Los símbolos del derrumbe

Transcurre el mes de julio cálido y luminoso; con un buen augurio llega repentina la llovizna, los días argentados, el clima propicio para permanecer debajo de una manta y elegir un libro.

En la cubierta predominan los tonos oscuros, una luz que se acerca, un hombre que aguarda en lo que pudiera ser una terminal ferroviaria o un escenario. Líneas de tiempo anuncian las letras del color de la luz.

Un tren es el s√≠mbolo que recorre estas l√≠neas invisibles. Delimitadas por las fechas como estaciones inevitables. El hombre no es el conductor sino la maquinaria; transita el tiempo que le ha sido otorgado, ruge humo, se descompone, vuelve a las v√≠as, pero jam√°s tiene el control. Los vagones le siguen como un c√°mara fija, dejan constancia del paisaje, los transe√ļntes, del deterioro, mas no juzgan la trayectoria.

Seg√ļn las palabras de la joven escritora Elizabeth Reinosa Aliaga, autora de este volumen ‚ÄĒcon el que obtuvo el Premio Calendario de Narrativa 2019‚ÄĒ, no ha podido precisar en qu√© g√©nero situarlo. Pero si continuamos el viaje necesitaremos definir, al menos para poder ordenar y analizar.

Por eso tratar√© de dar mi propia clasificaci√≥n. L√≠neas de tiempo no es un libro de cuentos y creo que eso queda claro, pero ¬Ņes una novela?, pudiera ser, sobre todo atendiendo a las libertades que la modernidad le ha concedido a esta. Posee un alto vuelo po√©tico, lo cual conjugado a su estructura se acerca sobremanera a la prosa po√©tica. Sin embargo, me decantar√© por llamarlo relato, como otros antes denominaron as√≠ a El curioso caso de Benjamin Button, de F. Scott Fitzgerald. Este al igual que L√≠neas‚Ķnarra la vida de un personaje desde el nacimiento hasta su muerte ‚ÄĒaunque en un orden peculiar‚ÄĒ, seccion√°ndola por etapas.

Una vez dicho esto quisiera pasar a hablar de Seda, novela del italiano Alessandro Baricco, y referente cercano de L√≠neas de tiempo. La obra de Baricco tambi√©n se estructura de manera vi√Ī√©tica, flashazos de la vida de Herv√©Joncour; en esta el autor emplea cap√≠tulos muy cortos, casi todos de media p√°gina, que por orden num√©rico nos narra la vida de Herv√© y otros personajes. Claro Alessandro s√≠ entra en cuestiones propias de la novela, permite visualizar personajes y lugares en su forma f√≠sica desde la Siberia hasta el Jap√≥n.

En este relato se nos muestra a los personajes siempre indefinidos, como detr√°s de la bruma, en las sombras, como los ingr√°vidos de Valeria Luiselli. Su protagonista no posee nombre, ni siquiera rostro, aunque s√≠ una angustia, un dolor que deviene violencia. Esta violencia ser√° padecida por el resto de los personajes, sin excepciones, ni siquiera de los m√°s peque√Īos, ni siquiera del mismo que la genera.

Al escribir sobre otros escritores se apunta, por ejemplo: su estilo narrativo se inspira en las novelas de… o es evidente la influencia de autores como… Este punto es acertado y lógico, todos tienen referentes, puntos de partida, de contacto, de inspiración.

Me atrevo a decir que tiene precisos puntos de contacto con Celestino antes del alba, de Reinaldo Arenas. La casa como infierno, prisi√≥n. El predominio de la violencia. El √ļnico que comprende al protagonista es su hermano Kiko; al igual que al protagonista de Arenas solo lo entiende Celestino, su primo, quien m√°s tarde se transformar√° en su hermano y viceversa. La madre, dualidad de brutalidad y ternura, igualmente ‚Äúmuere‚ÄĚ, pero como en Celestino contin√ļa viva.¬†

Y un trasfondo como el de Cien a√Īos de soledad, de Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Piramidal: todo se va construyendo hasta llegar a la c√ļspide y, entonces, inicia el descenso, el estropicio. Su l√≠nea central es la locura y, por supuesto, la soledad.

De un aliento corto. Sintético. Lírico. No existe en estas páginas una inquietud por el mundo exterior. No es el cómo la sociedad modifica al sujeto, sino cómo el individuo altera su mundo interior y cercano. Nos hemos trasladado de esa visión de lo macro a lo micro. A la familia como preocupación y como orden. El ser como causante e impotente testigo de su propio derrumbe.

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