Pluralidad y libertad de expresión

Si comienzo a hablar de dermografía quizás muchos no sepan al instante a qué fenómeno de la realidad se alude, pero si digo tatuaje, todo el mundo reacciona al momento. Soy consciente de que la palabra puede provocar por igual recelos, rechazo, interés o incluso indiferencia, en dependencia de la experiencia social e individual de cada quien. El tema del tatuaje, a pesar de constituir una práctica milenaria, sigue siendo de una complejidad cultural y psicosocial tremenda, complejidad que muta, que aumenta conforme evoluciona la sociedad contemporánea.

Durante las tardes de los√ļltimosviernes y s√°bado de cada mes, en la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z (AHS) de Camag√ľey, se arm√≥ un escenario ideal para la realizaci√≥n de un sondeo antropol√≥gico y sociol√≥gico con respecto a la pr√°ctica del tatuaje. Se trata de la Carpa Tattoo, un evento dentro de otro evento; una iniciativa que desde hace unos cinco a√Īos sucede como parte del Festival Nacional de Rock Sonidos de la Ciudady que pretende hacer del tatuaje una expresi√≥n art√≠stica.

Los equipos y la tinta utilizados fueron puestos sin costo alguno por los tatuadores.

Alrededor de 23 personas, tod@s muy j√≥venes, acudieron a tatuarse de forma gratuita. Dicha gratuidad pudo ser (y en efecto lo fue) un gran aliciente para la convocatoria si se tiene en cuenta que hacerse un tatuaje de tama√Īo medio ronda los diez CUC (Peso Cubano Convertible) en la calle. De manera que este libre acceso atrajo quiz√°s mucho m√°s que la posibilidad de llevarse en la piel una obra de arte √ļnica, creada por alguno de los ocho artistas pl√°sticos que hicieron las veces de tatuadores. He ah√≠ entonces, que la gratuidad se alce como una estrategia, o estratagema si se prefiere, para alcanzar el objetivo fundamental de la Asociaci√≥n: sustituir el tatuaje comercial por el tatuaje portador de un sentido est√©tico m√°s elaborado, a la par que convertirlo en una plataforma de promoci√≥n efectiv√≠sima para l@s j√≥venes artistas de la pl√°stica.

Intuyo que alg√ļn lector informad@ piense enseguida en La Marca, estudio-galer√≠a ubicado en La Habana Vieja que ha nucleado a dise√Īadores, arquitectos y artistas pl√°sticos alrededor de ese mismo ideal de redimensionar el tatuaje en t√©rminos est√©ticos. Claro que ellos no lo hacen de forma gratuita, pero ayudan a trazar el camino. Ese sendero de la educaci√≥n est√©tica es largo de transitar y precisa seducci√≥n, en ese puntose destaca la estrategia de la AHS, la cualredime el sentido art√≠stico originario del tatuaje, ese que le dieron los polinesios hace miles de a√Īos.

Los equipos y la tinta utilizados fueron puestos sin costo alguno por los tatuadores.

Ahora bien, esto no significa que no ocurrieran conversaciones previas, un consenso entre los tatuadores y los muchach@s que llegaron hasta allí. En esos diálogos es donde precisamente comienza a activarse la educación estética.

La moda, la rebeld√≠a, la marginalidad, se presentan como conceptos que pululan alrededor del tema del tatuaje. Est√°n fuertemente enraizados en el imaginario popular y develan que si bien la marca permanece est√°tica y sin cambios sobre la piel, las maneras de leerla var√≠an con el tiempo y el contexto sociocultural del que se trate. Esto nos pone frente a una paradoja aparente: por un lado evidencia la dificultad de cambiar las percepciones sobre el tatuaje, ya que se debe lidiar con las subjetividades, con la mentalidad que es tan tortuosa de modificar; pero por otra parte, tambi√©n demuestra que resulta posible hacerlo, que con tiempo y ense√Īanza se puede lograr. Para ilustrarlo pongo dos ejemplos: la flor de Lis se us√≥ en Francia para marcar a los delincuentes y hoy se emplea como un s√≠mbolo de dinast√≠a; la estrella sobre los hombros marcaba en Rusia a los criminales de √©lite, hoy el conocid√≠simo m√ļsico cubano X Alfonso las lleva, despojado de ese prejuicio por completo.

Lo cierto es que no se puede borrar de un plumazo siglos y siglos deconvencionalismos, que vienencon la discriminaci√≥n como refiere la leyenda b√≠blica de la marca que puso Dios a Ca√≠n, narrada en el G√©nesis: ¬ęY Yahveh puso una se√Īal a Ca√≠n para que nadie que le encontrase le atacara.¬Ľ (G√©nesis, 4:15); prejuicios que vienen con las heridas aun sangrantes de los tatuajes nazis a los prisioneros en los campos de concentraci√≥n; con la segregaci√≥n de ciertos grupos sociales como los presidiarios quienes han creado sus propios c√≥digos a trav√©s del tatuaje‚Ķ borrar de un d√≠a a otro esas sospechas de la mano del arte resulta una tarea ilusoria. Pretender eliminarlas ser√≠a un poco tambi√©n pretender eliminar parte de la historia.

El escenario ideal, entonces, no lo veo en una sociedad que mire al tatuaje como a un lienzo de Monet, sino en una capaz de identificar y diferenciar la pluralidad de significados y realidades que viven tras un tatuaje, en una sociedad que vea m√°s all√° de la marca de tinta y se preocupe por comprenderla, que no juzgue a la ligera ni de forma estereotipada.

En M√©xico, el mismo pa√≠s donde existe una instituci√≥n como El Museo del Tatuaje, hay una regulaci√≥n que incluye a las personas tatuadas y/o con piercings en la lista de grupos vulnerables a la discriminaci√≥n. La ley busca protegerlos, ¬Ņpero acaso la necesidad expresa de ese propio amparo legal no justifica los prejuicios en cierta medida? En Cuba, tatuados y tatuadores est√°n incluidos, de acuerdo con lo que se divulga p√ļblicamente, por lo menos en una lista de vulnerabilidad: la de personas propensas a adquirir una infecci√≥n por VIH.

Ahora bien, cu√°l es la cuota de responsabilidad que en ello tienen las autoridades del pa√≠s. En varias partes del mundo, los tatuadores tienen que tener una autorizaci√≥n y cumplir con las regulaciones higi√©nico-sanitarias que se deben seguir cuando se trabaja con fluidos corporales, en este caso con sangre. En Cuba esto se ha dejado a la espontaneidad, quienes se dedican a hacer tatuajes se mueven en los terrenos de la ¬ęalegalidad¬Ľ. Ni siquiera con las √ļltimas actualizaciones al modelo del trabajo autorizado por cuenta propia se le ha dado cabida a este asunto.

Con la no existencia de regulaciones para esta práctica, tatuadoresy clientes quedan desprotegidos e, incluso, bajo una mirada más pragmática, al no existir una patente para realizar esta labor, el país deja de percibir ingresos por ese concepto.

La mayoría de los tatuadores entrevistados para este artículo, y para otros que he consultado como referencia, coinciden en la urgencia de que se les reconozca legalmente su labor. Calcule que en ello iría otro paso más para dignificar esa práctica, si se reconoce el acto de tatuar como un trabajo como cualquier otro, honesto, genuino, pues quizá se vería bajo esa misma luz al resultado de ese trabajo.

Esta pelea nos involucra a tod@s, se debe aportar desde todos los terrenos posibles para legitimar al tatuaje que es ya de cualquier forma un fen√≥meno en constante crecimiento. Al cabo, esto ayudar√≠a al fomento de una sociedad m√°s culta y menos parcializada, con horizontes y capacidades cr√≠ticas de discernimiento m√°s amplias. Legitimar el tatuaje trasciende al propio tatuaje porque equivale incluso a legitimar la libertad de expresi√≥n, y es eso lo que se busca hoy ¬Ņno?: una sociedad con pluralidad y libertad de expresi√≥n.

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