Luna, no nos hagas llorar

Una de las primeras veces que escuché cantar a Nelson fue interpretando la “Luna cienfueguera” de José Ramón Muñiz. No necesité profundos conocimientos musicales para advertir en sus cadencias una promesa de cubanía renovada que no ha defraudado a quienes como yo, reclaman más de estas propuestas.

Tampoco necesité haber visitado Cienfuegos, o paseado por su Malecón, ni haber observado los luceros encendidos en el litoral por los camaroneros en su camino de ballena prendida. En el mismo instante en que escuché cantar a Nelson Valdés Viera —quien además es licenciado en Comunicación Social—, yo también comencé a pedirle por ratos a la luna, ya no esta vez por su ausencia, porque esa es imposible, sino por el caso, supuesto-terrible-arbitrario, de dejarnos sin Nelson y sin su voz. Imploraba, entonces: Luna, no nos hagas llorar, derrama tu luz sobre él cuando desde el cielo cienfueguero lo escuches cantar.

Pasaron semanas antes de que pudiera editar la entrevista que le realicé durante una tarde de octubre. Cada tanto, me sentaba frente a ella y observaba cómo se escurrían sus palabras pantalla abajo.Temía desorganizarlas o romper con mi pretendida sabiduría sobre estructuras gramaticales, el aparente caos de sus declaraciones. Sus oraciones contundentes, tan certeras, parecían refranes en las que se resumían su sentir, su fuerza y su pensamiento.

Pero era cuestión de trabajo. Me dije, entonces: no te dejes vencer por el recuerdo melódico de sus canciones, no cedas ante el impulso de tararear “Solo quiero verla”, no permitas que “Pez luna” se te instale tan profundo y ponte a escribir; eso es lo que debes hacer. Y así fue.

«Contrariamente a lo que muchos piensan, no soy de Cienfuegos, sino de Villa Clara. Lo que pasa es que toda mi carrera artística la he realizado ahí. Luego de mi nacimiento, mis padres fueron a residir a Cumanayagua por razones laborales y me mandaron a estudiar música a la ciudad de Cienfuegos cuando tenía 15 años. De ahí ya no pude irme más porque me encantó la ciudad, lo que me rodeaba y las personas que de una manera u otra empezaron a apoyar mi sueño.

»Por la escuela donde estudié pasó La Estrella de Cuba, una gira que hicieron algunos trovadores por todas las provincias del país y que incluía la visita a centros educacionales. Allá estaban Kelvis Ochoa, Eduardo Sosa, William Vivanco y Pável Poveda, entre otros. Aunque siempre me gustó la guitarra y cantaba canciones de otros, creo que verlos a todos reunidos fue el detonante de mi inclinación a hacer las mías propias.»

Canciones suyas como “A la mitad del mundo”, “De los años 80” o “Mi ciudad”, denotan una variedad temática que transita los terrenos de la preocupación social y los de la lírica más amorosa, con una pluma siempre clara.

«Me encanta cantarle a todo lo que me sucede en la vida. Creo tener un espectro bastante amplio y, sobre todo, que mis canciones son el reflejo de lo que he logrado ser hasta hoy. Son también mi cúmulo de experiencias, aunque sé que todavía falta muchísimo por hacer.

»Como en todo, hay relatividades en torno a la creación. Los momentos determinan que las canciones sean de una manera u otra, y en mi vida ha habido etapas que me marcaron y en las que han surgido canciones que quiero mucho. Ese es el caso de “Labios en cruz”, que es como la canción-amuleto que siempre llevo conmigo a todos lados:

Hacer vibrar
solo la flor
que sirve de penumbra y de jardín.
Que suavidad, no canten para mí
Que soledad, no vuelvan a caer
Que ya volví, libre de mí, labios en cruz
Del fango y la maleza renací.

Según su representante, casi 180 canciones esperan a ser musicalizadas, sobre lo
que Nelson comenta:

»Cuando uno empieza, quiere hacer mucho y no es tan bueno como quisiera. Ahora creo que no hago tantas canciones como lo que pienso para hacerlas. Pero voy bien. En este momento tenemos un repertorio amplísimo con variedad de géneros para unos cuantos discos. Eso me hace feliz.

»Todo depende de las circunstancias de la vida, pero ahora mismo considero que mi proceso de creación es un poco más lento, menos apresurado, mejor pensado; pero a la vez más profundo, con una marcada presencia de lo que quiero decir.

»Creo que son muy pocos años de carrera y que me falta mucho por hacer, por mejorar y sembrar bien la semilla para que esté el árbol que quiero, del cual puedan salir esas canciones que me identifiquen más y que la gente pueda escuchar.»

Durante el año 2010, produjo su disco Labios en cruz, nominado al Cubadisco 2011 en la categoría de mejor disco de trova y mejor grabación en vivo. Realizó su primer CD, A la mitad del mundo, con BisMusic, y tuvo la oportunidad de trabajar con Alfredo Uretra en la realización de los dos videos clips de las canciones que nombran cada uno de sus fonogramas.

«Mis trabajos no se conocen mucho porque, en mi opinión, no se les dio la difusión necesaria. Es por eso que me parece un privilegio haber podido hacer tantas cosas desde Cienfuegos. Estamos lejos de la capital, pero trabajando durísimo hasta el momento en que podamos venir a La Habana a buscar espacios habituales.»

¿Cuánto trabajo pasa un trovador para lograr producir, dar a conocer y comercializar su obra en medio de un panorama musical tan diverso?

Ahora mismo hasta la música popular pasa trabajo para comercializarse y es una de las raíces fundamentales de la cultura cubana y de la identidad de la nación. Por supuesto también los trovadores pasamos un poco de trabajo para hacer nuestra obra.

Hay también muchísimos que ahora mismo tienen una alta difusión en los medios y que se hacen llamar trovadores y me parece que lo que hacen no tiene mucho que ver con la Trova. Soy de los que piensa que este género tiene características específicas, y que aunque sea fusionada con otros, siempre logará ser identificado por los textos y la manera prudente de generar ideas y transmitirlas. Pienso que hay muchos privilegiados con espacios y que, en mi modesta opinión, su obra no lo amerita.

A ellos los favorece el hecho de tener campañas publicitarias y de difusión en la radio y la televisión muy fuertes. Por otro lado, hay muchos con un trabajo serio, importante y que puede ser interesante para el público general y que, al no tener una campaña de promoción, simplemente no se dan a conocer.

¿Y cómo logra un músico tener ese tipo de campañas?

Es dificilísimo. Yo mismo, después de trabajar tanto, apenas recibo promoción en los espacios de difusión masiva. Si mal no tengo entendido, está comenzando a concretarse un convenio entre el Instituto Cubano de la Música y el Instituto Cubano de Radio y Televisión para promocionar diversas unidades artísticas que son de interés para el instituto. Eso sería bueno para refrescar y darle a conocer al público, que es lo más importante, el trabajo de los músicos, para que sea este el que decida a quién ofrecerle su preferencia.

Creo que uno como artista también debe preocuparse por intencionar su presencia en los medios. En mi caso particular, creo que ha llegado el momento de trabajar duro en eso y de tratar de que se produzca la promoción que amerita la obra que hacemos. Tenemos puesto nuestro interés en que así suceda.

¿Te sientes un artista maduro?

Creo que he logrado un empaste en mis canciones, algunas formas de decir que me identifican, pero me falta la posibilidad de hacer un trabajo promocional fuerte y que eso que he logrado se note. Lo que pasa es que estamos como en una nube, cerca pero lejos la vez. Una de las principales pruebas a mi trabajo fue la reciente gira por Estados Unidos: Minneapolis, California, Nueva York, New Jersey, Los Ángeles. Creo que estoy preparado y listo, lo que necesitamos es lograr llegar al oído de las personas y a partir de ahí, comprobar qué les parece nuestro trabajo.

Y luego de tus recorridos por el mundo ¿cómo percibes que es apreciada la música cubana en el exterior?

De alguna manera la gente sabe identificar lo que es Cuba por músicos como Omara Portuondo, los integrantes del Buena Vista Social Club, y por la esencia que han dejado. Eso ha hecho que personas de todo el mundo sepan reconocer la música desde Matamoros, Sindo Garay, Corona, Benny Moré, hasta la de Van Van, Ibrahím Ferrer o Pancho Amat: todos representantes de la verdadera esencia de la música cubana.

Tengo un compromiso tremendo con la música cubana y defiendo con lo que hago los ritmos más auténticos del país, como pueden ser: la conga, el son, la trova tradicional. Eso es lo que tengo ganas de hacer, sobre todas las cosas, sin ningún interés de tener popularidad ni de ser “el más pegado”. Mi intención es aportar mi granito de arena al sostenimiento de nuestra identidad musical.

No es un secreto que hacia el interior del país se encuentran grandes trovadores cuyas obras no logran posicionarse a nivel nacional. ¿Ha obstaculizado vivir en Cienfuegos tu desarrollo profesional?

A pesar de todo, sinceramente, me siento privilegiado. En Cienfuegos tenemos un público consolidado que es nuestra trinchera para probar las canciones nuevas y saber si pueden o no funcionar. Hasta ahora, los teatros principales se han llenado totalmente cada vez que hemos ofrecido conciertos en ellos; y tenemos espacios habituales: todos los martes en el Café del Tomas Terry, todos los viernes en los jardines de la UNEAC provincial y los segundos y cuartos jueves en el Paseo del Prado.

Ese espacio se llama A plena calle y es uno de los que más me gusta porque me da la oportunidad de cantar mis canciones precisamente ahí, en la calle. Hay algunos que no se arriesgan, pero para mí es genial lo que sucede en espacios como estos. De ahí hemos logrado que mucha más gente se interese por nuestra música y después se acerque a los espacios habituales que tenemos.

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