Milho Montenegro: la poesía como intervención de la realidad

Alain Santana y yo somos amigos. Milho Montenegro es mi colega. La diferencia entre ambos conceptos no es tan amplia: te permite la apertura, el desgarro, la intimidad. Creé el ardid de esta entrevista para intentar atrapar a un poeta auténtico que escribe bajo seudónimo, y él aceptó. Alain lleva a cuestas su poesía. El texto irreverente, las costuras del sueño, el deseo de convertirse en dialoguista de la realidad, son algunas de las muchas obsesiones que coronan la vida de este creador.

Nuestro diálogo ha sido siempre franco, como resulta entre aquellos que se quieren. Compartimos proyectos, ideas comunes, el escudo de la poesía. Milho Montenegro (me permitirán usar ese resquicio del seudónimo que calza) cultiva sus textos desde el silencio y la paciencia; desde la esperanza y la desesperanza. Algunos podrían decir: ¿qué hay de nuevo en el hecho de aguardar?

Yo pienso en una tregua fecunda, en el momento de la pausa creativa. Abro las páginas de su primogénito, el libro Rostros de ciudad (Ediciones Montecallado, 2014); sé que en la poesía de Milho Montenegro puede encontrarse la sustancia de la buena obra.

Las preguntas siempre incitan a este amigo. Quizás por eso lo provoco.

 

¿Quién es Alain? ¿Y quién o qué es Milho Montenegro: alter ego, identidad otra, máscara de la escritura, nuevo nombre como escudo para la guerra literaria? ¿Por qué escoger un seudónimo? ¿Timidez acaso? ¿O la muerte del ego del autor?

Alain es simplemente un ser humano común, con las mismas tribulaciones, preocupaciones y emociones inherentes al hombre. Ejerzo la psicología como medio de sustento, me encantan el bolero y el jazz, también el cine, pero mi mayor pasión es la poesía. Descubrí ese universo durante la adolescencia; en trances muy difíciles de mi vida. En la poesía me refugié, me agarré firmemente a ella y hasta hoy no vislumbro un futuro sin su esencia.

De aquellos instantes aciagos nacieron muchos de los textos que conforman Rostros de ciudad, libro que amo como unigénito. Por otra parte, Milho Montenegro —lejos de ser timidez o la muerte del ego del autor— es un humilde homenaje a dos escritores que me han cautivado desde siempre. Hablo de Czeslaw Milosz y Carlos Montenegro: el primero, poeta premiado con el Nobel; el segundo, narrador. No pretendo ocultar nada detrás de un nombre literario. Recuerdo a tres grandes de las letras que también utilizaban seudónimo. Me refiero a Mistral, Pablo Neruda y Rubén Darío, por solo ponerte algunos ejemplos.

¿Qué lugar ocupa el poeta en el mundo? ¿Es solo simple voyeur que está condenado a observar la realidad e intentar recoger un fragmento (siempre diminuto, micro, que no macro) de esta? ¿O el poeta debe encontrar su significado como tal en la lucha contra la realidad?

Pienso, Elaine, que el poeta es ente irrefutable de la realidad, se nutre de ella y desde ella se proclama al mundo. No lo imagino como observador simple y pasivo pues desde su quehacer interviene la realidad, la desentrama, la hace más dócil. No creo que sea una mera cuestión de posición, sino más bien de ocupación. El hombre está marcado por muchas cosas, una de ellas es su oficio. Si los resultados de este traen algún beneficio, por pequeño que sea, entonces es un buen comienzo, vas ganando un espacio.

Rostros de ciudadAhora recuerdo uno de los versos de la Loynaz: «La obra útil es ya una esperanza». Es esta la guerra verdadera del poeta, no contra la realidad, sino consigo mismo: no ceder ante el cansancio y el embate de los días sin gratuidad, no callar, no dejar de proclamar, decir o desdecir aquello que otros no se atreven, señalar con el dedo, convocar, amar, defender y mantener la fe en la poesía aun cuando muchas veces parezca que esta no es vasta o lo suficientemente poderosa. A mi entender, es allí donde se encuentra la esencia y significado de un poeta.

Muchos escritores, poetas, artistas, creadores en general, han hablado del temor a la página en blanco, a las lagunas escriturales. ¿Las sufres? ¿Te obsesionas con esas crisis poéticas? ¿O es la página en blanco una oportunidad para nuevas (y desconocidas) realidades?

