Los más humildes también crearon la nación

He escogido este tema por lo necesario e importante[1] que es hoy para nosotros. Las investigaciones culturales y el conocimiento que ellas aportan han logrado desarrollos muy notables en la Cuba actual, que pudieran ser influyentes en diferentes terrenos. Ante todo, ponen en relaci√≥n aspectos entra√Īables de la vida del pueblo, los grupos sociales y las personas con las actividades cient√≠fico sociales, lo que sin duda ayuda a estas a sentirse valiosas adem√°s de serlo, y a la sociedad a apreciar m√°s a los conocimientos. Pero, sobre todo, por el provecho que se les puede sacar, y porque fortalecen y le dan m√°s sentido a los contenidos emocionales y de valores que poseen el mundo espiritual y las formas y actuaciones culturales. Por eso es tan natural que presentemos resultados de investigaci√≥n y los discutamos como parte de un evento cultural que con raz√≥n lleva el nombre de Fiesta. Esto mismo hicimos[2] la semana pasada en Santiago de Cuba, en el Seminario ‚ÄúEl Caribe que nos une‚ÄĚ, durante la Fiesta del Fuego.

Al mismo tiempo, el conjunto formado por nuestras dedicaciones y la vida cultural cubana enfrenta actualmente una situación que no oculta los desafíos tremendos que porta, y son obvios los riesgos que está corriendo la manera de vivir y el tipo de sociedad que hemos creado y desarrollado entre todos, a partir de que este pueblo y la nación se liberaron en 1959 de sus dominadores, explotadores y opresores. Esos desafíos y riesgos están determinados por su dimensión más general, en la que se ventila qué tipo de organización social regirá al país en toda una época por venir, y si sabremos defender eficazmente la soberanía nacional.

Ante nosotros est√°n implicaciones de una importancia cardinal: la identidad nacional y las identidades que viven dentro de ella, la cultura popular nacional, las fuerzas espirituales, los valores de liberaci√≥n, el patriotismo popular de justicia social. Tienen tanta importancia porque est√°n en la entra√Īa de las inmensas fuerzas con que cuenta el pueblo cubano, que si se ponen en marcha resultar√°n superiores a todas las insuficiencias, los errores, las deficiencias y las detenciones y retrocesos que hemos acumulado, a la inercia que nos corroe, al burocratismo empedernido y a las tendencias de retorno al capitalismo, la colonizaci√≥n y el entreguismo que existen en el pa√≠s. Y ser√°n capaces de vencer otra vez al enemigo externo, Estados Unidos, a pesar de su gran poder√≠o y su determinaci√≥n de acabar con la sociedad que hemos creado.

Confrontamos un alejamiento de la historia de las resistencias y luchas del pueblo cubano, y una escasa o adversa valoración del período de 1959 a hoy, sobre todo por desconocimiento de sus hechos, sus problemas y sus logros. Existe deterioro del orgullo de ser cubano. El sistema de educación es débil y el de medios de comunicación está lejos de cumplir sus funciones.

Hoy no pretendo destacar, sin embargo, los defectos y los enemigos, sino algunos de los elementos con que contamos para la lucha imprescindible que hay que entablar. Aun si tuviéramos un cien por ciento de razón en nuestras críticas, ellas deben ser un aspecto secundario al compararlas con nuestras actuaciones, porque estas son lo decisivo y lo que nos salvará y permitirá avanzar y triunfar.

Les pido que nos asomemos al protagonismo popular que caracteriz√≥ la formaci√≥n de la naci√≥n y el pueblo cubanos. Sus consecuencias y su legado favorecieron mucho las luchas de liberaci√≥n que obtuvieron en 1959 un triunfo hist√≥rico decisivo. Cincuentaisiete a√Īos despu√©s, no debemos permitir que ese protagonismo sea olvidado o escamoteado. Les advierto, y pido excusas, que debo ser muy selectivo, y tambi√©n omiso. Resaltar√© entonces cuestiones que me parecen imprescindibles, con el √°nimo de presentar algunas afirmaciones y de incitar al estudio y la utilizaci√≥n de este tema.

Los m√°s humildes ‚Äďla gente de abajo‚Äď transformaron profundamente con su trabajo y la entrega de sus vidas la colonia que exist√≠a en la isla de Cuba desde el siglo XVI. Ellos fueron protagonistas an√≥nimos de logros colosales entre las dos √ļltimas d√©cadas del siglo XVIII y los dos primeros tercios del XIX. Tiene que cesar ya el silencio y el olvido abrumadores acerca de esos trabajadores que padece la mayor parte de la historia del pa√≠s que consumen los grandes n√ļcleos de la poblaci√≥n. Necesitamos una historia del trabajo como parte importante e insoslayable de la historia de Cuba, que ayude a formar o fortalecer una conciencia que rompa con la subvaloraci√≥n del trabajo, la superficialidad y las postales para turistas, formas de comportamiento colonizado del que son un ejemplo m√°s los difundidos comentarios sobre la torre y los hermanos Iznaga, de Trinidad, hace dos a√Īos.

Un formidable dinamismo econ√≥mico cre√≥ en el per√≠odo mencionado una sociedad que estaba en la punta de los avances mundiales en tecnolog√≠a y en organizaci√≥n empresarial, con formas urbanas de vida muy modernas y una cultura de √©lites muy sofisticada, occidental y capitalista. Fue tambi√©n el √°mbito vital de algunos pensadores notables. Pero ese impetuoso crecimiento no llevaba necesariamente hacia la construcci√≥n de una identidad nacional. La nueva formaci√≥n econ√≥mica produjo un salto terrible en los niveles de intensidad y explotaci√≥n del trabajo y del dominio de unas personas sobre otras, porque el modo de producci√≥n para la gran exportaci√≥n de az√ļcar y caf√© al mercado mundial ‚Äďque convirti√≥ al pa√≠s en el mayor exportador de az√ļcar del planeta‚Äď se bas√≥ en la introducci√≥n masiva de esclavos africanos y su utilizaci√≥n despiadada, solo regida por el af√°n de lucro y las leyes de la ganancia. Comprar y usar personas como esclavas, despojarlas de todos los rasgos de su condici√≥n humana y su cultura que pudieran perjudicar a su explotaci√≥n, y estrujarlas en el trabajo hasta la muerte era una pasi√≥n de los due√Īos de los grandes negocios en una de las colonias m√°s ricas del mundo, en medio de los procesos de independencia de Am√©rica y del triunfo de la modernidad industrial con asalariados en Europa.

