Palabras compartidas por Eduard Encina

Hace varios años Eduard Encina leyó los versos de “Remanganaguas” en la sede de la UNEAC holguinera. Esa mañana leyó también otros textos inéditos, pero “Remanganaguas”, nombre de un lugar mítico en parte del imaginario popular de la región oriental, asociado a la muerte y los entierros de José Martí, es uno de esos “poemas–disparos” que se quedan impregnados en la cabeza por un buen tiempo dando volteretas indóciles y agresivas: Está turbio el Contramaestre/ Mayo viene arrastrando estatuas que sacaron el pie de la piedra/ en otra margen los niños ven pasar pedazos de héroes/ lanzan flores…

A la obra del poeta y narrador Eduard Encina (Baire, Santiago de Cuba, 1973–2017) estuvo dedicado un panel homenaje como parte del evento “Palabras compartidas” dentro de las 25 Romerías de Mayo

En el salón “Abrirse las constelaciones” de Ediciones La Luz, los escritores Yanelis Encinosa, Reynaldo García Blanco y José Luis Serrano, con moderación de Adalberto Santos, recordaron al autor de los poemarios Golpes bajos, Lectura de Patmos y Lupus, textos necesarios para la comprensión de la joven literatura cubana, pero también al amigo y especial ser humano que habita en estas páginas.

García Blanco recordó, desde la visión del amigo, los inicios literarios de Encina y su participación en los talleres literarios en Santiago de Cuba, además el aparente carácter rudo, propio del boxeador que fue, pero al mismo tiempo alegre, bonachón, del autor de los textos para niños El silencio de los peces, Ñámpiti y Las caravanas. Serrano subrayó principalmente las décimas de Eduard y la calidad de estas, que aparecerán próximamente bajo el sello de Ediciones La Luz; mientras Yanelis Encinosa destacó la presencia de la muerte en una obra donde predomina la “estética del bofetón, del golpe bajo”. Asimismo, “la mirada crítica al entorno desde la disección que realiza el poeta, las referencias a sus lecturas, pero también su preocupación por la isla, el tema de la patria, la nación, la identidad”.

Encina es un autor que “ejercía la literatura con absoluta naturalidad”, destaca Adalberto Santos. En sus poemas el lector puede encontrar una voz segura, consistente y experimental respecto al lenguaje, pero conocedora, al mismo tiempo, de la tradición poética universal y de sus contemporáneos. Con su fallecimiento la poesía cubana pierde unas de las voces más originales, inteligentes y conmovedoras de una generación poética que aún tiene mucho que decir en el panorama de las letras insulares. Y además, a una tremenda persona, un tipo campechano como pocos que desde el dolor y la cotidianidad de su Contramaestre supo elevarse en el complejo camino de la poesía y la creación literaria.

De “El desbroce”, uno de los poemas con que obtuvo el XXII Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, son los siguientes versos que nos recuerdan que Eduard Encina, poeta completo y sincero, sencillo y complejo al mismo tiempo, como sus versos y su vida misma, inmerso en la manigua poética de los campos cubanos, dio “pisón, repello y lechada” para bien de la poesía en Cuba: Solo con el machete se aclara el camino/ de un lado arde la zarza/ del otro el marabú se repite/ de boca en boca/ como los malos poetas que vienen del Oriente/ cargados de odio, silencio y mierda/ Vienen a caballo/ Maceo, Guillermón, Rabí, un bulto de negros/ que no entiende la abulia, los mercados/ la libra de corruptos en pie/ Siguen su estrella y avanzan/ poetas vivos sobre poetas muertos/ un combate desigual pero no importa, nunca importan los caídos/ sino los que dieron pisón, repello y lechada.

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