No apto para mayores: Lecturas de una intrusa

Un niño descalzo se lanza al ataque. Porta una espada de palo, el palo del vampiro. Una cazuela protege su cabeza en el combate. Lo acompaña una legión de hormigas con armamentos. Qué nombre le pondré al protagonista de estas historias. Busco entre mis vecinas a Sary. ¿En cuántas familias descubro a su amigo Ariel?

“La guerra en secreto comenzó el día que le dije a mamá: esto es conversación de Menores.” Y con esta declaración bélica se hace a la luz de la literatura cubana un libro que muestra sombras del universo infanto-juvenil y las familias. Es un volumen donde asoma la crudeza, el dolor, ese que por mucho tiempo se excluyó de las narrativas pensadas para las edades tempranas.

De la autoría de Yunier Riquenes, llega en 2018 este libro a la tutela de la Editorial Oriente. El título tuvo su primera luz por Ediciones Caserón. La presente, cuenta con la edición de Zaylen Clavería, el diseño de cubierta corre a cargo de Naskicet Domínguez, mientras que Amels Rodríguez se ocupa de las ilustraciones. La guerra comprende 16 combates, o más bien 15, y una rendición de las armas con tratado de paz.

¿Cuántos padres no sienten que la corporalidad de sus hijos cual esclavitud les pertenece, que es zona geográfica de sus acciones para lo que entiendan? Aun sin “malas intenciones” la maternidad-paternidad suele construirse desde una relación de poder-subalternidad y no siempre de respeto e igualdad como individuos. Por eso creo que sin pecar en generalizaciones, la letra de Riquenes ahonda en realidades “legítimamente invisibles”.

Yunier, al igual que otros escritores de literatura para niños y jóvenes de su generación, introducen temáticas antes vetadas, temas como la violencia, la muerte, prejuicios de disimiles índoles, la fe religiosa y otros, aparecen con toda intención en sus narraciones.

Los relatos coinciden en la visualización de las relaciones de poder, subalternidad o antagonismo con que de modo tradicional se han entendido en muchas familias las relaciones entre padres e hijos. En algunos momentos se abordan también el modo en que los conflictos de pareja repercuten en el estado emocional de los niños. Las narraciones explicitan actos de violencia que en el seno de la sociedad casi siempre son entendidas como algo normal:

El inicio de la guerra

  • “A veces me pregunto por qué Los Menores no podemos tomar nuestras propias decisiones, por qué no podemos escoger la ropa que queremos usar, por qué siempre, si mamá o papá sacan un short, y uno reclama, ellos dicen: dale, ponte ese; no comprenden que a uno le interesa andar con pantalón para verse más grande. Pero no entienden, si no te lo pones te dan un golpe”.

Los Adversarios

  • “Si uno los enfrenta en la cocina te pueden amenazar con cucharas, vasos, espumaderas, sartenes, o cualquier otro utensilio”.

Predominan las narraciones breves, cuyo dinamismo en ciertos pasajes ilustran escenas violentas y remedan como en el cartel de apertura,  n ring de boxeo: “Halaban por la derecha, por la izquierda. Derecha, izquierda. Derecha, izquierda, hasta que pegué un grito”.  

Y también estos pasajes hurgan en el universo y la psicología de los infantes y en las carencias y desatenciones emocionales que sobrevienen a las rupturas familiares:

Los Adversarios

  • “Cambian de ciudades y se lo llevan todo. O lo dejan todo a tu nombre. Ordenan y hay que recoger, apurarse para ir a donde vayan, en el corto tiempo que tienen”.

Esta página describe cómo todo niño tiene días en que finge algún malestar para quedarse en casa. Ante la presunta afección recibe mayores atenciones y mimos de los adultos. Nos invita de manera implícita a reflexionar si realmente se necesitan situaciones como éstas para dedicarle tiempo y afectos a los hijos.

Hay momentos  en que esta narrativa pareciera recrear escenas de extrema violencia:

  • “Si descubren que mientes, vuelven a ser los de antes y te mandan a la escuela después de una tanda de golpes”.

¿A ustedes les parece crudo? Sí lo es, tanto como la verosimilitud de los conflictos al interior de algunos hogares que hoy se definen como “disfuncionales”. No valen generalizaciones por supuesto, pero todos escuchamos historias como éstas nacidas de la cotidianidad, o peor, hemos sido testigos en nuestros entornos y hasta quizás alguien encuentre algún referente familiar. En los códigos del sistema cultural y hábitos de interacción familiar-popular del área cubano-caribeña, la violencia se asimila en múltiples ocasiones como una conducta normal. Muchas familias no reparan en ello, ni siquiera tienen conciencia de la dimensión de sus actos.