El modo de vida personal y familiar de esos propietarios y de otros ricos del pa√≠s ‚Äďy la demostraci√≥n de su alta jerarqu√≠a social‚Äď dependi√≥ en gran medida de ser servidos por miles de criados, hombres y mujeres esclavos. Otro gran n√ļmero de esclavos fue empleado en satisfacer una parte de las necesidades de bienes y servicios que crec√≠an y se diversificaban; algunos de ellos adquir√≠an habilidades y oficios. Burgueses emprendedores alquilaban esclavos para trabajar en tareas muy diversas, a una escala creciente.

El gran grupo social formado por la nueva masa de esclavos del siglo XIX ‚Äďun mill√≥n de personas‚Äď no fue esclavo por ser negro, sino que fue convertido en negro por ser aquella masa enorme de esclavos. Como v√≠a para legitimar la dominaci√≥n en aquel complejo tipo de sociedad se abri√≥ paso la exigencia de considerar seres inferiores por nacimiento y de por vida a los africanos y sus descendientes. Hasta la octava d√©cada, este racismo del siglo XIX era una rigurosa funci√≥n de la formaci√≥n econ√≥mica. Era hijo de la modernidad capitalista y no se bas√≥ en antiguos usos ni en arcaicas castas. Fue inducido mediante una multitud de medios, legalizado hasta los registros civiles y la prohibici√≥n del matrimonio interracial, extendi√≥ sus efectos nocivos de un modo u otro a toda la poblaci√≥n no blanca de Cuba y fue aceptado por casi todos los que as√≠ resultaban blancos. Se consider√≥ totalmente necesario, y la gran mayor√≠a de los se√Īores cultos lo explicaron o lo aceptaron siempre; las dem√°s personas lo vivieron y lo atribuyeron a causas menos elaboradas.

De esa manera, un mill√≥n de personas y sus descendientes fueron marcados con un estigma permanente por el color de su piel, y se le dio al racismo el car√°cter de hecho natural, lo que lo sustra√≠a a las relaciones sociales ‚Äďpeligrosas por su potencial de conflicto y rebeld√≠a‚Äď y lo hac√≠a parecer algo dado desde siempre y para siempre. Se cre√≥ as√≠ una realidad que tendi√≥ a la permanencia y se convirti√≥ en uno de los rasgos distintivos de la cultura del pa√≠s.

Los habitantes de la isla estaban construyendo su identidad propia a trav√©s de la acumulaci√≥n paulatina de rasgos espec√≠ficos que en todos los casos va formando las comunidades nacionales, pero a lo largo de todas las coyunturas de aquel siglo la gran mayor√≠a de los propietarios y empresarios renunciaron a promover la independencia y constituir una clase nacional. Su conducta ante los asuntos p√ļblicos se rigi√≥ por sus intereses econ√≥micos inmediatos y por acuerdos o subordinaciones que garantizaran sus negocios, sus propiedades, su dominio sobre personas, su preeminencia social y sus representaciones del orden y las jerarqu√≠as. La entrada de Cuba en la modernidad, a pesar de sus logros maravillosos, estuvo fundada en la negaci√≥n de la libertad, la igualdad y la justicia.

Matanzas estuvo en el centro de la multiplicaci√≥n del producto exportable y la riqueza en la etapa de √°pice de aquella gigantesca aventura. Y tambi√©n estuvo en el centro de sus terribles rasgos y consecuencias sociales. Todo el poder y todo el horror del inmenso negocio integrado al capitalismo industrial de Europa y Estados Unidos, que moli√≥ a centenares de miles de personas esclavizadas y les neg√≥ la condici√≥n humana y la dignidad, y priv√≥ de derechos pol√≠ticos y sociales a la mayor√≠a de la poblaci√≥n, puede encontrarse estudiando la historia de Matanzas. Y toda la hipocres√≠a y la doblez de la clase dominante y sus constelaciones sociales puede resumirse en el joven Miguel Aldama, que en diciembre de 1843, en cartas a su cu√Īado, Domingo del Monte, describe con gran admiraci√≥n y elogios a los esclavos sublevados en ingenios matanceros ‚Äďentre ellos, uno de su familia‚Äď, su actitud rebelde y su valent√≠a frente a las torturas y el cadalso, y condena con duras expresiones a la trata y al r√©gimen al que son sometidos los esclavos. ‚ÄúM√°rtires infelices de la libertad‚ÄĚ, les llama, ‚Äúlos vemos rufianes y altaneros, desafiando la misma fuerza armada, pues ya la fuerza moral la hemos perdido enteramente‚ÄĚ.[3] Aldama fue miembro del grupo Alfonso-Aldama-Madan, uno de los cinco primeros consorcios del comercio de esclavos del pa√≠s, formado en 1820; en los a√Īos sesenta pose√≠a unos cuarenta ingenios y quince mil esclavos, grandes almacenes portuarios y s√≥lidas conexiones en Espa√Īa, Francia y Gran Breta√Īa.

