Negociar soluciones de consenso es la tarea ciclópea de cada día

Tomado de La Jiribilla

Palabras de agradecimiento por la entrega del Premio Maestro de Juventudes, otorgado por la Asociaci√≥n Hermanos Sa√≠z a los destacados artistas e intelectuales cubanos Jos√© Villa Sober√≥n, F√°tima Paterson, Silvina Fabar, Vicente Feli√ļ, Jes√ļs Cabrera y Helmo Hern√°ndez. Este reconocimiento se hizo p√ļblico en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, en v√≠speras del aniversario 32 de la Organizaci√≥n que agrupa a la joven vanguardia art√≠stica e intelectual cubana.

Buenas noches. Honrado y a la vez retado por el honor que recibimos, asumo la dif√≠cil tarea de hablar en nombre de todos. Perm√≠taseme comenzar glosando a dos grandes poetas. Primero, a Eliseo Diego, quien en alguno de sus trabajos escribi√≥ que ‚Äúvivir es como leer, uno puede llegar al final sin enterarse‚ÄĚ, sabia advertencia que estar√° presente en todo lo que pretendo decir esta noche. En segundo lugar, debido a su utilidad en mi vida, a Bertold Brecht, quien en medio de un poema reflexion√≥: ‚Äúnosotros que abonamos el mundo para la amabilidad, no pudimos ser amables con nosotros mismos‚ÄĚ. Lo sab√≠a de sobra este hombre que entreg√≥ su vida al teatro y la poes√≠a, en aras de que pudieran contribuir a transformar el mundo, sin esperar las recompensas que no recibi√≥.

¬ŅY en Cuba? En lo que ata√Īe a los asuntos que nos convocan hoy, parece conveniente observar que los √≠ndices de envejecimiento de la poblaci√≥n no se corresponden con nuestro desarrollo econ√≥mico y eso es un problema. Usualmente lo analizamos desde la demograf√≠a, lo que revela, solo parcialmente, su significado y terribles consecuencias. Sin embargo, se trata de algo muy serio, solo abarcable cabalmente desde la Cultura, entendida esta en su concepci√≥n m√°s amplia.

Hay muchas formas de envejecer, así como hay diferentes maneras de relacionarnos con los más jóvenes. Asociamos la vejez al deterioro de nuestras capacidades, al empecinamiento en ver las cosas de una misma manera, o a la proximidad de la muerte, entre otras muchas cosas. Pero deberíamos verla, ante todo, como la expresión del paso del tiempo, cuestión que nos coloca a suficiente distancia como para ofrecernos la perspectiva de la experiencia vivida.

No se debe confundir siempre esto con la sabidur√≠a. Solo es cierto a veces, como cuando pensamos en t√©rminos de un sujeto colectivo y aplicamos modelos te√≥ricos de dudosa eficacia para los procesos sociales. Pero contados uno a uno, y aunque todos tendr√≠amos lo que llamamos una historia de vida, la sabidur√≠a, o mejor, lo √ļtil, vendr√≠a de aquellos capaces de mirarse a s√≠ mismos con la lucidez necesaria. Seguramente sus historias ser√≠an las m√°s complejas y dif√≠ciles, llenas de aciertos y fracasos, muchos intentos est√©riles (fallidos) y algunos logros, ¬°no muchos!, a menudo sin el reconocimiento de los dem√°s. Si nos atenemos a su dimensi√≥n social, habr√° seguramente un proyecto personal de vida, siempre atado a la vocaci√≥n de servicio; un entrenamiento que nunca se ha detenido en los saberes que le han sido necesarios; muchas horas interminables dedicadas a un trabajo que fue placentero la mayor√≠a de las veces y; desde los a√Īos en que casi se confunden juventud y ni√Īez, la voluntad de entrenar, ense√Īar y compartir con otros lo que ya damos por aprendido. Es as√≠ como, en los casos en que ha valido la pena, quehacer revolucionario y trabajo profesional fueron teniendo un denominador com√ļn: el ejercicio de alguna forma de magisterio. Lo que, como sabemos, es condici√≥n esencial del ser cubano.

Muy j√≥venes, durante los momentos ‚Äú√©picos y dif√≠ciles‚ÄĚ de los a√Īos sesenta, aprend√≠amos c√≥mo acompa√Īarnos y desbrozar juntos el camino, a menudo con serios tropiezos. Solo el liderazgo de Fidel, como antes el de Mart√≠, hac√≠a posible la construcci√≥n del consenso necesario, salvando las diferencias de edad y algunas otras mucho m√°s dif√≠ciles de superar.

Tengo el privilegio de haberme sentido siempre acompa√Īado por maestros excepcionales. Dignos como eran, sabios como los recuerdo, algunos de ellos a√ļn viven. Les vi asumir las dificultades m√°s complejas junto al resto de la sociedad y, con entereza y decoro, enfrentar los reveses de las injusticias y los tratos inmerecidos. Por supuesto, no hablo solo de la academia. Atesoro momentos de magisterio directo del Che y de Fidel, que marcaron el rumbo de mi vida; pero tambi√©n de aquellos que, desde los a√Īos de la Escuela Primaria, encontraban siempre el equilibrio, la palabra justa, o hasta la amonestaci√≥n merecida; atentos siempre a nuestras propias posibilidades de crecimiento. Eran tiempos de sentirnos siempre a prueba, y su equilibrado ejemplo era el respaldo que necesit√°bamos para aprender a ser nosotros mismos.

No me es posible listar nombres y virtudes en esta corta intervención, pero créanme que los siento con nosotros. Están aquí esta noche. Quisiera mencionar a la Dra. Graziella Pogolotti. Nunca asistí a sus clases, pero ha sido siempre mi maestra.

