Mairyn Arteaga: «Creo que las historias me buscan a mí» (+poemas)

“Mairyn habla poco y hace mucho”; así definen sus compañeros de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) a una de las voces jóvenes del periodismo cultural en Villa Clara.

Desde que se graduó de la Universidad de La Habana, Mairyn Arteaga Díaz ha reportado el acontecer cultural de esta central provincia para la ACN, el Grupo Guamo, donde trabaja actualmente, y otros espacios.

Si bien la frescura de sus 29 años se traduce en su hacer y su persona se aviene con la sed de los imberbes que le entran con ganas a la profesión, quienes la conocen o la leen coinciden en ese algo más que habita a la reportera.

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

Y es que detrás de sus espejuelos ocasionales, su andar casi en solitario, su joven apariencia y su discreción a prueba de bala, emergen en ella la autoexigencia y el olfato de los periodistas viejos. Quizás porque a Mairyn la noticia comenzó a quemarle los dedos desde la infancia.

“En quinto grado decidí que quería ser periodista, porque me gustaba mucho escribir, incluso cuando tenía que redactar composiciones largas trataba de imitar la estructura de los textos de los periódicos. Y eso fue algo que mantuve todo el tiempo hasta la vocacional.

“Al principio lo que me atraía era el hecho de no estar encasillada en una oficina ocho horas, pero el periodismo para mí ha sido mucho más que esto. Es una profesión que te exige casi estar en constante movimiento, además de que te permite vivir otras vidas ¡Eso es lo que más me atrae aún! Ponerme en el lugar de otras personas y a veces vivir un poco a través de ellos para poder contar sus historias”.  

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

Trabajos suyos han sido replicados por diversos medios como la revista Bohemia, Radio Habana Cuba, La Jiribilla, Cuba Sí, Adelante, Periódico de Mayabeque, Tiempo 21. Varios medios nacionales y extranjeros, impresos y digitales, entre ellos Cubadebate y La Calle del Medio. También se ha desempeñado como escritora del programa radial Hablemos, de la emisora CMHW. Egresada del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Mención en el Concurso de Periodismo Cultural de la revista Caimán Barbudo del año 2016, con la crónica Abuelo Risei. Pero el primer momento importante de su carrera estuvo marcado desde el día que eligió su tema de tesis.

“Yo fui con un grupo de amigos a conocer la Isla de la Juventud en abril de 2012, cursaba el tercer año de la carrera. Una de las salas que sirven hoy de museo en el Presidio Modelo está dedicada al encierro de los japoneses, alemanes e italianos durante la Segunda Guerra Mundial, algo que yo no sabía, que se me quedó archivado. Cuando me pidieron un tema de tesis, aquel recuerdo me halaba. Al principio tuve mis dudas porque tenía que entregar una estrategia de fuentes para que me aprobaran el tema y yo no tenía ni idea de cómo encontrar a los descendientes vivos de esas personas. Había pasado mucho tiempo del holocausto, pero no me importó, sentí que debía hacerlo, y como soy testaruda…”

«En la Isla de la Juventud hubo un samurái». Así comienza la primera crónica del libro La Isla de los Confinados, Ediciones Sed de Belleza, 2016, en el que la joven periodista de Villa Clara narra, con intimidad y elocuencia, la triste epopeya de nipones confinados en el Presidio Modelo durante la Segunda Guerra Mundial.

“Fue un poco difícil el hecho de tocar un montón de puertas, de tratar temas sensibles y hurgar en momentos de sus vidas que a lo mejor ellos no querían contar y más a una extraña, pero fíjate, aunque al principio me recibieron un poco recelosos, todos me abrieron las puertas, sí hablaron y me contaron hasta donde sabían, y yo les agradezco muchísimo que confiaran en mí.”

En el libro aparecen 20 crónicas y 19 familias niponas, de una se narran aparte la historia de la madre y del padre, pero Mairyn entrevistó a muchas más personas. “Algunos conservan recuerdos mínimos de aquellos momentos porque eran muy pequeños o no habían nacido aún, otras fuentes se negaron a contar las historias completas, o al menos a que fueran publicadas, pero ayudaron a entender un poco más todo el hecho”.

“Con muchas historias me conmovía, incluso lloraba, ¡uno se siente como más viejo después que pasas por algo así!