Aquel sistema portaba muy fuertes contradicciones en numerosos terrenos: los √≠ndices de masculinidad y las relaciones sexuales y amorosas; grandes diferencias regionales; la motivaci√≥n del trabajador y la preservaci√≥n del orden en un r√©gimen de trabajo esclavo generalizado; el deterioro del lugar social de las personas llamadas de color libres ‚Äďpor no ser blancos‚Äď; la necesidad de m√ļltiples oficios manuales en un medio en que se subestimaba el trabajo manual; los c√°nones religiosos cat√≥licos de la moral dominante y la realidad de la complicidad abierta de la Iglesia instituci√≥n con el sistema. Criollos cultos pertenecientes a la clase dominante cultivaban las ideas liberales europeas modernas, pero cuando le ped√≠an a la metr√≥poli formas de organizaci√≥n pol√≠tica en la que ellos pasaran de ser colonos a ser s√ļbditos siempre a√Īad√≠an que la poblaci√≥n no blanca deb√≠a permanecer excluida de los derechos ciudadanos.

Toda dominación lograda y constituida es cultural, pero, aunque lo era, la de aquella Cuba tenía demasiados aspectos forzados, y varios monstruosos.

Parec√≠a muy poco probable lograr una identidad de tipo nacional. Hubo numerosos ejemplos en la historia colonial del capitalismo en Am√©rica y el Caribe en que esto no fue posible, y hasta hoy persisten en varios Estados de la regi√≥n fuertes elementos en contra de esa unificaci√≥n. La clase dominante de Cuba del XIX se neg√≥ a ser clase nacional, prefiri√≥ siempre conservar su ganancia, sus esclavos y su primac√≠a social, y ser parte subordinada dentro de la monarqu√≠a espa√Īola y el sistema capitalista mundial. Por consiguiente, tuvo horizontes, pensamiento y reacciones de colonizado, y fue activa contra todo movimiento revolucionario.[4] La contradicci√≥n social principal no pod√≠a tener una soluci√≥n revolucionaria ‚Äďcomo la tuvo en Hait√≠‚Äď, y existieron entonces grupos sociales muy diversos, relacionados por la explotaci√≥n, la opresi√≥n, los servicios forzados, las relaciones mercantiles, la hostilidad, los recelos mutuos o las vidas separadas. Casi hasta el final del siglo no hubo una cultura cubana, sino varias culturas en el pa√≠s.

Durante el siglo XIX existieron dos opciones pol√≠ticas que buscaban cambios en la colonia, pero eran opuestas a los intereses de las mayor√≠as y al Estado independiente: el reformismo y el anexionismo. Del primero hablamos hace unos minutos. Casi noventa a√Īos estuvo solicitando reformas a la metr√≥poli, se conform√≥ con las respuestas que recib√≠a y se mantuvo fiel. Respondi√≥ siempre a los intereses de sectores de la clase dominante, jam√°s fue abolicionista y su ideolog√≠a fue siempre colonizada, racista y antinacional. Aunque tuvo matices diversos, el reformismo solo se renov√≥ a consecuencia de la primera revoluci√≥n cubana.

El anexionismo a la gran rep√ļblica esclavista, Estados Unidos, era la otra posici√≥n de colonizado. M√°s de una vez fue utilizado como arma de presi√≥n, y a sectores minoritarios de clase dominante pudo parecerle una alternativa conveniente dentro de la relaci√≥n b√°sica que ten√≠a la formaci√≥n econ√≥mica de la isla con los centros del capitalismo mundial. Desde su mismo nacimiento, la rep√ļblica norteamericana quer√≠a apoderarse de Cuba, y utiliz√≥ todo tipo de manejos en esa direcci√≥n a lo largo del siglo, mientras aumentaban sus v√≠nculos econ√≥micos con la isla, que se volvieron decisivos en la √ļltima fase del XIX. Pero solo en esos √ļltimos a√Īos de la centuria tuvo fuerzas Estados Unidos para intentar quedarse con Cuba; mientras, la geopol√≠tica se lo impidi√≥. En la colonia con mayor proporci√≥n de poblaci√≥n blanca del Caribe, y bajo la rauda acumulaci√≥n cultural occidental de su siglo XIX, la anexi√≥n tambi√©n motiv√≥ en Cuba a algunos activistas sinceros, que ve√≠an en Estados Unidos el polo de modernidad y democracia que conven√≠a al pa√≠s. Pero despu√©s de la Guerra de los Diez A√Īos, el anexionismo ya solamente pudo ser entreguismo, incapacidad de ser cubano o traici√≥n.

Carlos Manuel de C√©spedes les exigi√≥ a sus compa√Īeros ponerse de pie, y el 10 de octubre de 1868 destroz√≥ los imposibles. Los iniciadores destruyen imposibles; los revolucionarios aprenden a domarlos y a trabajar con ellos. Los mambises que sostuvieron la pelea en m√°s de media Cuba durante diez a√Īos tuvieron que volverse superiores a ellos mismos, no solo a sus circunstancias. La revoluci√≥n comenz√≥ como un acto ajeno a la pol√≠tica vigente, a lo que parec√≠a viable, a la l√≥gica del pensamiento pol√≠tico y a las motivaciones de gran parte de la poblaci√≥n. C√©spedes liber√≥ a sus esclavos la primera ma√Īana, pero el c√°lculo pol√≠tico, los valores heredados y el racismo les pon√≠an obst√°culos a la justicia en el amanecer de la libertad. La independencia y la abolici√≥n tuvieron que fundirse y ser una, y todo mamb√≠ ser abolicionista; la forma de gobierno tuvo que ser republicana y reunir la libertad personal y las libertades ciudadanas. En Gu√°imaro supieron dejar a un lado sus diferencias y unirse sectores de clase media para crear instituciones republicanas y convocar a todo el pueblo a pelear por la independencia nacional.[5] Pero esas instituciones se fueron tornando un factor conservador en la medida en que la guerra revolucionaria promovi√≥ cada vez m√°s la participaci√≥n de la gente humilde del campo y los mulatos y negros.

Para hacer realidad la hasta hacía poco impensable identidad nacional y poder reconocerse como cubanos, todos, líderes y pueblo, tuvieron que recorrer un camino largo y muy difícil.