Un par de chancletas –las de la contracubierta– definen la ilustración de este relato. El signo es el más ilustrativo en la comunicación que define este tipo de interacciones familiares. Padres-hijos-chancletas es una tríada muy ilustrativa dentro de la simbología familiar cubano-caribeña, nos guste o no, antes más, quizás menos ahora. Chancletas, cintos y otros accesorios son íconos de la violencia física y psicológica por estos contextos, y solo en tiempos recientes desmontados de su altar gracias por ejemplo a campañas de bien público lideradas por los medios de información.

Las historias acontecen en un escenario rural donde emergen además el tema del amor del niño hacia el entorno, el paisaje natural y los animales. El infante a menudo se arma para su campaña belicista con símbolos de amor y paz, otras veces es preso de las contradicciones propias de la edad:

 Formación y Ataque

  • “Enseguida formé el ejército. No contaba con tanques de guerra, soldados de plomo ni robots de última tecnología; confiaba en el río, la paloma y las ovejas. Formé el ejército sin lema, himno ni bandera.”

La voz que nos conduce en estas narraciones pretende salvar a las ovejas del palo del vampiro, quiere evitarles el sacrificio y traza junto a éstas una estrategia que adopta códigos de la fábula. El desenlace del relato es optimista. Concluye con un excelente toque de humor muy apropiado al entorno campesino:

  • (La madre del niño): -Menos mal que comió, Sary. Ya me estaba preocupando este muchacho. Mírame aquí –señaló la cabeza–. Sentí que algo me cayó al salir del río.
  • -Es mierda de pájaro, dicen que eso es buena suerte.
  • -¡Por ahora no! –ripostó enojada, oliéndose el dedo-. ¡Es mierda!
  • (…)
  • Sonreí, desde otro flanco el ataque había continuado sin instrucciones previas.

En Cómo vuelven a nacer las ovejas el conflicto reitera la preocupación y el sufrimiento del niño ante el sacrificio de las ovejas en el instrumento El palo del vampiro. Tal proceso de la faena campesina se describe al detalle. El personaje del padre se representa como un hombre rudo que asume las faenas y el sacrificio de los animales como un hecho natural, lo cual recibe el cuestionamiento del hijo.

A partir de este motivo central se deslindan otros subtemas como una insinuación de soslayo a los primeros afloramientos eróticos; otros, como las afectaciones medioambientales, y de modo relevante hasta la última oración del compendio, se introduce el subtema de la fe religiosa. El protagonista le cuestiona a Ariel, compañero de mesa y amigo sobre lo verídico de la existencia de “Él”, “ese Señor” o “Dios”.

Hay ciertos tonos jocosos en el abordaje del tema al cuestionamiento de la fe que no le restan trascendencia y respeto, pues desde la voz de la infancia resultan permisibles y hasta simpáticos:

  • “Sus padres hablan mucho de Él:
  • Compraron un televisor: GRACIAS A DIOS
  • Alcanzaron mangos en el mercado: GRACIAS A DIOS
  • Llegaron temprano: GRACIAS A DIOS
  • Pero si llegan tarde, o no consiguen nada: DIOS SABRÁ POR QUÉ, GRACIAS, DIOS MÍO.”

Más adelante en otros relatos se formulan preguntas como qué es la Biblia o si ¿Dios es escritor?

La problemática medioambiental, los desastres, el cambio climático y sus consecuencias afloran en El tren de agua y en La paloma sube y baja del cielo. En el primero, las aguas dulces adquieren protagonismo por sus significados en el escenario campestre y en los nexos afectivos del niño, a quien preocupa cómo su ausencia afecta las costumbres de las personas en ese entorno.

En este relato los personajes de los padres aparecen representados con mayor benevolencia. La narración remite a una retrospectiva, cuando los padres no eran padres, y solo eran jóvenes que se enamoraban:

  • “Me contó que nací gracias a esa poza, a la pasión que mamá y papá desbordaron. Entonces eran unos muchachos y no pensaban tanto como Mayores. Mamá con el pelo largo y la risa tierna, y papá luciendo los mejores saltos en el trampolín”.

En el segundo ejemplo, los desastres medioambientales tienen lugar desde la metáfora del vuelo de una paloma por diversas zonas del planeta en destrucción.

En la significación popular la hoja de la yagruma, por sus diferentes tonalidades a cada lado, es referente de comparación con la hipocresía humana. Así en La tercera cara de la hoja de la yagruma, el protagónico compara las relaciones de Los Mayores con dicha hoja:

  • “Si Sary llega a la casa, Los Mayores piensan de blanco; si mamá habla con papá, hablan de verde. Si Sary habla con mamá, parecen las mejores amigas; si hablan mamá y papá, Sary es una gorda desvergonzada y mentirosa.”

Aparecen otras cuestiones con base en la identidad y las creencias populares del tipo: “Y dicen Los Mayores que cuando una paloma canta, se va a morir un viejo”.

El Ladrón de Agua es un hermoso relato que habla de cómo la escasez, la mentira y la hipocresía destruyen la amistad entre los adultos. Tiene momentos donde se percibe un excelente sentido del humor.