La hoja en blanco es siempre una incitación o provocación a la escritura. Disfruto saber que ella está ahí, esperando por mí. Sin embargo, muchas veces no he encontrado qué ofrecerle. Ese fenómeno —al que muchos creadores llaman lagunas escriturales— también lo he padecido… y mucho. He llegado incluso a preguntarme si ya he agotado las ideas. Creo que es una especie de trance natural. He platicado sobre esto con muchos amigos, también poetas o narradores, y casi todos lo han sufrido alguna vez. Sí, la hoja en blanco ha logrado agobiarme, pero sin llegar a la obcecación.

¿Necesita la realidad ser poetizada? ¿De qué sirve la poesía en estos tiempos de programación, rascacielos, falsos finales de la Guerra Fría, de lo seriado, de la reproducción barata de paradigmas? ¿Está aún la poesía ligada a la trascendencia? ¿Te ocupa, te preocupa el hecho de perdurar?

Como creador, si me permites la etiqueta, pienso que la realidad necesita ser poetizada. Vivimos tiempos convulsos, de constantes desgarramientos y búsquedas. La poesía es subterfugio y bálsamo. Adorna lo frívolo, lo oscuro, el sinsentido y la desidia de la realidad, ayuda a observarla y vivenciarla de un modo más soportable. Es ese instrumento con el que vas construyendo la esperanza. Esto es lo que la ata a la trascendencia. Mientras exista alguien que la torne escudo, y en ella encuentre esperanza, entonces en ese alguien la poesía crece y trasciende.

Como autor, sin embargo, no me preocupa la trascendencia. Escribo por la necesidad de hacerlo, de socializar, compartir ideales y sentimientos que pueden ser afines a muchos. Quizás otros poetas busquen la perdurabilidad a través de su escritura, lo cual no es reprochable en lo absoluto. Pero no es mi caso.

El tiempo, esa maldita herencia que nos legó Eliseo Diego, es quien siempre tiene la última palabra.

He reconocido en tus poemas veladas obsesiones con la ciudad (el entorno como estigma) y la observación del sujeto poético que se esmera en desentrañar lo real a través de la poesía. Pero, ¿cuáles son las obsesiones, ya no tan veladas, de Milho Montenegro?

Milho MontenegroTe confieso que me da miedo tu pregunta, pero intentaré ser honesto. Lo cierto es, Elaine, que mis obsesiones son más de una. Pero la que logra someter al resto de ellas es vivir, poder vivir lo suficiente de modo que pueda hacer y decir todo lo que pretendo. ¿Me entiendes? Siempre tengo la sensación de que el tiempo es poco. Tengo miedo de desaparecer de pronto y llevarme conmigo muchas cosas que aún me faltan por materializar. Es algo que me asusta. Hace algunos años sufrí un accidente automovilístico donde casi pierdo la vida y, aunque suene a cliché, pude replanteármela en ciertos sentidos. Me pregunté muchas cosas y, en aquel entonces, no encontré respuestas. Decidí hacer algo al respecto. Por eso hoy vivo aprisa, haciendo de todo un poco, pidiéndole siempre a Dios —porque tengo fe en Dios— que me alcance la vida.

Siento que tu poesía nos habla desde un erotismo silencioso, dígase erotismo hacia el imaginario urbano y las criaturas que lo pueblan, hacia el prójimo ausente; dígase eros en su naturaleza thanática, de aquello que vive para morir. ¿Por qué hablar todavía de amor? ¿No te ocupa el ser tildado de demodé, de rara avis en el panorama nacional, de poeta estancado en las búsquedas poéticas del pasado? ¿Es la poesía, para ti, un lenguaje tan universal como siempre se ha pretendido, o dialoga con solo unos pocos elegidos?

En verdad me pregunto por qué no hacerlo, o sea, cómo negar las pulsaciones de un sentimiento que moviliza nuestras conductas y nos hace sublimes o miserables. El amor, Elaine, es también parte de nuestra realidad y necesita ser poetizado. En estos tiempos donde el ser humano ha sobrevalorado lo material por encima de lo espiritual; hablar, escribir sobre el amor, es como salvaguardar la mejor parte del hombre.

Al contrario de lo que muchos piensan, no creo que el tema del amor esté trillado o en desuso. Este ha sido —y es todavía— recurrente en la poética de casi todos los autores. No me preocupan las etiquetas, prefiero sentirme cómodo, satisfecho con mi obra. Existen personan que se encargan de clasificarte, de decir que perteneces a una generación o corriente: no puedes escapar de las definiciones. Pero yo intento recibir la poesía como un lenguaje universal. Los temas que aborda, aunque expresados a través de la experiencia individual de un sujeto o poeta, son siempre afines a otros.