La guerra revolucionaria cambió los términos de los problemas. Se alimentó del sacrificio, el heroísmo y la participación de muchos miles de personas humildes, hombres, mujeres, familias. Dar la vida, pasar hambre y todas las escaseces, combatir, sembrar, realizar una enorme cantidad de tareas diversas, perseverar: todas las formas de la entrega y el altruismo se hicieron cotidianas. Fue en ese trance que la bandera del triángulo rojo y la estrella solitaria se volvió sagrada, y la marcha, el campamento, el héroe, el amado y la amada, la jornada de sangre y de muerte, se expresaron en canciones.[6] Próceres y pobres de todos los colores aprendieron que la rebeldía política les daba a sus luchas y sus necesidades más sentidas probabilidades de éxito, o de ser presentadas con más fuerzas. Y todos aprendieron a sentirse hermanos mientras compartían todas las vicisitudes. En aquella fragua tremenda nació la identidad nacional cubana, de contenido y objetivos populares.

Aunque no pudo llegar más allá del oeste de Las Villas, la Revolución de 1868 introdujo una nueva realidad y fue decisiva a escala del país para el logro de una identidad cubana y el nacimiento del patriotismo nacionalista. Sus hechos y los sentimientos que ella desató, los heroísmos y sacrificios de miles de personas, y de activistas y jefes hasta entonces desconocidos, el nuevo campo de ideas que creó y las autoidentificaciones y el mundo simbólico que nacieron de esa revolución constituyen un primer capítulo prodigioso de la formación de la nación cubana.

En territorios en los que la mayor√≠a de los vecinos eran recientes ‚Äďesclavos estrujados en su trabajo y sus vidas, un buen n√ļmero de pobres venidos de Espa√Īa, cul√≠es chinos y empresarios ambiciosos‚Äď, en una sociedad tan opresora e incipiente, la insurrecci√≥n cont√≥ con un gran n√ļmero de soldados y una fuerte base social. ¬ŅQu√© los motiv√≥, los decidi√≥ y los hizo persistir en las peores circunstancias? ¬ŅC√≥mo pudo formularse en el campo revolucionario una ideolog√≠a unificadora de las demandas, los sentimientos e intereses, las identidades y visiones del mundo de grupos tan heterog√©neos? ¬ŅC√≥mo pasaron tantos negros y mulatos esclavos y libres de sus formas propias de vida y resistencia a la participaci√≥n masiva en una revoluci√≥n? ¬ŅCu√°les fueron las representaciones que los llevaron a ser revolucionarios? ¬ŅC√≥mo relacionaron sus representaciones de libertad y vida digna con un ideal pol√≠tico general de independencia nacional? Porque la consigna de Cuba Libre, el Ej√©rcito Libertador, el patriotismo nacionalista y la Rep√ļblica en Armas expresaban prop√≥sitos e ideas pol√≠ticas mucho m√°s generales. Estos rebeldes tuvieron que asumir una noci√≥n de libertad en la que cabr√≠a la libertad personal de cada uno, un proyecto de Estado nacional del cual ser√≠an ciudadanos y una futura legalidad que consagrar√≠a sus reclamos en forma de derechos.

Frente al final sin triunfo de la guerra, la Protesta de Baraguá fue la expresión mayor de la intransigencia revolucionaria cubana y como tal adquirió un extraordinario valor político y simbólico. Pero también hizo visible el tránsito experimentado por la bandera de la revolución, de los grandes y medianos propietarios a gente de origen popular.

Recojo la opini√≥n de un adversario sagaz, el pol√≠tico autonomista matancero Eliseo Giberga, un analista burgu√©s que conoci√≥ bien de relaciones entre clases sociales, hegemon√≠a y construcciones raciales, y supo interpretar la historia y el presente para aconsejar una pol√≠tica burguesa futura. Giberga describe as√≠ en abril de 1897 a los negros de Oriente: ‚Äúm√°s celosos de s√≠ mismos y de su raza, m√°s ambiciosos de consideraci√≥n y m√°s inquietos‚ÄĚ. La guerra, dice, ‚Äúdurante diez a√Īos los mantuvo en la independencia de los montes y las sierras y en igualdad con los blancos, y en el seno de una democracia castrense (‚Ķ) es all√≠ el negro menos humilde, menos respetuoso de la autoridad del blanco‚ÄĚ. Giberga explica que en esta nueva guerra el pa√≠s entero ha abrazado la causa revolucionaria y la contienda est√° perdida; por eso hay que apurarse y crear un sistema pol√≠tico que evite la revoluci√≥n social: ‚ÄúNo olvidar√°n los hombres de color que uno de ellos fue Maceo; y no renunciar√°n ‚Äďt√©ngase en cuenta‚ÄĒ a cobrar en derechos el precio de su sangre‚ÄĚ.[7]

Entre 1880 y 1895 se estableci√≥ una nueva forma colonial, que result√≥ la postrera, al tiempo que transcurr√≠a la fase final de la esclavitud y se implantaba un capitalismo pleno. La metr√≥poli, con su insuficiencia y tard√≠a modernizaci√≥n, pretendi√≥ mantenerse y seguir esquilmando a su colonia en la nueva situaci√≥n. La clase dominante del pa√≠s mantuvo en lo esencial un control autoritario de la fuerza laboral, profundiz√≥ sus nexos econ√≥micos √≠ntimos con Estados Unidos y pretendi√≥ que rigieran un r√©gimen pol√≠tico colonial con ciudadan√≠a restringida y un campo cultural m√°s amplio y reformulado, pero controlado por ella y Espa√Īa. El nuevo reformismo del Partido Liberal Autonomista despleg√≥ una estrategia ‚Äúcubana‚ÄĚ mediante la cual quiso suplantar al pueblo que subestimaba, pasar por representante politiquero de Cuba ante la metr√≥poli y ayudar a que no hubiera una segunda revoluci√≥n.

