Oscar Sánchez, un trovador que sorprende

La capacidad de dejarse sorprender es algo bien importante en la vida, y no por aquello de creerse más sensible que nadie, sino por estar abierto a las cosas que puedan llegar, por darle un chance, no al amigo ni al vecino, sino a uno mismo, de vivir algo diferente y sobre todo de disfrutarlo.

Especial es la sorpresa de quien ve y escucha por vez primera a Oscar Sánchez, un joven músico —graduado de instructor de Artes Plásticas—, miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), que nació en Holguín pero vive en La Habana y que tiene la capacidad de enganchar a todo el que presencia su acto creativo.

Cuando sale al escenario se le nota cierta onda roquera, que se transforma luego que se sienta sobre la marímbula, ese instrumento de origen africano, y pulsa sus láminas resultando en un singular sonido que se conjuga a la perfección con su poética, no solo la de la letra sino también la de su voz, que mezcla trova tradicional con rap, con guaracha, con changüí,  con nengón y sobre todo con esa rítmica latinoamericana. Pasa de la marímbula a la guitarra, al tres y a cualquier otro instrumento que le permita expresar con esa peculiar forma su sentimiento sobre acontecimientos de la vida cotidiana. Quienes lo conocen afirman que su obra tiene la característica de parecerse a su tiempo, de ser un cronista honesto de los dramas humanos de su entorno más inmediato.

La presentación de Oscar es como una performance, un acto que atrapa desde su inicio y que puede ser analizado desde el punto de vista musical, con su característico eclecticismo. Desde el punto de vista estético, como una nueva manera de presentar a un trovador, que hereda pero niega sin perder el alma de una trova sin nombre. Y desde el punto de vista interpretativo, porque  Oscar Sánchez se construye un personaje que tiene gestualidad propia, que tiene un objetivo: llevar al público a la risa, al asombro y sobre todo a la satisfacción de presenciar y ser parte de una buena obra.

Este joven artista logra realizar una buena mezcla musical, conceptual, poética, dramatúrgica e interpretativa que resulta en un producto con dotes puramente cubanas, que se parece a los tiempos que corren y que por críticas defienden sus raíces y son bienvenidas a todo el que las escucha. Es un trovador que defiende un arte milenario pero se renueva sobre sus esencias y muestra lo que podría nombrarse renovísma trova.

Toda esta atmósfera interpretativa es resultado del carácter intrépido de un hombre que se acercó primeramente a la batería; que aprendió guitarra de forma autodidacta; que luego se las ingenió para hacerse de un tres y que siente apego por la música folclórica como la expresión más genuina de voces e instrumentos. En fin, que quien se acerque a la obra de Oscar Sánchez lleve siempre consigo esa capacidad de sorprenderse, porque siempre, siempre será grato el encuentro.

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