcurre líquido desde lo oral hacia adentro, a las orillas de la mariposa —donde nace y se hace el hombre arcoíris—; recorta el paisaje y evoca las primeras ansiedades de la beca con sus ritos de iniciación, los amigos y el decidir; recoge el polvo que es polen y futuro barro insuflado; registra los rastros de las declinaciones y entonces puede salir el monstruo amable a poetizar esas realidades ya vistas desde el tamiz del pasado, pasado-ayer besándole la oreja a hoy y que sueña más besos de futuro.

Así vienen diversos imaginarios conocidos —Lezama, Casal, Sarduy, Yusef, etc.—, intertextos literales y sutiles que marcan el camino de regreso a esas praderas del pensamiento que construye el recuerdo, lo condimenta con la savia del hombre crecido/creciendo consciente ya de su línea estética y de ser y vivir. Sencilla complicación entrar a la cantidad precisa, difícil de dosificar, de medir en lecturas parcializantes de su contenido, porque somos fieles divisores del continente, esclavos de él (y disculpa si parezco subestimarte lector, no es esa la intención, pero sirva para provocarte el próximo golpe sobre mi cara cuando termines de leer ya montado en el Kraken, desmontado de ti).

Una vez más dar gracias a Ediciones La Luz por este libro de bella factura como todos los que hace. Tal vez los tres cuerpos acéfalos ataviados de uniformes militares floridos no sean directo sendero hacia el sitio a que conducen, pero bien por ello, el diseño de cubierta es solo la cara, no siempre reflejo de todo lo que ocurre dentro —y sucede tanto.

Esta, la ópera prima de Fournier, trae letra viva, erótica, sin prefijos limitantes. Repito, no hagamos multitud en la confianza de que todo está arreglado para escoger, todavía hay quien quiere medirnos la cantidad y los colores. Escribir sobre y desde esa certeza enciende la bombilla para los barcos que puedan perderse en tales credos.

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