Ese tipo de evoluci√≥n era una posibilidad real, ya fuera sin autogobierno o con una organizaci√≥n estatal y pol√≠tica poscolonial. En el conflicto previsible se pondr√≠an en juego las fuerzas, la conducci√≥n y la hegemon√≠a, para decidir cu√°nta autodeterminaci√≥n tendr√≠a el pa√≠s y qu√© redistribuci√≥n de la riqueza y el poder habr√≠a entre las clases sociales. En esos quince a√Īos se ventil√≥ una pol√©mica muy intensa alrededor de las cuestiones nacional, racial y social, √≠ntimamente ligadas como no han vuelto a estarlo desde entonces.

Para ser revolucionaria, ahora la política tendría que ser muy creativa, ambiciosa y audaz, partir de los verdaderos problemas y, al mismo tiempo, convocar desde el complejo existente de conciencia, recuerdos, cultura política acumulada, rencores, ideales, intereses y afectos. Debía combinar un proyecto muy superior con una gran atracción de masas y unas prácticas inmediatas movilizadoras y eficaces.

Esa fue la propuesta de Jos√© Mart√≠ y el objeto de su trabajo cicl√≥peo: derrotar la posibilidad evolutiva y organizar y llevar a cabo una revoluci√≥n de liberaci√≥n nacional que fuera id√≥nea para vencer al colonialismo y frenar el naciente neocolonialismo. Para triunfar, deb√≠a lograr que las energ√≠as de las mayor√≠as se desataran y, mediante el fuego destructor y creador de la revoluci√≥n, se construyera un pueblo independiente que amara el ideal nacional, creara una rep√ļblica democr√°tica y luchara por ella, desarrollara sus capacidades individuales y colectivas desde sus diversidades sociales, y aprendiera a ejercer la ciudadan√≠a y exigir la justicia social. Su ‚Äúequilibrio de los elementos reales del pa√≠s‚ÄĚ solo pod√≠a lograrse con una nueva identidad nacional en la que los m√°s diversos se vieran, y un real aumento de la fuerza efectiva de las mayor√≠as, que le quitara a la burgues√≠a de Cuba la posibilidad de usufructuar para s√≠ la construcci√≥n nacional y a Estados Unidos la posibilidad de dominar a Cuba. La rep√ļblica solo podr√≠a ser con todos y para el bien de todos si la mayor√≠a adquir√≠a un gran peso y un grado notable de control en ella.

La insurrecci√≥n solo podr√≠a iniciarse y ganar vigor y solidez si se un√≠an los veteranos que segu√≠an deseosos de volver a pelear y los j√≥venes decididos a pelear. La labor magn√≠fica de Mart√≠ cre√≥ las condiciones y el √°mbito para ese inicio exitoso. Hay que insistir en que ‚Äďa diferencia de 1868‚Äď la conspiraci√≥n antes de la guerra fue plurirracial: activistas, contactos y jefes eran de todos los colores. Y en que al ser Oriente el teatro factible del inicio, el inmenso prestigio de Guillermo Moncada fue s√≠mbolo y llamado a luchar mientras se esperaba a Mart√≠ y Maceo. El protagonista de Baragu√° era el h√©roe m√°s admirado y famoso por su valent√≠a, rectitud revolucionaria e inteligencia, y el pueblo de Oriente sali√≥ a la guerra cuando supo que hab√≠a llegado a Cuba. La nueva pol√≠tica revolucionaria ve√≠a en Mart√≠ al ap√≥stol y al presidente de la futura rep√ļblica.

Al calor de la Invasión a Occidente, el pueblo de la isla se fue en masa a la guerra revolucionaria, a conquistar la independencia, forjar la nación y crear el Estado cubano. Las cubanas y los cubanos se sacrificaron en el curso de la guerra, y el Ejército Libertador derrotó el colonialismo. Las culturas de Cuba, contiguas, alejadas o en conflicto durante el prolongado decurso colonial y el dinámico siglo XIX, habían ampliado mucho sus intercambios a partir de la Revolución de Yara, pero ahora se fusionaron en medio de aquella prueba suprema. Se plasmó así la cultura nacional cubana.

La violencia revolucionaria organizada constituyó una gigantesca escuela creadora de personas libres, de valores, fraternidad, dignidad, capacidades y ciudadanía para todos los participantes, los colaboradores y las familias de patriotas. Tuvieron experiencias formadoras, y el desarrollo que alcanzaron en la contienda resultó muy superior a lo que hubiera logrado una larga evolución, y muy diferente.

Se ha estimado que los negros y mulatos fueron mayoría en el campo de la Revolución. Su comportamiento emuló con el de los mambises blancos en cuanto a disciplina, valentía, sacrificios y renuncia a exigencias sectoriales, dentro de una terrible guerra total que provocó la muerte a cientos de miles de personas y la devastación del país. Las prácticas, los sentimientos y las ideas de la guerra revolucionaria hicieron retroceder el racismo en enorme proporción y por medios muy superiores a los evolutivos. Los negros y mulatos entraron a la Revolución como negros cubanos y en ella conquistaron con sus méritos una identidad nacional que nadie les donó, y de la que fueron tan creadores como el que más. La insurrección los reconoció como jamás lo hubiera hecho la vida social vigente, y su actividad política fue un enorme salto respecto a sus escasas experiencias cívicas previas y al alcance que habían tenido sus reclamos. La Revolución del 95 transformó al negro de Cuba en el cubano negro, y hasta hoy ese orden identitario nunca ha cambiado. La especificidad y el orgullo de raza se expresaron a través del patriotismo.

Jefes y oficiales negros y mulatos tuvieron por primera vez en Cuba presencia en el mando y en la pol√≠tica, junto a blancos pobres que alcanzaron iguales rangos. Su actividad pol√≠tico-militar destacada fue uno de los factores m√°s importantes para la plasmaci√≥n de la identidad nacional y la creaci√≥n de la naci√≥n cubana. Antonio Maceo fue el principal l√≠der pol√≠tico de la Revoluci√≥n desde la muerte de Mart√≠ hasta su ca√≠da en combate. Como tal actu√≥ desde Oriente en 1895, y la Invasi√≥n a todo el pa√≠s‚Äď que dirigi√≥ junto a M√°ximo G√≥mez‚Äď lo convirti√≥ en un gran l√≠der pol√≠tico a escala nacional. Pero pas√≥ en un aislamiento muy combativo sus √ļltimos diez meses de vida. Aquella actitud de subordinar todo lo personal a la causa revolucionaria complet√≥ su grandeza.

