Periplos de la narrativa cubana

¬ŅQu√© huellas digitales conllevan a la narrativa cubana contempor√°nea? ¬ŅQu√© desaf√≠os tienen los j√≥venes narradores cubanos? Pudieran ser estas dos preguntas reiteradas en el √°mbito nacional. A mi juicio, podemos segmentar el fen√≥meno, luego sacar algunas conclusiones, o nuestras propias conclusiones, seg√ļn reza la presentaci√≥n de Taladrid.Del discurso

No es secreto que la narrativa cubana en comparación con la latinoamericana, por poner un ejemplo, es diametralmente diferente. La historia sustancial de otros discursos se centran en un hecho, exageradamente informado por la prensa, y por ende, a los narradores les queda una conexión con la historia a partir de cabos sueltos. Tal vez, una aproximación a un testimonio preciso, es el pretexto para que un libro de novelas o cuentos, puedan ser terminados e interesante.

Por su parte en Cuba el discurso parte de la imaginación, de lo no dicho. Los narradores han venido a suplantar el papel periodístico, y por tanto la información es desarrollada por la llamado ciencia ficción o fantaciencia; mas, las circunstancias se basan en un discurso popular.Aunque a la política comunicativa cubana le falta mucho por una nueva energía impulsiva en cuanto a la ampliación de la información; los narradores cubanos han hecho techo en sus temáticas.

Otro de los enunciados desafiantes del an√°lisis narrativo del panorama nacional, pudiera ser las man√≠as y caprichos de algunos¬† por enmarcar una edad; a fin de cuentas, el ser humano tiene una necesidad enorme de identidad, en ello va tambi√©n los nominativos. Pongamos un ejemplo, una persona de 60 a√Īos que nunca en su vida ha escrito, dicho esto, es arrastrado por el and√©n de la cotidianidad, sin perjurar alguna cosa, es de esperar llamarle a la narrativa por su edad. Pero las din√°micas y discursos dictan otra cosa, su expresi√≥n joven no es adulterada y se inserta en un nuevo contexto. La recontextualizaci√≥n de los topos, tiempos, l√©xico, argumento y dem√°s, deben ser analizados por lo circundante. Circunvalar las nuevas alternativas de escritura, ser√° un reto definitorio. Aplicando la teor√≠a del p√©ndulo, y girando hacia el sitio opuesto, un joven con 19 a√Īos, puede tener las maneras y remontarse en su alocuci√≥n al siglo XIX, ¬Ņllamaremos a su literatura joven?

He aquí un punto de análisis para quienes se dedican a enmarcar edades, generaciones. Las nuevas estrategias difusivas tienen una velocidad en el cine, internet, televisión, radio, e incluso en los medios alternativos no subvencionados por el Estado, una visibilidad y posicionamiento voraz. Lo emergente de estas nuevas alternativas desde cualquiera de las manifestaciones del arte, es retador para el contexto no solo cubano sino internacional, y se presenta otras soflamas que deberían considerarse como narrativa.

Hoy los j√≥venes, desprovistos de vicios o de mimetismos, no se acercan al discurso, digamos, de los a√Īos 70, 80, mucho menos del 90. Puede que estas d√©cadas hayan marcado en la l√≠nea narrativa del pa√≠s, pero la manera de asumirla es totalmente diferente. Aunque hay un p√ļblico para cada g√©nero, el futuro visionario y dist√≥cico se apresta con m√°s requerimientos a los anteriores.

De las publicaciones y del subsuelo

Una cosa nos queda clara, hay quien tiene poder narrativo (por las facilidades de publicaci√≥n) y otros poder discursivo, aunque estos dos pudieran encontrar un punto de convergencia. Pongamos otro ejemplo. Un escritor medio en Cuba tiene al menos 3 o 4 publicaciones, ya sea por los Centros provinciales del Libro y la Literatura, o por las publicaciones por alg√ļn premio.