“Pero cuando salió La Isla de los Confinados ellos se quedaron agradecidos de que hubiese decidido mirar hacia esa parte de la historia que al menos para ellos es importante.”

Este, el primer libro de Mairyn Arteaga, nacido de su tesis de diploma, no solo ha sido acogido con beneplácito por críticos, lectores y protagonistas; sino que resultó una marca en el estilo de futuras entregas para La Jiribilla, Bohemia, La Calle del Medio o el Caimán Barbudo. Periodismo investigativo que prefiere exponer los hechos, así como quien cuenta desde los artilugios de la literatura la realidad misma, ¿y por qué no? si al fin y al cabo estas vidas que ella nos relata, superan por mucho la ficción.

“Es que yo creo que a mí las historias me sorprenden, un poco. De pronto estoy en un lugar y permanezco muy atenta a las cosas que puedan surgir en los alrededores. Si voy a una cobertura no me encasillo en la cobertura, sino que intento ver lo insólito. Pero no es que ande buscando un tema para escribir, sino que yo creo que ellas, las historias, son las que me buscan a mí.”

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

¿Además de tu libro te ha pasado esto en otras ocasiones?

“Bueno, yo soy de un pueblecito en las montañas de Artemisa, llamado Niceto Pérez (Rancho Mundito); pasé toda mi infancia escuchando hablar de los acuáticos que creen en los poderes curativos del agua. Se sustentan con lo que sean capaces de producir con sus manos y no beben agua que no sea del arroyo.”

“Llegó el momento en que yo dije, ¡ya, esto lo tengo que hacer!”

“Los acuáticos viven en un pueblo mucho más intrincado, donde el carro entra cada tanto, cuando no está roto. Sin las cosas que traen el desarrollo y que según ellos llevan a la destrucción del hombre, como, por ejemplo, la electricidad. Fui hasta allá y conté un poco de su historia”.

“Para mí es el mejor modo de hacer un periodismo más ameno, más cercano y de que la gente se reconozca en mis textos. Impacta más el hecho de que cuentes la historia como una historia y que no te lo pongas así como muy lejos de ti, sino que hagas que la gente se sienta cerca de esos hechos, tocar la piel de las personas más que quedarte en cifras y en la mera información.”

¿Qué aportó tu pueblecito a tu sentido social?

“Yo creo que es eso que los pueblitos tienen, todo el mundo se conoce, la gente es más cercana, y el hecho de no creerte por allá arriba de las personas, de sentirte parte de la gente, de diluirte en inframundos y capas, ser una más. Yo creo que sí tiene que ver.”

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

Sin embargo, cuando te graduaste comenzaste a trabajar en la Agencia Cubana de Noticias y allí permaneciste durante seis años haciendo un periodismo que exige inmediatez, productividad, lenguaje informativo…

“No sé si es una virtud, pero me gusta desdoblarme, sentirme como el agua que se adapta a los recipientes y a sus formas. Y así llegué a adaptarme al ABC de la Agencia como mismo hacía un reportaje con vuelo literario, servicio especial para Bohemia. ¿No sé si es que no soy buena en ninguna de las dos cosas?”

Se ríe casi nerviosa, “¡bueno!, la verdad es que cuando chiquita era gaga y tartamuda –un poco–, pero cuando cantaba no se me trababan las palabras y así descubrí que hablando rápido tampoco. Así que se me convirtió en un hábito y por eso siempre he sido de leer muy rápido, también escribo muy rápido, ¡ah!, y hablo rápido. Quizás esto me ha sido útil para procesar información, hacer transcripciones… y cumplir con las normas mensuales de medios como la ACN”.

Se vuelve a reír, bebe del té rosado –de flor de Jamaica– con miel que ha preparado para ambas y continúa.

“Además, en Cuba escasean mucho los medios para hacer periodismo narrativo. Y en la agencia, aunque tiene las características propias, muy delimitadas y bastante específicas para cada género, el hecho de tener varios clientes –revistas y periódicos–, te da la oportunidad de estos servicios especiales.”

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

También te permite ser testigo de momentos importantes en la historia cultural de la provincia.

“Sí, por ejemplo, después del paso del Huracán Irma por Isabela de Sagua fui con una brigada de la AHS a brindarles apoyo, y bueno, una vez allí era imposible no reportar lo que vivimos esos tres días. Fue una experiencia bonita y triste porque Isabela de Sagua estaba devastada, la gente allí se quedó sin nada y uno lo poco que podía hacer era conversar con ellos, dejarlos que se desahogaran y que contaran la experiencia.”