El racismo no desapareci√≥ dentro del campo revolucionario, y se expres√≥ como menosprecio, doble rasero e injusticias. Sin dudas se debi√≥ al car√°cter cultural que pose√≠a, pero tambi√©n a su relaci√≥n con el conservadurismo social y pol√≠tico que existi√≥ dentro del campo heterog√©neo de la insurrecci√≥n, y que logr√≥ contrapesar al ala radical durante el curso de la guerra. Opuesto al ideal de una Rep√ļblica en Armas que prohib√≠a toda referencia a personas que no fuera la de ciudadana o ciudadano, tuvo que ser un racismo vergonzante. No hay que olvidar que toda revoluci√≥n implica permanencias, y no solo cambios, pero el saldo fue sumamente positivo en cuanto a cambios cualitativos y disminuci√≥n del racismo. La revoluci√≥n transform√≥ las relaciones de los negros y mulatos como diversidad social con la vida pol√≠tica y social cubana, con la conciencia social y con las representaciones de la identidad nacional, el patriotismo y la rep√ļblica.

Durante varias décadas existió una figura cívica de enorme prestigio, el veterano, que reunía por primera vez en Cuba en una categoría de gran reputación a blancos, mulatos y negros, sin excluir ni a los más pobres.

Desde la falsa aceptaci√≥n de Cuba libre proclamada en la Resoluci√≥n Conjunta de 1898, la intervenci√≥n militar norteamericana se propuso y obtuvo la liquidaci√≥n de las instituciones fundamentales de la Revoluci√≥n. Estados Unidos mantuvo la ocupaci√≥n hasta que impuso graves recortes a la soberan√≠a cubana y un r√©gimen neocolonial como condiciones a la existencia de la rep√ļblica, y se convirti√≥ en el mandante de la nueva clase dominante en la posguerra, una burgues√≠a cubana subordinada y c√≥mplice. Eso contribuy√≥ decisivamente a disminuir o desnaturalizar los logros de la revoluci√≥n. La ideolog√≠a dominante-dominada de la burgues√≠a cubana asumi√≥ a Estados Unidos como el liberador del pueblo cubano, e intent√≥ que toda la sociedad compartiera la creencia en esa mentira. El colonialismo mental viabiliz√≥ la aceptaci√≥n de una convicci√≥n: la supuesta incapacidad de los cubanos para el autogobierno.

En la primera rep√ļblica se despleg√≥ una compleja combinaci√≥n posrevolucionaria de semiprotectorado, econom√≠a liberal, pol√≠tica democr√°tica neocolonizada, sociedad conservadora, nacionalismo patri√≥tico y racismo. El pueblo cubano venci√≥ al colonialismo espa√Īol, se constituy√≥ como naci√≥n y cre√≥ su Estado, los varones tuvieron todos los derechos pol√≠ticos y la cultura nacional tuvo fuerza suficiente para impedir cualquier intento de absorci√≥n pac√≠fica yanqui, reafirmar las formas y los valores de lo cubano y absorber a su vez a mill√≥n y medio de inmigrantes en solamente treinta a√Īos, sin desnaturalizarse. Pero la vida de las mayor√≠as sigui√≥ siendo de pobreza, falta de servicios y derechos sociales y postergaci√≥n, la soberan√≠a nacional estaba sometida a Estados Unidos y a Cuba le era imposible desarrollar cualquier proyecto econ√≥mico aut√≥nomo.

Uno de los mayores logros de las revoluciones anticoloniales cubanas del siglo XIX fue la formación y el carácter permanente de relaciones muy estrechas entre lo cultural y lo político. El que examina la cultura cubana advierte de inmediato la enorme carga de acumulaciones políticas que contienen sus dimensiones populares. En numerosos países, lo popular guarda distancia de lo político y, de paso, disimula la efectiva exclusión o la subalternidad de los populares respecto a la conducción de la política. Las relaciones que pueden advertirse suelen ser de lejanía, autonomía y desamparo, aunque un análisis que profundice puede encontrar manipulación, coerciones y resistencias culturales. Pero en Cuba fue imprescindible la participación de las mayorías en el proceso político, y que los sentimientos, las actuaciones y los sacrificios masivos por la libertad, la justicia social y la soberanía nacional y popular tuvieran papeles centrales en la plasmación de la identidad nacional y en la constitución política e ideológica de la especificidad nacional y del Estado propio.

Todo el mundo espiritual y una parte enorme de las formas culturales tuvieron que intervenir para que fuera posible la victoria y la permanencia de la nación, y en ese trance se relacionaron íntimamente y con lazos muy sólidos y perdurables la cultura del pueblo y lo político. Pese a lo que algunos creen, si analizamos las creaciones simbólicas fundamentales de la cultura política cubana veremos que ellas están más cargadas de sentidos populares que de proposiciones y elaboraciones de personalidades y grupos selectos. Así sucede con el patriotismo nacionalista, la unión entre justicia social y libertad, la vocación republicana democrática, la negación de la anexión a los Estados Unidos, el antimperialismo, y también con las ideas más contemporáneas de socialismo e internacionalismo.