Lo cierto es que esto no lo ubica como un buen escritor sino como un escritor editado y publicado. Las publicaciones no definen a un escritor de manera trascendental. T.S. Eliot, unos de los mayores escritores y críticos que ha existido, ni siquiera por la cantidad de libros publicados en vida, pudiera posicionarse como un buen escritor, sin embargo la realidad ha ofrecido otra realidad.

C.S. Lewis, con una formaci√≥n elevadamente cultural, atea y luego eclesi√°stica, no pudiera tener n√≥mina en el listado de autores populares ‚ÄĒseg√ļn la cantidad de publicaciones, repito‚ÄĒ. Alejo Carpentier, en sus inicios encontr√≥ la forma de drenar sus provocaciones art√≠sticas-period√≠sticas en revistas especializadas y en la prensa plana (en ese momento). Lezama Lima, recurri√≥ una y otra vez al desamparo y al hambre, seg√ļn testimonios de sus cercanos. Ezequiel Vieta no encontr√≥ el afecto de sus contempor√°neos, y pocos libros se guardan de √©l, a decir de Lina de Feria.¬† En tiempos de aparente lucidez en el panorama internacional, los premios Nobel fueron invisibilizados, y a Cuba (por citar un ejemplo), pocos fueron los libros llegados y luego reeditados. Virgilio dir√≠a una sola frase: ¬Ņpara qu√© me preguntan?, puede que Santiesteban, Arzola, Arrieta, gozaran de un mismo padecimiento.

El desaf√≠o en este sentido es sumamente tentador. En primer lugar, quedar√≠a demostrado que cantidad no es sin√≥nimo de calidad. El subsuelo que calza estas palpitaciones, sin lugar a dudas, es la econom√≠a. Marx, claro de la sustentabilidad de la superestructura en cualquier sociedad, su propuesta de atenci√≥n en la econom√≠a es para nada despreciable. La tem√°tica en el discurso, y no de la narrativa, va a estar basado en un primer momento en la epidermis, luego en el hecho en s√≠, y alg√ļn otro elemento coyuntural; pero las esencias agitaran la econom√≠a popular. Paulo Freire, dec√≠a sobre el poder popular en tanto como olla de presi√≥n que estalla cuando las condiciones espirituales, conscientes y econ√≥micas est√°n dadas para una ebullici√≥n. As√≠ mismo sucede con el relato, en tanto, su discurso sea art√≠stico, literario o period√≠stico; y mucho m√°s si se centra en lo popular. Los subsuelos se superponen a las maneras de decir, ya sea realismo sucio o ‚Äúrealismo lavado‚ÄĚ.

Interpretar e interpretarse

Arist√≥teles estaba claro al decir que ‚Äú‚Ķtodo, o es origen o tuvo origen: lo ilimitado no tuvo origen, porque equivaldr√≠a a tener l√≠mite. Adem√°s, al ser el origen (o fuente, o principio: arkh√©), es inengendrado e imperecedero‚Ķ Por ello, como digo, no puede tener origen, sino que √©l resulta ser el origen de lo dem√°s, y abarca, gobierna todas las cosas‚ÄĚ. ¬ŅAcaso el designio de la narrativa es volvernos soberanos haci√©ndose impersonales las palabras?

Interpretar la narrativa es a√ļn m√°s dif√≠cil que hacerla. No diferir de las similitudes con la prosa, ser√≠a un juicio desacertado y absurdo. Tan complicado es la poes√≠a como la narrativa, aunque los dos se armen de discursos. Ocultar ese pin√°culo, es desentenderse de la interpretaci√≥n pura. Escapar del vergonzoso constre√Īimiento de la elecci√≥n entre obediencia y libertad, o de la demencia proscrita, es franquear el curso de lo peor, seguir las sendas peligrosas, cazar cada d√≠a m√°s all√° hasta llegar a interpretarse. Estas dos nomenclaturas se instituir√°n de la mano. Fuera de lo narrado, y de sus argumentos apasionados, es necesario cuidarse del sufragio y de las propias palabras que se escribe. ¬ŅQui√©n ser√° el lector?, lo m√°s probable es que sea alguien a quien la especulaci√≥n arma pero la pluma absuelve.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico