Los suplementos verbales de una exposición «mutante»

De la rosa solo queda el nombre desnudo.

Umberto Eco

Basándose en la segunda forma –los suplementos verbales– en que el crítico estadounidense Thomas McEvilley (1939-2013) deconstruye el contenido de una obra de arte, los curadores Isbel Hernández y Nelson Mulet articularon el discurso de la exposición colectiva del proyecto Suplemento verbal.

Esta muestra instaló su propuesta plástico-conceptual en las amplias paredes de la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín desde la inauguración –también de la Casa, el pasado 9 de noviembre– de su primera parte, titulada precisamente Q´ Bonito. Las otras partes o reinauguraciones de una misma exposición se hicieron a lo largo de las siguientes semanas –a lo cual me referiré más adelante– y se nombran Repeat after me… y Ti–Ti–Ti, Ta–Ta–Ta, Ti–Ti–Ti.

Obras de Suplemento verbal 4

La curaduría se basa en el «contenido que emana de los suplementos verbales proporcionados por el artista», según McEvilley en su clásico artículo «En el ademán de dirigir nubes», publicado en la revista Artforum en 1984. Reverenciando la idea sofista del lenguaje como primer principio y apropiándose del versículo inicial del Evangelio de San Juan: «En el principio era el verbo…», los curadores insisten en destacar la preeminencia de la palabra en la conformación de la obra de arte, y por ello ensamblan Suplemento verbal como una exposición mutable en lo relativo a los componentes verbales –entiéndase títulos– que la conforman…

No volvemos sobre un déjá vu constante, cíclico: estamos observando la misma exposición, los mismos cuadros y las mismas obras cada vez que asistimos a la inauguración de las diferentes partes de Suplemento verbal. Nada en ellas cambia. Nada. Solo los títulos, las maneras en que el autor decidió nombrarlas, acorde la intención curatorial de la muestra, las cuales influyen en la posible interpretación del espectador hacia la obra de arte.

«¿Qué hay en un nombre?». Se preguntan los curadores. Y para intentar responderlo –cada pregunta es una puerta abierta a otras interrogantes– montan un proyecto que involucra a jóvenes creadores en diferentes exposiciones donde «los exponentes son siempre los mismos y la museografía nunca cambia. Solo modificados los títulos de las obras, el cartel, el catálogo y las invitaciones de cada muestra. De manera que el espectador tiene la sensación de asistir a una especie de palimpsesto verbal…», aseguran Isbel y Nelson en el catálogo general de la muestra.

Obras de Suplemento verbal 6

Ellos, los curadores –insisto en esto, pues la curaduría, o al menos la intensión curatorial de Suplemento verbal, me parece más interesante que las obras en sí, que la propuesta artística en su conjunto– aluden en cada muestra a una función específica del arte, según la visión del esteta marxista Moisei Kagan: hedonista, educativa, comunicativa cognoscitiva. «Es la utilidad, precisamente, la herramienta que nos ayuda a la conclusión de la metáfora curatorial. Si bien la polifuncionalidad del arte es un hecho indivisible a no ser para su estudio, la operación nos permite entonces visualizar mejor la relación cambio-utilidad, pues de eso se trata: toda transformación, no importa si es ilusoria o palpable, debe por fuerza, de ser útil», añaden los curadores.

Sin la propuesta –sin la interpretación de la propuesta curatorial–, Suplemento verbal no sería lo mismo. Fuera una exposición más en el ámbito local. Aunque últimamente observamos la tendencia de ver la curaduría como parte activa de las exposiciones holguineras…