Esto no se reduce, sin embargo, a uni√≥n y armon√≠a. La construcci√≥n social lograda a partir de la fase final del siglo XIX tuvo que incluir cesiones y olvido en el campo popular. Me limito a mencionar un caso, como ilustraci√≥n. Durante una √©poca dilatada, el avance social de los no blancos estuvo relacionado con tomar distancia de lo que los acercara al origen africano y, por tanto, los hiciera parecer incivilizados o inferiores. Los dominados suelen verse en la necesidad de abandonar formas entra√Īables de sus culturas, al mismo tiempo que asumen elementos de la cultura dominante, para encontrar un espacio vital para ellos y para sus hijos en una sociedad que les presenta esas exigencias al grupo al cual pertenecen. Les dejo estas preguntas: ¬Ņc√≥mo se produce esto concretamente?; ¬Ņmediante qu√© formas intermedias de aceptaci√≥n, imitaci√≥n y otras se transita, formas sutiles, traum√°ticas o monstruosas?; ¬Ņc√≥mo se produce la complejidad del proceso?; ¬Ņcu√°les son las renuncias, las resistencias, las asunciones y las creaciones que portan los resultados de cada abandono y cada asunci√≥n?

Les debo el tema del olvido esta vez. Pero hoy que hemos avanzado tanto contra las cesiones y el olvido, pido que no reduzcamos m√°s el calificativo de ‚Äúaportes‚ÄĚ culturales a lo que provino de fuentes no europeas, que no usemos m√°s esa noci√≥n en este campo, por razones obvias.

Me acerco al final desde la coyuntura actual. Cuba fue colonia o neocolonia durante cuatrocientos cincuenta a√Īos de su historia, desde que llegaron los colonizadores europeos hasta el triunfo de la Revoluci√≥n en 1959. Durante poco menos de sesenta a√Īos ha estado liberada, y el pueblo cubano es el due√Īo de ella y de s√≠ mismo. Cuba solo pudo lograr cambios colosales a favor de las personas, la sociedad y la naci√≥n mediante su sistema de socialismo de liberaci√≥n nacional. En medio de la guerra cultural que se est√° librando hoy, es necesario que estemos conscientes de que Cuba puede ser recolonizada, pero solamente si nosotros mismos lo permitimos. Y que estemos conscientes de que √ļnicamente podr√° ser recolonizada mediante la restauraci√≥n del capitalismo, que es el sistema de dominaci√≥n mundial y es la base de todas las formas de colonizaci√≥n.

La naturalizaci√≥n del capitalismo, es decir, que todo parezca natural y no debido a relaciones sociales espec√≠ficas de dominaci√≥n y de promoci√≥n de comportamientos, motivaciones y sentimientos, es una necesidad fundamental para la implantaci√≥n de ese sistema. Su √©xito no depender√° de una gigantesca conspiraci√≥n, sino de una progresiva aceptaci√≥n que se vaya convirtiendo en consenso, y que re√ļna tanto la resignaci√≥n como el entusiasmo, los intereses de lucro y poder y las esperanzas de gente com√ļn, las iniciativas y la inercia, los sucesos y las nuevas costumbres. No hay que desde√Īar la intencionalidad que pueda existir dentro de un proceso de desarme ideol√≥gico que est√° en marcha y que es urgente frenar y revertir, y en la promoci√≥n interesada de motivaciones, normas, creencias y valores que corresponden al capitalismo. Pero lo esencial siempre ser√° que esa transformaci√≥n sea o no sea consentida, aceptada y asumida por grandes n√ļcleos de la poblaci√≥n.

Los que trabajamos en el campo cultural estamos conscientes del momento histórico que vivimos, y expresamos esa conciencia al dedicarnos a nuestras prácticas específicas.

La naci√≥n cubana se reconoce, ante todo, en su origen revolucionario, y ello es ostensible en su material simb√≥lico. A ese material le toca desempe√Īar hoy papeles importantes en la defensa de Cuba, ante el gran peligro que se nos viene encima. Se impone, entonces, enfrentar un conjunto de preguntas desde la perspectiva del conocimiento, y desde una conciencia que comprenda las funciones que pueden tener los hechos hist√≥ricos respecto a los logros y los conflictos culturales, sociales y pol√≠ticos de las sociedades.

Los investigadores deben considerar los eventos sin ira y con estudio, renunciando al f√°cil recurso de condenar simplemente, o de hacer ‚Äúcr√≠tica social‚ÄĚ. Si profundizan, si buscan, por ejemplo, lo esencial de una √©poca, que gobierna con hilos invisibles desde los sucesos que resultan naturales a ella para el sentido com√ļn hasta los sucesos que parecen negarla, pueden aportar conocimiento, conciencia y orientaci√≥n.

Ustedes saben mucho m√°s que yo sobre el tremendo ciclo de az√ļcar y esclavitud que vivi√≥ Matanzas, sobre lujos y miserias, cr√≠menes y artes, hermosos edificios y abismos de maldad, deculturaci√≥n de multitudes y trabajo manual sin fin, nuevas tecnolog√≠as y hambre, prosperidad y ruina. Saben que Mart√≠ sintetiz√≥ la promesa al decirle a inicios de 1895 al matancero Juan Gualberto G√≥mez: ‚Äúimplantaremos toda la justicia‚ÄĚ. Y que el pueblo de esta provincia se alz√≥ en masa al llegar la Invasi√≥n y protagoniz√≥ una guerra terrible, quiz√°s la m√°s terrible librada en el pa√≠s, basando su hero√≠smo en sus sacrificios cotidianos. Por lo menos sesenta mil personas perecieron en ella, para una poblaci√≥n total de doscientos mil en 1899.[8] Y que, sin desaparecer, las culturas m√°s diferentes se fundieron en la epopeya de la patria.

Vengo a pedirles que esos conocimientos se divulguen, y que se haga con verdadera eficacia. Que forme parte de lo que se considera conocimientos imprescindibles, para la educaci√≥n y para la persona culta. Que el sistema de ense√Īanza lo tome al fin, y lo levante y lo difunda, y que no lo haga como en el magisterio tradicional. Que, por ejemplo, en las escuelas de todos los municipios alumnos y maestros busquen y recuperen a los combatientes de fila y los colaboradores de las revoluciones cubanas, y que estudien las culturas diversas y riqu√≠simas de los que han vivido en esta provincia: comidas, creencias, m√ļsica, trabajo, costumbres, saberes, objetos de uso. Que los planes y programas docentes tengan √≠ntimas relaciones con la vida. Que entre todos nos hagamos preguntas valiosas, y encontremos y levantemos el conocimiento de c√≥mo se hizo esta tierra y este pueblo. Y que toda esta actividad forme parte de la conciencia, los valores, el patriotismo popular y el sentido de la justicia social como la estrella polar de la cultura y del mejoramiento humano.