Si miro mi vida ‚Äďno s√© si con la lucidez necesaria‚Äď, me enorgullezco de que todo no est√© en l√≠nea recta, ni sea de f√°cil comprensi√≥n. Estoy lleno de dudas, pero cargo mis certidumbres esenciales. Recompongo mi proyecto personal de cuando en cuando, seg√ļn cambien las necesidades de aquellos a quienes me debo, las circunstancias que me rodean, o las posibilidades de transformar este mundo nuestro.

Tengo que confesar que no he querido ni quiero envejecer. Acepto con alegr√≠a el paso del tiempo, pero me hago acompa√Īar de j√≥venes que me obligan a escuchar juicios que no me gustan demasiado, criterios que no comprendo, o que incluso me ayudan a cambiar el curso de mis actos para poder seguir juntos.

Es dif√≠cil trabajar con los j√≥venes en Cuba. Son demasiadas las contradicciones, las dudas, las preguntas para las que no encontramos respuestas inmediatas. Siempre pens√© que no ver√≠a ese mundo mejor por el que luchaba, pero que, sin duda, las generaciones futuras, esas que ahora son j√≥venes, ser√≠an mucho mejor que nosotros, porque habr√≠amos creado las condiciones para ello. Sin embargo, creo que hemos ido tan lejos en el dise√Īo de sus vidas, que les hemos dejado muy poco espacio para construir sus propios compromisos, sus proyectos personales.

La sociedad cubana de 2018 sigue siendo subdesarrollada y culturalmente dependiente. Eso deber√≠amos tenerlo siempre en cuenta. Muchas veces apreciamos modelos de comportamiento, proyectos de vida que emanan de los grandes centros emisores de la informaci√≥n, donde se ha prestado atenci√≥n especial a la banalizaci√≥n de todo acontecimiento, y se representa la realidad a trav√©s de verdades obvias que no requieren de un pensamiento complejo para acceder a ellas. Entonces, cuando nos parece que alguien, especialmente un joven, extrav√≠a el camino, tendr√≠amos siempre que preguntarnos: ¬Ņqu√© oportunidades le brindamos, (a√ļn) desde la Escuela, para descartar las simplificaciones, para acceder a la complejidad, e incluso al car√°cter contradictorio de la verdad, en especial de las del pensamiento revolucionario? Eso deber√≠a ser parte esencial de las batallas que libremos en los diferentes terrenos: el pol√≠tico, el ideol√≥gico; pero tambi√©n el cient√≠fico, el art√≠stico, el social, etc√©tera.

Trabajo fundamentalmente con j√≥venes, creo que es as√≠ desde que sent√≠ el peligro de envejecer. Entender nuestras diferencias, negociar soluciones de consenso, de sentido com√ļn, es la tarea cicl√≥pea de cada d√≠a. Pero no me atribuyo el m√©rito, la mayor parte de las veces me brindan las soluciones. Es cuesti√≥n de mantener el o√≠do atento y presto a la discordancia. A menudo percibo en ellos ‚Äďy ellos en m√≠‚Äď el esp√≠ritu cr√≠tico e irreverente que vamos dejando por el camino, la rebeld√≠a y la heterodoxia del pensamiento revolucionario cubano. En igual medida me siento decepcionado cuando oigo una estupidez, o deslumbrado por una idea brillante, nacida de una formaci√≥n y un tiempo que permitieron el estudio incesante y el ejercicio del pensamiento. Y esto √ļltimo, a contrapelo de las tendencias dominantes, ocurre m√°s a menudo de lo que nos imaginamos.

Sí, son mejores las nuevas generaciones. Necesitan espacio para demostrarlo. Aprenderán, como nosotros, a conquistarlo. Por todo ello, cuando hablamos de nuestro envejecimiento y la necesaria relación con los más jóvenes, estamos hablando de una cuestión de la mayor complejidad cultural, y solo desde esta perspectiva podremos apreciarla en su justa dimensión.

Y en el centro de todo est√° la continuidad. Asumo que, entre nosotros los cubanos de todas las edades, se trata de seguir siendo inclaudicablemente revolucionarios. Lo cual, en ning√ļn modo, quiere decir iguales. Creo que quisi√©ramos que nuestros j√≥venes se nos parecieran mucho, pero no me cabe duda de que ser√°n diferentes, como lo exijan sus circunstancias, que ya no ser√°n las nuestras. Eso hicieron nuestros pr√≥ceres, as√≠ hemos aprendido a vivir.

Si de diferencias generacionales o de tiempos distintos se trata, es conveniente volver al discurso de los Cien A√Īos de Lucha, de extraordinaria significaci√≥n para todos nosotros. All√≠ se estableci√≥ con claridad y fuera de toda duda razonable la naturaleza de nuestro proceso revolucionario. Uno solo, por la soberan√≠a y la justicia social, primero contra el colonialismo espa√Īol y ahora contra el imperialismo yanqui, iniciado el 10 de octubre de 1868, hace 150 a√Īos. Seguimos pues, rebeldes y mambises; pero adecu√°ndonos a los tiempos. Empe√Īados en encontrar, en cada nueva circunstancia, el mejor camino para Cuba.

‚ÄúNosotros entonces, habr√≠amos sido como ellos; ellos hoy ser√≠an como nosotros‚ÄĚ. Sorprende que, en momento tan temprano, y mientras explicaba el alma profunda de la Revoluci√≥n, dejara Fidel planteada la continuidad de nuestras luchas.

Creo hablar en nombre de mis compa√Īeros, cuando les digo que esperamos poder seguir, como hasta ahora, renov√°ndonos para poder estar juntos, ¬°con ustedes!, ¬°A la altura de los tiempos!

¬°Qu√© viva la tierra que produce la ca√Īa!

Muchas gracias.

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico

 
ÔĽŅ