Integran Suplemento verbal los jóvenes artistas Alejandro Fernández Cruz, Armando Ruíz Olivera, Elianis Suárez Área, Eliecer E. Castillo Cedeño, Feniel Garrido Carralero, Fernando J. Badía Leyva, Heidy Gómez Ferrás, Javier A. Pérez González, José Ángel Pérez Segura, Josvel Vázquez Prat, Leonardo Muñíz Zaldívar, Linet Oquendo Meneces, Lisbeth Rodríguez Marrero y Manuel A. Fernández Martínez. Cada uno de ellos presentó una o varias obras de arte y fue cambiando el título según se sucedían las reinauguraciones. Por ejemplo, Fernando Badía expuso en Q´ Bonito, la obra Marejadas peligrosas –por cierto, una de las propuestas más interesantes del conjunto, como lo es en sí la obra de Badía– y luego, en las siguientes muestras, modificó el nombre a Erosión y Lógica de una contienda. La obra, en cualquiera de sus calificaciones, muestra un machete que tiene en lugar del acostumbrado filo, el contorno oriental de la isla de Cuba siluetado.

Lo mismo sucede con Fototropía (de la serie Artilugios) de Heidy Gómez Ferrás. Nombrada así en la primera muestra, luego cambió a Privación de libertad (de la serie Autolimitación) y En el arte no se sabe quién tiene la verdad (de la serie Primeros pasos para concebir el arte). Todos los jóvenes artistas andan y desandan los mismos pasos.

Cada una de las exposiciones merece un texto independiente: un intento semántico de aproximación en busca del valor real del título en la obra de arte y su impronta en la interpretación final del espectador. ¿Influirá en la posible comprensión el título de una obra de arte? ¿La misma obra con otro título estará sujeta a otro análisis? De estas influencias nos hablaba el propio McEvilley: «Los artistas frecuentemente emiten suplementos verbales en un intento de controlar la interpretación de su obra, y aun el más óptico de los críticos no puede evitar ser influido por ellos».

Esta es una curaduría pretenciosa, ciertamente. No hay nada de malsana humildad en ella y eso no es bueno: denota análisis, intención, estudio… Su propio título y los de cada una de las muestras son provocadores y abiertos a disimiles confluencias de los diversos autores. Juega con la historia del arte: incluso vemos en los catálogos manipulaciones a diferentes obras de lo que llamamos arte clásico: El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli; Lección de anatomía, de Rembrandt; una obra pop art que recuerda al Marilyn Diptych de Andy Warhol… Además, textos cuestionadores en los catálogos, firmados por Ramiro Ricardo, Ramón Legón Pino, Yuricel Moreno…

No es un arte ligero, pero sí fresco. Una exposición que muestra –y ojalá no del todo ni en toda su amplitud– los caminos del arte joven holguinero. Un arte sin preocupaciones utópicas y emancipadoras. Estos creadores saben que una obra artística no cambiará el destino de una nación y prefieren, por tanto, el onanismo estético, la autocomplacencia formalista. Y esa crisis de utopía los hace más impasibles, a la vez más felices. ¿Algo nuevo en las propuestas de Suplemento verbal? Claro que no. Con tantos siglos de arte nada nuevo puede existir en la viña del Señor, como asegura el curador y crítico Píter Ortega. Esto es más de lo mismo: puro reciclaje, canibalismo, apropiación, mezcla… Concebir el pasado como un arsenal siempre disponible para la construcción del presente. La historia del arte entendida como circularidad y no como un fenómeno lineal, restrictivo. Esta vez desde un interesante proyecto curatorial al que, lamentablemente, no se le prestó la atención adecuada por parte del público, los medios… Un proyecto que pudo/puede ser más. Y espero crezca a partir de esta exposición, que marque pautas, abra senderos de alguna manera en la plástica holguinera y por qué no –lo digo con toda responsabilidad– en el ámbito nacional. Más de lo mismo, repito, de lo que hemos visto en otras exposiciones, incluso las obras ya han sido mostradas en otras galerías de la ciudad. Pero eso sí, los jóvenes artistas holguineros saben muy bien lo que hacen con el arte y con algunos complementos verbales cuando estos y el talento se unen…

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Suscripción

Para recibir nuestro boletín ingrese su dirección de correo electrónico