Conocer la verdadera historia de Cuba es poseer un arma invaluable. Hoy es necesario divulgar y entregar esa historia a los ni√Īos, a los j√≥venes, a todos. Hay que interesar, atraer, emocionar, compartir conocimientos y acendrar valores. Eso exige rigor y honestidad, no ocultar ni manipular, ser maestro y alumno, investigar con modestia, comunicar. Contamos con una ciencia hist√≥rica sumamente avanzada, una notable antropolog√≠a y un buen n√ļmero de investigadores sociales y culturales dedicados y capaces. Una dificultad que es obvia es el escaso aprovechamiento que se hace de esa gran riqueza, que no se vuelve gu√≠a de las pol√≠ticas y las estrategias, ni se socializa a trav√©s de los veh√≠culos educativos, de comunicaci√≥n masiva y de otros tipos que tiene la sociedad cubana. Hay que romper la divisi√≥n entre √©lites y masa en este campo, y en cualquier otro tambi√©n. Hay que hacerlo a trav√©s de las instituciones, que hoy est√°n corriendo un fuerte peligro de sufrir un deterioro y un desprestigio que solo servir√≠an a nuestros enemigos. Y se debe apelar, al mismo tiempo y sin esperar por nada, a iniciativas que movilicen y pongan en acci√≥n grupos de trabajadores y sectores sociales que cuentan con capacidad y con esp√≠ritu revolucionario suficientes para hacerlo.

Una de las principales tareas intelectuales es rescatar e interpretar con profundidad y compromiso el proceso de formaci√≥n de la naci√≥n cubana, sus avatares y lo que ella nos brinda para enfrentar el presente y el futuro. Rescatar y resaltar el papel del sujeto popular como protagonista de una historia de rebeld√≠as, resistencia, desgarramientos, hero√≠smos y privaciones en el largo proceso hacia la soberan√≠a y la independencia nacionales. Desde una situaci√≥n de terrible opresi√≥n social y colonial y una naciente sujeci√≥n econ√≥mica neocolonial, la masa de la poblaci√≥n de Cuba se fue a la revoluci√≥n y se uni√≥, por primera vez, en un prop√≥sito superior que permiti√≥ crear a los cubanos y a la naci√≥n. La soluci√≥n revolucionaria ha sido, desde entonces hasta hoy, la √ļnica capaz de resolver los problemas fundamentales de Cuba.

Las revoluciones viven de subvertir una y otra vez lo establecido. Su objetivo es desatar energías suficientes, que sean capaces de cambiar y mejorar la sociedad, las relaciones sociales y a los seres humanos. Por eso sus historias pueden acudir hoy y pelear junto a nosotros. Toda historia verdadera de revolución es subversiva, porque desafía el presente y ayuda a guiar y desatar el futuro.

Nota: he utilizado algunos p√°rrafos de textos antiguos o recientes m√≠os en este trabajo, a√Īadi√©ndoles precisiones o ampliaciones. Por esa √ļltima raz√≥n, y por ser del autor, me ha parecido innecesario anotarlos con citas. Lo importante para m√≠ es que el conjunto contribuya al conocimiento, el debate y la divulgaci√≥n, que tanto necesitamos.

Notas

[1] Conferencia en el XI Fórum Teórico Fernando Ortiz, convocado por el Grupo de Investigación y Desarrollo de la Dirección Provincial de Cultura de Matanzas, en la XII Fiesta de los Orígenes. Matanzas, 14 de julio de 2016.

[2] Director General del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

[3] En Domingo del Monte: Centón Epistolario, Biblioteca de Clásicos Cubanos, Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2002, volumen III, pp.212-214; 218-220.

[4] Ver Fernando Martínez Heredia: Andando en la Historia, ICIC Juan Marinello /Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009.

[5] Jos√© Mart√≠ analiz√≥ a fondo aquel proceso veinte a√Īos despu√©s de Gu√°imaro y reclam√≥ veneraci√≥n para los que abrieron el camino revolucionario. Al mismo tiempo, escribi√≥: ‚Äúc√≥mo atolondr√≥ al espantado se√Īor√≠o la revoluci√≥n franca e impetuosa (‚Ķ) c√≥mo vici√≥ la campa√Īa desde su comienzo, y dio la gente ofendida al enemigo, aquella arrogante e inevitable alma de amo con que salieron los criollos del barrac√≥n a la libertad‚ÄĚ (‚ÄúEl General G√≥mez‚ÄĚ, en Obras Completas, La Habana, 1963, t. 4, p. 446. Citado en La historia de Cuba pensada por Ram√≥n de Armas, Ruth Casa Editorial, La Habana, 2012, p. 111.)

[6] Por ejemplo, esta d√©cima que responde a un pie forzado: ‚ÄúCuando asoma la ma√Īana / alumbrando el firmamento / se escucha en el campamento / alegre el toque de diana. / Cuando la tropa cubana / se forma por compa√Ī√≠a / y el sargento, al ser de d√≠a / pasa lista diligente, / al responderle ¬°presente! / yo pienso en ti, vida m√≠a.‚ÄĚ

[7] Eliseo Giberga Galí: Apuntes sobre la cuestión de Cuba, por un autonomista, sin datos editoriales (1897), pp. 24 y 156.

[8] Ver, de Francisco P√©rez Guzm√°n, Herida profunda, Ediciones UNI√ďN, La Habana, 1898, un extraordinario libro de Historia que expone resultados de investigaci√≥n acerca de la Reconcentraci√≥n de la poblaci√≥n, genocidio cometido por el colonialismo espa√Īol durante la Revoluci√≥n del 95. Contiene un gran n√ļmero de informaciones sobre la provincia de Matanzas.

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