Mirando al mundo con ojos de poesía

“Mirar al mundo con ojos de poesía, mirarlo con ojos de belleza, verle la luz del sol y no las manchas y tratar de que esa luz brille para ti, para mí y para cualquiera que la ame. Escribir poesía implica mucha dedicación, mucho corazón, mucho conocimiento y muchas ganas de darse a los demás.”

Conversar con Mariela Pérez Castro sobre poesía resulta un tanto hipnotizante, es de esas personas llenas de misterios que quieres descifrar nada más escucharla; porque su voz no se asusta ni envejece y te recuerda que la lectura es el origen de la escritura. Con la invitación agradecida de la taza de café, amargo, caliente y abundante, comencé mi entrevista con la poetisa, narradora y ensayista camagüeyana, quien obtuvo el Premio Calendario de Poesía en 2003 y es hoy Miembro de Honor de la filial agramontina de la AHS.

Los inicios…

La XVIII edición de la Cruzada Literaria en el poblado de Senado del municipio de Minas./Fotos: Cortesía del artista

“Comencé a escribir tan temprano que realmente no tengo idea de cuándo fue, pero siempre leí mucho de niña. En mi época de secundaria se usaban las libretas de versos y la mía empezaba con aquel poema de la escritora argentina Alfonsina Storni: (…) tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres alba (Poema “Tú me quieres blanca”), y no podía faltar la prosa de José Lezama Lima, Federico García Lorca, Mario Benedetti, Francisco de Quevedo y Nicolás Guillén. Pero llegó el momento en que sentí la necesidad de contar mis propias historias y plasmarlas en esa misma libreta y así empezó el vicio, un vicio que no se me ha quitado ni lo hará nunca.

“Mi carrera como escritora se ha basado en la poesía, le tengo un respeto inmenso a la narrativa, yo diría que casi miedo. Entre tantos grandes de la literatura me da pudor enfrentarme a la narrativa. Los cuentos me salen pero no me atrevo con ellos, prefiero la poesía que es la suma de la suma de todas las artes.

“Recuerdo una de mis frases preferidas de Mirta Aguirre cuando expresó que: la poesía es la música sin música y yo la entiendo de esa forma. Uno debe vivir la vida poéticamente, mientras más poéticamente la vivas, mejor escribes. Y me funciona el hecho de que puedas jugar con las palabras de una forma diferente a pesar de que el significado de las palabras no cambia, pero sí el contexto en el cual las uses.”

Poemas nacidos de la música

“Cada libro es como los hijos, pero cuando ya tienes 14 hijos ya es más difícil decidirse por uno entre poemarios y testimonios. Sin embargo, sigo prefiriendo “Divertimentos para juglar solo”, mi primer libro publicado en Cuba en el año 1990 por la editorial Ácana, que en aquel entonces comenzaba en Camagüey. Un libro que salió todo escuchando música, poemas que brotaron de la música de Claude Debussy, Jean Michel Jarre, Piotr Ilich Chaikovski, Beethoven, Joan Manuel Serrat. No son poemas a la música sino poemas que imaginé escuchando música.

“Es un libro que me gusta mucho, y que en un momento de mi vida reflejó cuestiones existenciales para mí muy puntuales y que a estas alturas, después de casi 35 años de escrito, sigo encontrando cosas que funcionan para mí. Además, me ha dado infinidades de alegrías, son los poemas más queridos y con los que más cómoda me siento.”

Encarando la palabra…

“Soy del criterio de que la inspiración es el trabajo unido al conocimiento, a la lectura y a la sensibilidad acumulada. Al final llegarás a ese estado de gracia literaria en dependencia del deseo, del talento y de lo que seas capaz de sacrificar para crear una obra que te funcione en lo personal; y si lo logras, le funcionará al resto de la gente.

Con Randoll Machado y Yoandra Santana durante la XVII edición de la Cruzada Literaria de Camagüey en el municipio de Florida ./Fotos: Cortesía del artista

“Mi desarrollo literario siempre se ha basado en la cantidad de cultura que seas capaz de acumular a lo largo de tu vida. No entiendo que se quiera ser escritor sin leer ni estudiar, ambas van de la mano y ninguna debe quedarse rezagada de la otra.