“También cubrí La Feria del Libro en La Habana en 2015, porque desde la Agencia Central pidieron apoyo de las Corresponsalías. Otra experiencia que me gustó mucho fue el Festival de Cine Latinoamericano en 2017, que nos dio la oportunidad de entrevistar a realizadores latinoamericanos, de hablar, de interactuar, de vivir la atmósfera del festival, y también es como que te foguea, te ayuda. Teníamos que hacer como tres o cuatro coberturas en el día, incluido el matutino y resúmenes. Después se te nota el cansancio de trabajar así contra cierre, pero en ese momento estás con otro tipo de gasolina.

“Me gusta mucho el cine, lo prefiero a las series. Sobre todo, el latinoamericano.”

¿Cómo repercute en ti el hecho de interpretar la vida cultural de Santa Clara?

“Cuando yo estaba en la universidad decía que iba a ser periodista de internacionales. El periodismo cultural lo veía como fácil, erradamente. Hasta que llegué a Santa Clara. Que tiene una vida cultural muy rica y un púbico muy exigente. Muchos artistas que vienen a Cuba quieren pasar. Las personas que llevan adelante la cultura son muy comprometidas con el arte, y no te queda otra que comprometerte y vivir un poco por eso.

 “Yo creo que nos falta muchísimo porque siempre nos quedamos en cubrir de un evento lo que pasa o lo que va a pasar y no vemos más allá, a las implicaciones que puede tener interpretar la vida cultural, hacer crítica, porque casi siempre lo que se hace es para ensalzar un producto no para ver lo mejorable que pudiera tener otro, y me hago la autocrítica, por supuesto.”

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

¿Cómo te ves en Guamo?

“Llevo redes sociales, es algo que voy aprendiendo porque es un mundo dentro de la comunicación relativamente nuevo, que tiene otros códigos para llegar a la gente y para ganar visibilidad.”

Mairyn practica yoga, cultiva plantas, toma té rosado con miel, y cuida dos perras enormes que se llaman Nala y Lluvia. Su sensibilidad y su sencillez se la deben quizás a la niña que nació entre lomas, allá por los munditos pródigos de Artemisa y que desde entonces se las agenció para andar con un libro a rastros, casi todo el tiempo.

“Si estoy en un lugar que no quiero estar o con gente que no conozco, pues yo abro el libro, me meto ahí y ya. Es como mi capa de invisibilidad. Sobre todo, si se trata de García Márquez.”

¿Prefieres al Gabo periodista o al escritor?

“Creo que es difícil separarlos.”

Me decías que además del cine te gusta la trova.

“Sí, yo creo que a mí me gusta un poco de todo.”

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

¿Algún sueño pendiente con respecto al periodismo ahora mismo?

“Tengo un libro de crónicas de viaje, inédito, contiene historias de lugares donde he ido y me han asaltado las historias.”

¿Si no hubieses sido periodista o escritora, qué hubieses querido ser?

“Ingeniera, aunque mi mamá hasta el último momento para elegir carrera quería que me pusiera la bata blanca”.

Alguien me dijo que escribes poesía.

“En momentos muy específicos me salen, en reuniones, por ejemplo”.

¿Unos dicen que eres laboriosa, otros que lacónica, que si tímida… qué cualidad te define mejor?

“La honestidad es mi arma fundamental”.

También eres perseverante.

“Más bien testaruda”.

foto: Alexis Rafael Pérez Soria

 

Nostalgias

Por Isla

¿Y qué queda de los amigos que se van?

Una sandalia rota por tu perra,

una cama recién tendida, y azul,

la casa vacía,

una que otra foto subida en la nube,

un puntico verde en esa red social.

El sabor extraño de la añoranza,

la esperanza de verlos por ahí, algún día,

en algún sitio, que puede ser el tuyo o el de ellos,

o simplemente cualquier otro.

La certeza de lo efímero,

y estas letras que te saltan de pronto,

cuando tratas de llenar,

con el trabajo que debes,

una página en blanco.

 

Afortunada

He visto una herradura en el cielo,

una herradura hecha de nubes blancas,

en un cielo azul.

Luego, por andar mirando hacia arriba,

he puesto el pie derecho

sobre una pila de excremento.

 Sí, hoy debe ser mi día de suerte.

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