Faltas de Ortografía aborda la importancia de la buena ortografía y el valor de la amistad, pues es Ariel, su compañero de mesa, quien le exhorta y brinda herramientas para mejorar este aspecto. Este cuento trata el modo en que seres de diferentes credos pueden sostener una amistad, pues es Ariel hijo de una familia cristiana, no así en el caso de los protagonistas.

“Le pregunté a mamá y a papá qué cosa era el amor, si uno lo descubría por los olores”. En ¿Qué puede ser el amor? Aparecen discordias capaces de separar todos los afectos posibles. La celebración del cumpleaños de Diana, la perra de la vecina Sary, se torna metáfora pretexto para abordar el asunto de exclusiones por motivos de razas o posicionamientos sociales. Pero esta historia de amor, a la complicidad de varios personajes, tuvo un desenlace feliz:

  • “Cuando Sary pegó el grito, era tarde: por primera vez Lobito amaba a una perra, aunque no fuera de su clase.”

“A veces creo que Los Mayores no saben del amor, si supieran no sucederían esas cosas.” Se cuestiona el personaje en La batalla naval de las hormigas, mientras indaga en las manifestaciones de los conflictos conyugales de sus padres y el modo en que le afectan. Se describen algunos signos de violencia en la comunicación de la pareja. Ri, como el protagonista nombra cariñosamente al río, es el refugio cada vez que tiene alguna tristeza en casa. Compara a las personas con las hormigas y admira el modo en que estas forman su propio ejército y enfrentan unidas la adversidad. “A veces el ejército de las hormigas es invencible”.

No Apto para Menores expone las incomprensiones generacionales como lo que se considera adecuado o no en la televisión para la recepción de los infantes. Se reiteran temas como la fe cristiana, las destrucciones causadas por las guerras y los problemas medioambientales. Como el niño de estas tramas es de pensamiento inquieto se pregunta si realmente existen diferencias entre algunas manifestaciones sentimentales-eróticas (besos) entre las aventuras y las novelas. Se menciona el tópico de las manifestaciones de afectos eróticos en las primeras edades y sus “travesuras” para manifestarlas.

Me conmociona la lectura de El Club de la Pelea. Tras la conclusión de un acto de agresión extrema entre colegas de aula concluye el relato:

  • “La maestra habló de los colombófilos, los hombres que cuidan palomas; algunos, cuando andaban por pueblos lejanos, enviaban mensajes con ellas; otros las echaban a competir contra el tiempo y sobrevolaban campos y ciudades sin saberlo. Pero las palomas no debían ser nunca una razón para la pelea entre los hombres, y mucho menos para la muerte. De eso yo estaba convencido.”

Qué actitud asumimos los adultos cuando los niños se pelean. Si les da vergüenza no lo digan. Una cosa es lo que se admite en público y otra la que se adopta cuando es el niño de casa el que forma parte del conflicto. Genera contradicciones:

  • -“Si te haló el pelo o te cogió la goma no me des las quejas, pártele la cabeza, tírale la silla; no dejes que te cojan la baja.”

Los códigos y manifestaciones de violencia del mundo adulto se trasmiten a las siguientes generaciones, de modo que se perpetúan en la sociedad.

  • En Por dónde se pierden los aviones se plantea  “Si había un buen lugar para castigar a Los Mayores era adonde iban los aviones. (…) Pero nos quedaríamos sin padres, maestros, tíos, médicos, payasos, panaderos, y unas cuantas personas más”.

Infecciones invita a la reflexión en torno al amor a los animales e introduce el tópico de la ingratitud de algunas personas hacia estos. Aborda lo relacionado con el abuso animal. 

Cuando ya al fin se declara el cese al fuego podemos llamarle Gaby al pequeño que nos condujo estas páginas por esta guerra secreta. Es su cumpleaños y aunque cada lector pueda calcularle un año de más o dos de menos, celebra junto a sus padres, vecina y amigo que ya está creciendo. Las armas han sido depuestas en La debilidad de los adversarios, capítulo de conciliación. Los personajes aparecen en una dimensión de mayor equilibrio y matices en sus caracterizaciones. Se difuminan los extremos con que antes el niño había juzgado a sus padres, pues como reconoce “Nunca pude hacer un enfrentamiento real contra Los Mayores”. El aroma de la comida de mamá resulta irresistible. Gaby quería pedir perdón a sus padres por declararles la guerra aunque fuera secreta. El festejo del cumpleaños fue motivo de esperanza. 

Hay reconciliación también en la naturaleza:

  • “…No había ni una nube gris, pero se desprendió tremendo aguacero, como si Dios se hubiera puesto a hacerle cosquillas al cielo para que riera a carcajadas.
  • Ariel y yo nos fuimos a escuchar el arrullo de la paloma que había puesto los huevos en la yagruma, a mirar como Ri engordaba y gritaba, con el pecho abierto: voy a llegar, voy a llegar de nuevo al mar.”

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