“Creo que mi vocación literaria se debe a la influencia de directa de tres personas esenciales. La primera es mi abuela, Blanca de la Torre; ella me enseñó a leer y escribir, era habitual la lectura de libros de Emilio Salgari o de Julio Verne siempre antes de dormir. El segundo es mi padre, Arevelio Pérez, quien me enamoró profundamente del lenguaje del teatro, de la historia, del ballet y de la música. El tercero es Roberto Laguna, mi profesor de Literatura, quien es todavía mi crítico más exigente y mi mayor admirador junto a mi madre.

“Ellos me enseñaron que decir lo que necesitas, comunicar lo que necesitas para otros y que se refleje en tu escritura es el camino para que el lector se sienta identificado, a gusto con lo que estás diciendo y que se cuestione. Si eres capaz de encauzar tus ideas te comunicarás y eso es lo importante: la comunicación como otra forma de encarar la palabra.”

 Una mujer que escribe en Cuba…

“Desde siempre la historia de la literatura ha estado llena de nombres de grandes hombres, y entre todas esas voces masculinas una que otra vez se lograba colar alguna pluma femenina. Hoy en Cuba hay muchas mujeres escribiendo bien, con voz propia, con una literatura potente, vital, que no cede terreno porque estamos en paridad de condiciones, con derechos garantizados, los cuales para el resto del mundo son casi inalcanzables y también valen para la literatura femenina; a pesar de que aún persiste el llamado “machismo institucional” o ese “machismo solapado” que lleva a la violencia doméstica y social”.

Aún así nunca antes se había escuchado un coro de mujeres tan enorme en el ámbito literario, eso demuestra que poco a poco las que llevamos faldas y el cabello largo hemos ido conquistando espacios en todos los terrenos posibles y nos alejamos de esa posición segundona con respecto a la literatura.

“¿Qué es lo que hay que tener?: talento. Y las mujeres lo tenemos desde la primera letra hasta el punto y final.”

Una Cruzada de esperanza…

La siembra del árbol en el Jardín Botánico de Camagüey, dedicado a Fidel Castro durante la XVII Cruzada Literaria./Fotos: Cortesía del artista

“La Cruzada Literaria como todo niño nació, se gestó. Nos reunimos un día un grupo de amigos, Yoandra Santana, Legna Rodríguez, Reynaldo Rodríguez y Jhortensia Espineta y empezamos a soñar sobre lo que podríamos hacer para celebrar el cumpleaños del Comandante Fidel Castro. Así surgió la idea de realizar una Cruzada que en sus inicios se llamó La Agramontina.

“Fueron 15 días de organización y antes del mes ya estábamos montados en camiones para viajar rumbo a los municipios. Éramos seis locos con una guitarra en mano y empezamos a dar “tumbos”. Así llegamos a Las Tunas y al poblado de Elia donde nos alojamos en un lugar donde no había agua y terminamos bañándonos con cerveza, estábamos pegajosos pero felices. Cuando visitamos el municipio camagüeyano de Najasa nadie nos esperaba, nadie sabía qué hacíamos ahí. Nos sentamos todos en el quicio del supermercado y empezamos a recitar poemas y a cantar canciones; y las personas comenzaron a sumarse y nos dimos cuenta de que la Cruzada Literaria sí convoca y agrupa, y la población lo agradece.

“La Cruzada Literaria de Camagüey llega a su etapa de adultez en estos 18 años pero manteniéndose siempre joven. Hoy la realizamos de forma virtual pero con el inmenso deseo de volver a la carretera, de irnos a pie a los barrios, de andar en un bici-taxi con un audio a cuesta para ver la luminosidad en los ojos de la gente y darte cuenta de lo bien que se recibe nuestro arte que para algunos es un descubrimiento pero para otros es ya una esperanza.”

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