Pentagrama #2: Azul en muchos colores (+videos)

(Diario del festival Palabras 2021 en Santiago de Cuba)

I

¿Por qué es importante visibilizar a los exponentes de la cultura hip hop?

¿Cómo crear espacios para la renovación simbólica de esta cultura en Cuba?

El hip hop no solo ha sido una cultura de resistencia ante la pobreza o la marginalidad (que puede verse a distintas escalas) entre sus cultores. Se trata de una expresión multidisciplinar que ha evolucionado no solo en sus prácticas artísticas sino también en sus políticas para “el buen vivir” y “el buen convivir”.

La internacionalización del producto hip hop ha logrado desmitificar su existencia underground, proyectando sus discursos por todo el orbe. Las luchas contra la desigualdad de clases, la violencia, en favor de la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer, las trasmutaciones sociales, el devenir de la historia, la familia, el amigo, el contexto y la sinceridad de lo que se expresa, han sido motivo de análisis en el hip hop. Nada en sociedad le es ajeno, nada espiritual le es lejano.

Lo que en algún momento parecía una agresión a los valores tradicionales e identitarios nacionales (de cualquier país) se convirtió en un arma mundial contra la injusticia social. Un camino para la libertad de expresión que atemoriza al poder por su discurso y su lenguaje seco y directo. ¿Habrá poesía en eso?

Para muchos el rap es poesía urbana. Una que retrata el día a día sin otro interés que la expresión misma de un sentimiento. No son pocas las exposiciones de graffiti en los grandes museos del arte contemporáneo. Los DJ evolucionaron a otros géneros y sonoridades combinaron lo visual con su música para generar un nuevo producto en vivo. Grandes compañías danzarias han introducidos elementos del breaking a sus coreografías, y cantantes de resonancias internacionales han colaborado con un sinfín de raperos (aunque hoy pudiéramos decir, que son los raperos quienes se dan el lujo de colaborar con otros cantantes, pues tienen la misma jerarquía y legitimidad ante la audiencia). Lo cierto es, que el hip hop sigue siendo una cultura de resistencia que ha desarrollado maneras de producir materiales sensibles de alto valor estético y patrimonial. Esa producción sensible es producida de igual modo que como lo hace el nombrado arte tradicional, y hace de esta cultura un patrón del cual el individuo puede identificarse y asumirse. La moda ha sido muy perspicaz en detectar eso y maniobrar con esa información a su conveniencia.

II

Cuba posee hoy una textura muy singular entre las voces del hip hop. Aun sin ser lo más popular dentro del fenómeno de los materiales clasificados como “urbanos” (sobre todo en la música), la complicidad de antaño de la cultura con su público es evidente. El hip hop es más que música, es un modo de vida. La necesidad de expresarse desde donde se vive y desde los principios que hacen a los individuos lo que son, es sensible por antonomasia. Así los receptores encuentran su respiración, siente que alguien habla por ellos, sienten que la liberación que significa el hecho de expresarse, también es su liberación.

¿No es esto lo que persiguen los espectadores con el arte?

Valdría la pena adentrarnos a la Cuba menos vista por los medios y referencial a las distintas comunidades que albergan esta cultura y subculturas parecidas. Aunque algunos estudios sociales han introducido el tema, creo que la visualización de estas comunidades como desarrolladores de materiales sensibles para la construcción de una mejor nación es un trabajo hecho a medias y por lo general solo visto desde el arte. Esta expresión desde su concepción más sincera, es un ensayo de país. Nada que posea tanta sinceridad debería permanecer oculto.

El hip hop debe ser analizado desde todas sus áreas de acción, desde lo psicológico hasta lo antropológico. Hay que generar espacios que no solo sean vinculantes con el arte.

¿Acaso no es “la cultura” una noción superior al hecho artístico para las ciencias sociales?

    

III

El Festival de Hip Hop Palabras 2021 ha conseguido identificar valores que necesitan ser visualizados por el público. Valores que muestran a la mujer como eje de todo: espacio, motivo, práctica, voz, cuerpo e imagen. La mujer como referencia para establecer criterios y tomar decisiones importantes. La mujer como sinfonía de choque para un mejor futuro.

El panel Cubanas en el Hip Hop, exigencias y aspiraciones, coordinado por el Proyecto Diversas, nos regaló la apreciación de las invitadas: MC Yipsi Klibre (Santiago de Cuba), MC Xiomis (Cienfuegos) y la activista Clara Betzi (Santiago de Cuba), sobre qué tan inclusivo puede ser el hip hop desde sus experiencias. Madres, artistas, hijas, esposas, profesionales… la mujer en el hip hop no se esconde, no busca la aprobación para construir su discurso. Ellas se convierten en el discurso para concretar sus deseos y aspiraciones: la dignidad y la integridad de sus valores.

