Polichinela en La Habana Vieja

Gozar entre risas y más risas es la mejor manera de recibir un espectáculo titiritero. No importa el día de la semana o si es de mañana, tarde o ya entrada la noche; Polichinela puede aparecerse en cualquier lugar de La Habana. Pero ningún momento mejor puede haber para encontrarle, que durante la Primera Jornada Habana Titiritera: figuras entre adoquines. Acudir entonces a su encuentro no era para pensarlo dos veces. Las descabelladas historias de Polichinela de La Habana, puesta en escena del Proyecto Polichinela de La Habana, perteneciente a Teatro del Caballero, ha sido sin dudas un magnífico pretexto para llegar hasta él.

La fábula, de estructura lineal tiene su decir en una de las historias de Polichinela: “La compra y venta de una propiedad”. Polichinela entre trucos y engaños se adueña de una propiedad en la ciudad, dando muerte a porrazos al dueño anterior. Aunque la Parca, viene a buscarle para llevárselo y “sobre cumplir el plan asignado”, el ingenio del títere italiano, no solo logra burlar a esta, sino que la lleva a su propio calvario. Esta historia es representada y narrada, entre fragmentos de canciones y temas musicales interpretados por un único actor en vivo.

Un retablo -ambulante- adosado con colores vivos e imágenes de casas de solar, ubican al espectador en una zona solariega de La Habana Vieja. Pero esto por sí solo no basta para el disfrute. El diseño de los muñecos, con técnica de guante y varilla, construyen una imagen precisa de los personajes, todos cubanísimamente esbozados, incluyendo a Polichinela, un italiano enmascarado que en su hacer y decir, mucho ha adquirido de esta isla. Es precisamente en el habla de este “galán”, que se hace evidente la jocosidad y lo estruendoso del habla popular cubanas, sin perder por un instante las “ceremonias” que le hacen atractivo con las mujeres.

He de referirme a un ingrediente fundamental, el que da la sustancia a este caldo titiritero: la actuación. De forma meritoria logra combinar Víctor Arioza (director y actor de la puesta), la interpretación corporal, el canto y de sobremanera, la manipulación. Distintivos de su labor escénica son, un buen ejercicio vocal, rapidez en el cambio de muñecos y una atractiva relación actor-titiritero; todos estos, impulsores de un agradecido dinamismo en el tempo-ritmo de la propuesta.

Esta saludable mezcla, que ha sido movida desde diciembre de 2015, cuando se estrenó y vista ya en varios eventos teatrales como la XVI edición del Festival Nacional de Teatro de Camagüey en 2016,  ya tiene una consistencia tal que, sin temor a los equívocos, hace reír a carcajadas al público más recio. Quedo a la espera de saborear otra creación de este joven pero talentoso titiritero, que seguro traerá en la próxima edición de esta jornada nuevas risas para degustar.

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