¿Qué opinión te ofrece la crítica nacional? ¿Existe la tan repetida crisis de la poesía, no solo en Cuba, sino también en el mundo?

No creo en la tan mencionada crisis de la poesía, sin embargo, sí pienso que hace falta más ejercicio de la crítica. Cuando escucho hablar sobre este tema, me llega el mensaje de que la creación poética sufre un declive o una ausencia… es como si estuviera irremediablemente condenada. Todo el arte responde a una cultura y contexto histórico concretos. Por lo tanto, Elaine, a medida que cambia la sociedad y la cultura, cambian también los procederes, las percepciones y las realidades. Hay que abrirse ante las nuevas tendencias y maneras de decir.

En nuestro país hay mucha efervescencia cultural, se promueven disímiles concursos literarios que abarcan todos los géneros. Casi siempre son jóvenes —revolucionarios por naturaleza— los que obtienen los premios. Claro que no siempre un premio es garantía de calidad, pero por lo general los jurados hacen un trabajo respetable. En cambio, muchos de estos libros premiados —independientemente de su calidad— pasan desapercibidos o alimentan polillas en los estantes de las librerías. No existe casi la crítica, son muy pocas las estrategias de marketing y promoción. Mayormente son los autores quienes se encargan de dar a conocer su propia obra.

Hace falta que el libro sea percibido, valorado como lo que realmente es: un producto que debe ser comercializado. Son muchos los recursos que se han gastado tras la publicación de un cuaderno. Pienso que una buena manera (tal vez la única) de recuperar lo invertido, es que el producto final pueda venderse.

¿Qué hace un autor joven para insertarse en un canon, en una generación, en un panorama que es muchas veces ostracista?

Sin dudas, los concursos son la mejor manera que encuentran los creadores más jóvenes para insertarse en el panorama literario. Aunque también se puede participar en eventos y jornadas literarias, en foros, revistas, talleres, redes sociales y cualquier espacio donde se pueda socializar un texto o un criterio. Lo importante es alzar la voz para que otros conozcan lo que estás creando.

Coméntame de algunos nuevos proyectos que tengas, justo ahora, en la palestra creadora.

He publicado en varias antologías y revistas internacionales como resultado de mi participación en concursos fuera de la arena nacional. He presentado dos cuadernos a editoriales de la Isla para posibles ediciones. Algunos de mis textos saldrán a la luz, próximamente, en la revista literaria Conexos en los Estados Unidos y, recientemente, la revista española de ciencia ficción y fantasía miNatura ha aceptado un cuento mío en calidad de colaboración.

Con Rostros de ciudad te insertaste dentro de la categoría de autores éditos, ¿por qué no ha llegado un nuevo libro? ¿Eres de esos poetas que piensa que la obra, el poema, el nuevo texto, debe ser procesado por largo tiempo antes de sacarlo a la luz? ¿Crees en la inspiración o en el oficio? ¿O en ambos?

En realidad, están escritos varios libros, los cuales aguardan respuesta, tanto de concursos como de editoriales. No manoseo tanto mis textos, lo cual no quiere decir que no tenga ciertos y necesarios cuidados antes de enviarlos a cualquier parte. Al menos, yo sostengo la certeza de que en el arte hacen falta tanto la inspiración como el oficio; a veces, uno más que el otro, siempre ambos.

Si tuvieras que reseñar, en pocas palabras, qué de nuevo trae tu poesía al panorama ya establecido de la creación joven en la Isla, ¿cómo te definirías?

Fíjate, Elaine, que me cuesta un poco hablar sobre mi propia obra. Puedo decirte al menos que mi poesía es honesta, no se vale de la tramposa retórica para impresionar. Procura más bien conmover, arrojar un mensaje, una meditación.

Fotos: Cortesía del entrevistado

 

 

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  • Milho muchas felicidades por cuanto has logrado hasta ahora. Se agradece la transparencia de tus palabras. Te deseo éxitos como poeta y que sigas haciendo llegar tu mensaje al mundo.

  • Muy impresionantes tus palabras, espero podamos disfrutar pronto de un nuevo poemario de su autoría como lo es Rostros de Ciudad, conmovedor, profundo, sin esquemas pero crítico y desgarrador.
    Felicitaciones pues para este excelente poeta.
    Gracias Milho por regalarnos la dicha de mostrarnos la realidad a través de tus poemas, enhorabuena por la entrevista, por tus logros y que sigas cosechando éxitos.
    Un abrazo.

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