La Bgirl Diana miembro del Proyecto Rompiendo el Paso (La Habana) mostró su trabajo desde el lenguaje corporal que caracteriza su obra. Lo sensual como régimen para la expresión corporal y no como norma para convertir al cuerpo en objeto del deseo masculino. Bailar es liberarse. Bailar es existir.        

La intervención del Proyecto AfroMelenas Cuba, por su directora Clara Betzi (Santiago de Cuba), nos introdujo al activismo sociocultural como accionar propio de esta cultura. Ella nos habló sobre todo lo que este proyecto ha estado generando en función de visualizar los rasgos inter-raciales, el peinado, el tratado del cabello con productos naturales, así como el vestir desde los colores más caribeños y africanos. Betzi, quien fuera DJ del movimiento de rap en Santiago de Cuba, utiliza la imagen corporal y sus aditamentos como recurso expresivo. Es una manera de convidarnos a la aceptación personal pero también a la aceptación del otro.

Un punto y aparte merecieron dentro de este evento la participación de las artistas visuales. Más de nueve exposiciones y varia documentación de procesos creativos han sido compartidas durante el desarrollo del programa. En esta segunda jornada tres exposiciones personales pudieron ser apreciadas por el ciberpúblico. La primera, Azul en muchos colores, de Gabriela Padrón (La Habana), es una oda a la mujer como ser divino. La mujer que sueña, florece y vigila la ciudad desde su desnudez. La mujer es una imagen eterna e infinita y su cuerpo no es para satisfacer los ojos de nadie.

La segunda exposición, Osadía, estuvo a cargo de Thalía Bernard (La Habana). En ella el color adquiere una resonancia simbólica a la par de lo figurativo. Es una muestra sobria donde la mujer es vista desde distintos contexto o ensueños. El cuerpo posee alas o tatuajes. La boca, la piel y el pelo son enfatizados, como si todo lo simbólico de la imagen naciera en alguna de estas partes.

La tercera muestra es Solo necesito un instante, de la artista Jessica Betancourt –Pikyai– (La Habana). En ella se observa a una mujer cuyo poder está en su propia naturaleza. El cuerpo mezclado con los atributos de algunos animales, su rostro sobre la ciudad, el azul y el amarillo como manto sensible. También es apreciable algunas figuras geométricas que se combina con el cuerpo para hacer alusión a dos temáticas fundamentales: el sacrificio y la libertad. Su cuerpo pende dentro del triángulo, su cuerpo es una sirena sin rostro.

Esta jornada fue especial también por la presentación de conciertos y otros materiales de artistas como MC Leli La K-lida (Holguín), MC Xiomis (Cienfuegos), AKM SQUAD (Santiago de Cuba) y MC Yisi Calibre (Santiago de Cuba).

IV

Abogar por aquellos espacios de resistencia cultural, desde la perspectiva vanguardista del suceso artístico, siempre ha sido uno de los grandes objetivos de la AHS. La cultura hip hop en Cuba sigue siendo defendida por una comunidad que se regenera constantemente. Los hechos vinculantes de los productos nacidos de esta cultura con los valores de nuestra identidad cada día son más innegables. El ojo que observa dialoga con esta expresión sin temor a “lo marginal”. No se trata de una cultura para vulnerar prácticas sociales que rompen con los principios cívicos de nuestra sociedad. Es una cultura para defenderlos.

Los tabúes siguen pasando a otro plano con el pasar del tiempo. Si el hip hop es nuestro rostro más sincero (sin maquillajes), aceptarlo también es aceptarnos. Es válida esta oportunidad para visualizar nuestro rostro desde la mirada femenina. Desde lo maternal y lo sacrificado, desde lo valiente y lo imprescindible. La mujer debe seguir mostrando su potencial, su capacidad ante cualquier disyuntiva y su criterio crítico y formativo.

Debemos considerar el lenguaje en la cultura hip hop como un medio de retórica que puede influir en un sector de la sociedad. Esta es una herramienta educativa que puede ser explorada más a fondo. Otro camino para aspirar a tener la palabra pero también para dar la palabra. Otro camino para concretar nuestros sueños, respetarnos y potenciarnos con nuestras singularidades. Algo así como nos muestra Gabriela Padrón a través de su obra: un lugar donde ser azul en muchos colores.

 

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